Lo más sensato lo expresó Bergoglio
Impresionó ayer la homilía del cardenal Jorge Bergoglio en la Catedral, con la presencia de Néstor Kirchner en el tedeum. Mensaje que, si bien el gobierno jura que no está en su dirección (como lo aseguraron varios ministros), su simple lectura indica que apuntó directo a la administración kirchnerista. Basta una frase: «El poder y la autoridad nacen de la convocatoria a una confianza, no de la manipulación, el amedrentamiento o la prepotencia». La voz de Bergoglio no debe haber coincidido ayer con la de otros obispos, ya que su tedeum porteño no se repite en provincias o grandes ciudades. Cada cura tiene su voz y, entre ellos, no es habitual que se consulten (salvo a los que están en sus propias diócesis). Entonces, con este sistema bastante democrático, el sermón del cardenal fue propio, autónomo, duro. Y de la Iglesia Católica argentina. Se equivocaban desde el gobierno quienes, por compartir ciertas escenas sociales con Bergoglio, suponían que éste se quedaría afónico.
-
La Iglesia homenajeará al papa Francisco a un año de su muerte
-
China cruzó al embajador de EEUU en Argentina: "Hagan algo concreto por el desarrollo del país"
El cardenal Jorge Bergoglio saluda ayer a Néstor y Cristina Kirchner al inicio del tedeum por el 25 de Mayo en la Catedral. El gobierno salió tranquilo de la ceremonia, aunque hubo fuertes críticas a los métodos políticos.
El sermonista imaginó a un Jesucristo víctima de una prensa aviesa que ya en los tiempos de su calvario hacía agitación insurgente, pero que hacía negocios crápulas con el poder: «El mismo Jesús sufrió toda clase de injurias e inventos maliciosos, vio cómo facciones rivales se unían contra El, oyó falsos testimonios de los desinformadores, tuvo defensores imprudentes que ensayaron rigideces y se quedaron con la realidad de su cobardía. Conoció la traición de los que señalaban con la izquierda y cobraban denarios con la derecha».
A los políticos de todo pelaje les tocó la censura al internismo que tradujo el purpurado como «la constante exclusión del que creemos contrario».
A todos les cayó el reproche de la «anomia», la ignorancia de la ley que describió como otra «malaventuranza», hermana de la «justicia sólo para los adeptos» y la «ley manipulada».
El lado positivo lo van a buscar los señalados en las invocaciones de Bergoglio en el llamado a buscar un país más noble y de «amistad sincera». También en la advertencia de que las bienaventuranzas «no debemos buscarlas críticamente a los demás». Eso bastó para justificar los brindis de los funcionarios públicos que ayer, al salir del tedeum, festejaban las palabras de Bergoglio porque decían que no había entendido que fuera una crítica al gobierno.



Dejá tu comentario