23 de julio 2007 - 00:00

Lo que no encontró en Santa Cruz, Cristina lo busca ahora en España

Cristina Kirchner intentará, a partir de hoy en España, rodear su candidatura de brillo internacional tras su pomposo lanzamiento del jueves pasado en La Plata. Almorzará con los reyes en la residencia de verano de éstos, esperando encontrar allí la paz que el viernes le negaron en la provincia presidencial. Una protesta de marineros que incendiaron plantas pesqueras -muchas españolas- obligó entonces a eliminar el previsto discurso de Cristina. Es que los sindicalistas quieren lo mismo que el gobierno ya concedió a los petroleros, que casi sin hacer nada consiguieron, hace un mes, aumentos de salarios de 30%, que ahora reforzarán a través de reducciones en el Impuesto a las Ganancias. Lejos de esos conflictos domésticos, la candidata disfrutará del sol en Palma de Mallorca y mañana sentirá el calor extremo de Madrid, donde se reunirá con José Luis Rodríguez Zapatero y hasta con Mariano Rajoy.

Cristina Kirchner se enfrentó ayer en su llegada con el tórridoverano madrileño. Para hoy la espera el mar en Palma deMallorca y luego, nuevamente, al calor de la capital españolapara, con menos brillo, reunirse con el jefe de gobierno,José Luis Rodríguez Zapatero.
Cristina Kirchner se enfrentó ayer en su llegada con el tórrido verano madrileño. Para hoy la espera el mar en Palma de Mallorca y luego, nuevamente, al calor de la capital española para, con menos brillo, reunirse con el jefe de gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.
Madrid - Intenta transmitir pasión por las ideas pero, como su marido, es esclava del estilo. Si no, no se explica el despliegue que ha hecho para mostrarse en un par de fotografías con los reyes de España en el retablo más fastuoso que puede ofrecer el Mediterráneo, la residencia real de Marivent, adonde convergen las miradas de ricos y famosos en los veranos del Septentrión. Cristina de Kirchner estará hoy a solas con los reyes Juan Carlos y doña Sofía en el comedor principal de esta casa en la que veranean los monarcas desde que reinan en España.

Como admite que se trata de un viaje proselitista, ha buscado evitar las miradas indiscretas sobre la organización de la visita de forma de no sumar su nombre a la lista de las damas malditas de la gestión Kirchner (Romina Picolotti, Felisa Miceli, Nilda Garré).

Ninguno de los gastos de su desplazamiento entre Buenos Aires (avión de línea, Iberia, demoledor, confesó al bajar ayer en Barajas, pasadas las 14:40), Madrid y Palma de Mallorca los paga el Estado.

No se dice lo mismo del cortejo que la acompaña; personal de prensa de la Presidencia que ayer estaba ya en Palma preparando la cobertura de la visita a los reyes, fotos, sketchs para la TV. Ni de los funcionarios de Cancillería y de prensa (Jorge Taiana, el vocero Miguel Núñez -que tenía anoche que resistir las bromas sobre el fluido presidencial en los medios a los que Cristina da reportajes-, una secretaria de la senadora, una dama de compañía).

Los Kirchner hacen, como muchos emprendedores en el mundo de los negocios, política «de nicho». Ante los piqueteros de La Plata, Cristina les canta el advenimiento de la revolución de las muchedumbres; para los empresarios que la escucharán mañana en el Foro Nueva Economía repasó anoche un discurso que canta la adhesión a la propiedad privada, a la necesidad de mejorar el clima de los negocios. Lo que agregue sobre el modelo de inclusión no aportará nada en un país que ha crecido bajo gobiernos socialistas que promueven el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo, consignas que aterrorizarían a los Kirchner de solo proponérselas. Saben, como todo emprendedor de nicho, que nadie juzga las incongruencias entre lo que se les dice a uno y otro nicho, nadie señala ni sanciona las contradicciones, que sólo sirven para animar las tertulias de intelectuales que se desvelan cuando detectan diferencias entre lo que se dice y se hace.

  • Parecido

    De ahí la pasión kirchnerista por el estilo, que hace parecer esta visita de Cristina de Kirchner a una peregrinación al centro del mundo para pedir documento de identidad. La foto será el testimonio, los relatos de la prensa las huellas dactilares. Todo fuera del país, el único lugar adonde Cristina de Kirchner puede hacer campaña, prestarse a diálogos públicos, dar conferencias y entrevistas a la prensa. Para sus connacionales, los discursos, las invectivas desde el podio, la descalificación desde los escenarios. Como tanto mandón que ha tenido el mundo, mano dura en casa, canto a la democracia cuando se está de viaje. Y para debutar nada mejor que España, país que rige una monarquía, sistema que acepta la legitimidad de facto de quien gobierna, como les encantaría a los Kirchner que ocurriera en la Argentina, en donde han puesto en marcha un proceso institucional de corte monárquico. ¿Gobierna el más votado? Tampoco. En la última elección ganó el PP en las urnas, pero sacó más cargos el PSOE porque el sistema -un sueño kirchnerista- no premia a quien más adhesiones logra en número de votos sino a quien puede organizar mejor una administración con negociaciones entre minorías. Como sueña la transversalidad kirchnerista que ocurra en la Argentina.

