Llega la flota, pero Garré se resiste a ir al portaaviones

Política

Como nuevo gesto de reconciliación política luego del affaire del valijero venezolano Carlos Guido Antonini Wilson, el embajador estadounidense Earl Anthony Wayne invitó a la ministra de Defensa, Nilda Garré y a los cuatro jefes militares para una visita en alta mar al portaaviones nuclear George Washington, el próximo 6 de mayo. Razones de agenda impedirían a Garré pisar la cubierta de vuelo del portaaviones y en su representación concurrirá el nuevo subsecretario de Asuntos Técnicos Militares, José Luis Sersale que necesita fogueo en la gestión. De los jefes militares, sólo estarían a bordo, el almirante Jorge Godoy, titular de la Armada y el brigadier general Normando Costantino, titular de la Fuerza Aérea. El jefe del estado mayor conjunto, brigadier general Jorge Chevalier, -quien ya conoció una plataforma similar, el USS Ronald Reagan-, y el teniente general Roberto Bendini, titular del Ejército, se excusarony enviarán ayudantes de campo. No se confirmó si también serán de la partida diputados y senadores de las Comisiones de Defensa y Relaciones Exteriores como ya se había cumplido en 2004, durante la travesía del portaaviones Ronald Reagan por aguas internacionales a la altura de Bahía Blanca.

  • Aviones argentinos

  • La fortaleza nuclear flotante USS George Washington (CVN 73), el destructor USS Farragut (DDG 99), la fragata USS Kauffman (FFG 59), y el guardacosta USCG Northland, de la marina norteamericana integran el grupo de ataque que surcará por el mar argentino la semana entrante y en la singladura hacia el sur, efectuará maniobras aeronavales Gringo-Gaucho 2008 con dos aviones Super Etendard de la Armada Argentina.

    El portaaviones nuclear tiene previsto realizar el 9 de mayo una visita de pocas horas a la ciudad chilena de Punta Arenas en su tránsito al Pacífico, donde efectuará ejercitaciones con la marina trasandina.

    Los navíos participaron junto a buques del Brasil y de la Argentina en la edición número 49 del operativo Unitas que este año se llevó a cabo en aguas brasileñas a la altura de Rio de Janeiro, comenzó el 22 de abril y finalizó ayer. El Unitas surgió como herramienta de adiestramiento multilateral dentro del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que quedó resentido en 1982, cuando los Estados Unidos apoyaron al Reino Unido en la guerra con la Argentina por las islas Malvinas. Algunos países de la región, tal el caso de Uruguay en 2006, comunicó su retirada de esas ejercitaciones periódicas por considerarlas perimidas.

    Mientras se desarrollaba el Unitas 49, la marina de los Estados Unidos dio a conocer al mundo una decisión estratégica. El jefe de Operaciones Navales, almirante Gary Roughead, anunció el pasado 24 de abril el reestablecimiento de la 4º Flota con jurisdicción operativa en el área de responsabilidad del Comando Sur y designó al contraalmirante Joseph Dernan como su primer comandante. La decisión es clara, indica una vuelta del poder naval norteamericano al foco marítimo del Caribe, de América Central, de Sudamérica y sus aguas circundantes.

    Anticipó esa movida estratégica al secretario de Asuntos Internacionales, Waldo Forti, quien estuvo en Washington el 23 de abril con el número dos de la defensa estadounidense, Gordon England. «Reconstruir la Cuarta Flota reconoce la inmensa importancia de la seguridad marítima en el sur del hemisferio occidental y envía una señal muy fuerte a civiles y militares con funciones navales en Latinoamérica», dijo el almirante Roughead en la ceremonia de relanzamiento. El sayo a quien le quepa, podría interpretarse la frase dirigida al ambiente de los actores con peso en la región, sea en el bando de los aliados o de los potenciales contendientes. No es un secreto la conflictividad que sobrevuela varios países: Bolivia, Colombia, Ecuador y Venezuela. Sin contar las tensiones de este siglo en torno a los recursos no renovables. Esa Flota se creó en 1943 en el contexto de la Segunda Guerra Mundial y se desactivó en 1950 cuando tomó sus funciones la Segunda Flota. Sus responsabilidades actuales están dentro de las operaciones y misiones que conduce el Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos, entre ellas: lucha contra ilícitos de tráfico (narcóticos, armas, personas, etc), teatros de cooperación en seguridad, intercambios y contactos militar-militar con miembros de los países de la región y adiestramiento multilateral. Los eslabones de la nueva planificación naval estadounidense son los desafíos o retos hipotéticos (misiones preventivas) según se establece en el documento: «Estrategia Cooperativa para el Poder Naval del siglo 21», compartida con las marinas de la región. Allí se identifican seis capacidades de la marina norteamericana que debieran acompañar sus aliados: presencia anticipada, disuasión, control del mar, proyección del poder (naval) y asistencia humanitaria más respuesta a desastres naturales. La Armada Argentina luce algunos faltantes desde que se desguazó el portaaviones «25 de Mayo», en tiempos de Carlos Menem: quedó trunca la capacidad de proyectar el poder aeronaval de caza y ataque.

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