13 de febrero 2004 - 00:00

Lo único malo de los dinosaurios era que no tenían libre competencia en la tierra

Lo único malo de los dinosaurios era que no tenían libre competencia en la tierra
Es mucha la gente que pide a Ambito Financiero ampliar más una tarea no fácil: ser crítico del gobierno. Desde ya es misión del periodismo. Criticar siempre, como insiste Umberto Eco para la política. No para el arte, por caso, pero siempre para la política porque el periodismo -aquí recurrimos al pensamiento español- no es «el cuarto poder» sino el contrapoder, el que ayuda a nivelar, en ubicación más modesta y exacta.

Si un diario como «Clarín» eludió su fuerte endeudamiento empresario trampeando a los acreedores externos con una ley «cultural» que le impide a aquéllos tomar más de 30% de su capital accionario sólo por ser extranjeros ¿cómo puede criticar al gobierno que intenta lo mismo con la deuda pública nacional pero sin la posibilidad de sancionar una ley internacional que le dé cobertura?

Es comprensible, entonces, que se le exija a medios, como al diario Ambito Financiero, esa actitud crítica. Un diario del que nos enorgullecíamos de haberlo hecho crecer sin nunca haberlo endeudado pero eso pasó a ser una estupidez en una Argentina donde se puede pagar por sacar una ley del Congreso que nos libre de nuestros acreedores.

Sobre todo si esas leyes negociadas en nuestro Parlamento se investigarán solamente si afectan privilegios sindicales, porque hay complicidad mutua con la corporación periodística.

No haber contraído deudas que nos las eludan gobiernos y legisladores, no ser socio del Estado -como «Clarín» y «La Nación»- para obtener el vital papel de imprimir subsidiado, tener limpieza en los capitales de origen y no haber dispuesto de 7 millones de dólares sustraídos a acreedores de afuera, hoy burlados, para adquirir también diarios como «Página/ 12» por parte del trío Magnetto, «tiburón blanco» Pagliaro y Aranda, los mismos de «Clarín», tiene esta paradoja: la prensa realmente libre que queda, caso Ambito Financiero entre las excepciones, está afectada económicamente para encarar a fondo la tarea en épocas de recesión.

Es hoy más creíble en política algo que diga
Ambito Financiero que «Clarín». Por ser más creíble y el único medio que llega por satélite a todo el país hasta 10 horas antes o más, en relación con otros remitidos por avión o vehículo, sus contenidos tienen repetición en miles de radios además de los ejemplares leídos.

Permite a la gente que nos conecta satisfacer -por eso se lo contamos- esa ansiedad, esa desesperación porque no circule en el país una sola verdad, la oficial, difundida por una prensa obsecuente.

Pero no es fácil, repetimos.
Ambito Financiero no puede desplegar los servicios, enviados y corresponsales de los diarios que se mueven con dinero trampeado a acreedores. Pero los lectores tienen igual información de buen nivel porque algún beneficio tiene no ser venal en prensa: le suministrarán menos información oficial (del ministro Lavagna, por ejemplo con quien los hombres de este diario directamente ni hablan) pero siempre tenemos la visión también del otro lado en un nivel que no se la dan a la prensa oficialista que saben la jibarizará, adulterará y hasta ocultará. Del otro lado del mostrador a veces se sabe más que lo informado por Lavagna a la propia Casa Rosada.

• Ineficiencias

Un dólar sobrevaluado es discutible económicamente. Beneficia a Techint que vende caños en dólares y tiene internamente costos bajos, inclusive salariales, en pesos. También a la recaudación fiscal, haciendo coincidir buenos precios internacionales y ese dólar alto que en buena parte pasa al Estado vía retenciones. Pero la «sustitución de importaciones» derivada básicamente del dólar alto actual, ampara ineficiencias aunque pueda ayudar a recrear un capital nacional.

En medios gráficos, en cambio, nadie hoy le va a
sustituir ni la tinta, ni las planchas de impresión ni los rodillos de rotativas, por ejemplo. Prensa libre, entonces, en épocas recesivas es hazaña en cualquier región, en cualquier país o provincia.

Además de los costos se tienen
las presiones. No interpretar mal. En más de 40 años de periodismo en mi vida conocí -no creo que exista- un funcionario público al que le guste la crítica del periodismo. En Estados Unidos al presidente tampoco le gusta pero allí lo más que puede disponer es que compren un solo ejemplar de «The New York Times» en la Casa Blanca y que lo usen con fotocopias. En la Argentina y países emergentes, en general, los poderes públicos tienen muchos más medios de presión en la medida en que las democracias son menos sólidas. Pero he declarado que hasta ahora en el gobierno Kirchner, más allá de llevar en el avión presidencial a periodistas sólo de la prensa adicta, no hubo otra discriminación o presión para este diario, como dice Jorge Asís. Es mucho.

• Obsesión

Las otras presiones son de la prensa colega donde el que no se entrega a la algarada molesta al venal, porque lo deja en evidencia. Personalmente me han inventado actitudes «antigay» que jamás tuve. Lo hizo una revista como «Noticias» que tiene, eso sí, una obsesión especial y particular con la homosexualidad. Se asombran porque uno habla de marxismo en las cercanía del sillón de Rivadavia y el mismo medio cuenta las charlas en Olivos de un pensador marxista -en esta época, lo cual es más insólito- como Pablo Feinmann. Me llaman «dinosaurio» o «vigía de Occidente» o ¿por qué no «el último de los mohicanos» si creen que silenciados los que defendemos la libertad, la iniciativa privada van a extinguirse y todos pensaremos como Horacio Verbitsky, Miguel Bonasso, Feinmann o Hebe de Bonafini? Es una estulticia para no preocuparse porque el drama no es precisamente que a uno, para buscar silenciarlo necesiten atacarlo con imágenes de libros de arqueología o códigos náuticos. El drama sería si pudieran utilizar libros como el Código Penal por corrupción o el libro «Nunca más».

Lo importante, lo alarmante es lo otro. Es que se quiera acallar entre medios, unos a otros, con placer del poder político. Porque sucede eso, cuando una prensa se entrega la vigencia de la otra, de la independiente, desespera porque proyecta la degradación.

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