    Pertenece también al culto del estilo la demora a que Cristina someterá los pedidos de audiencia que la esperaban anoche en la residencia del embajador Carlos Bettini en la calle Fernando el Santo de Madrid. Allí cenó Cristina con la familia del embajador, luego de rechazar una invitación a comer en el calificadísimo restorán del hotel Santomauro, un palacete en el barrio de Chamberí en donde se suelen alojar Richard Gere, Madonna, Julia Roberts y otras «pretty women» del jet set.

    La senadora estaba cansada del viaje y Bettini, que de esto sabe, no le dejó dormir la siesta, previniendo así a la visitante del insomnio sobreviniente que la desmejoraría para el almuerzo de hoy en Mallorca. Prefirieron quedarse en casa. La estadía sirvió para revisar los pedidos de reunión que le han hecho llegar a la embajada y que Cristina simulará no poder atender hasta último momento, aunque terminará recibiéndolos el miércoles, antes de salir de regreso a Buenos Aires.

    Entre los peticionantes de encuentros personales con la senadora están César Alierta, presidente de Telefónica, Antoni Brufau, titular de Repsol YPF, Salvador Alemany, del grupo Avertis, con intereses en infraestructura y peajes en la Argentina y, entre otros, el segundo de Emilio Botín en el grupo financiero Santander, Francisco «Paco» Luzón.

  • Estrellas

    El Foro Nueva Economía, que le preparó el almuerzo de mañana en el hotel Ritz, reúne además a estrellas del establishment empresarial de todas las dimensiones, algunos de los cuales han interrumpido sus vacaciones -por el receso, el almuerzo del miércoles con la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) contará con sólo trece jefes de empresa; o suman a uno, o desinvitan a otro (ésta es gente muy cabulera)-. A todos ellos se les aplicará la norma de estilo para el mundo de los negocios: reto por pecados difusos del pasado y oferta de nueva alianza en el estilo del mensaje de Kirchner al empresariado español en su primer viaje: ustedes arreglaron antes con Menem, ahora tienen que arreglar conmigo.

    El embajador, amigo estrecho de los reyes, es quien logró que la reciban a Cristina hoy en Marivent a solas, sin acompañantes. Viajarán a las 10 de la mañana en un avión privado provisto por el Foro Nueva Economía para estar a mediodía en el hotel Gran Meliá Victoria de Palma, en donde la espera una habitación con el solo propósito de refrescar el estilo. Cristina sufre un ligero síndrome dermatológico en la cara que las esteticistas llaman «rosácea». Es un enrojecimiento de la piel con los cambios de temperatura que la obligan a ese maquillaje espeso, casi estucado, que le quita expresividad.

    En la habitación del Meliá estará unos minutos para recomponer peinado y maquillaje antes de salir hacia Marivent, en donde la esperan los reyes, el jefe de la Casa Real, Alberto Aza Arias, el secretario general del rey. Almorzará sola con los reyes mientras que Jorge Taiana y Bettini almorzarán con miembros del llamado «cuarto real» del monarca.

    Por la tarde, al regreso de Palma, la senadora tendrá una oportunidad de tocar un símbolo del gorilismo internacional. Visitará en su casa al escritor Francisco Ayala, que vivió una década en la Argentina luego de exiliarse a finales de la Guerra Civil.

    Prosista impecable y pensador profundo, Ayala vivió entre 1939 y 1949 las tribulaciones de los escritores del grupo Sur, aliadófilosy después rabiosamenteantiperonistas bajo los regímenes militares de 1943 y 1945 y el naciente peronismo. La han informado mal sobre este ícono de la intelectualidad a la senadora, que se dice hija intelectual de un Arturo Jauretche (funcionario del peronismo, fue presidente del Banco Provincia de Buenos Aires) cuyos libros, ha confesado, «me partieron la cabeza». A quienes le partían la cabeza realmente en aquellos años era a los amigos de Ayala, cuyo hermano, el librero Vicente Ayala, con negocio abierto hoy aún en Buenos Aires, ha recordado: «Los peronistas no lo molestaron a Francisco, pero él se sentía sin libertad intelectual: sus amigos de Sur no la pasaban bien». En cuanto pudo, se fue del país para radicarse en Puerto Rico y después, en 1960, regresar a España, donde hoy vive a los 101 años. ¿A qué viene esta visita? Es otra servidumbre del estilo.
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