Los Duhalde dicen poder sancionar propias leyes
En el comando electoral duhaldista hacen este cálculo: a) podemos llevar 18 diputados que no fueron a la votación para suspender las ejecuciones hipotecarias (sobre todo problema que afecta al Banco Nación); b) irán los 19 que ya fueron y votaron contra Kirchner; c) tenemos 34 diputados propios bonaerenses y duhaldistas; d) podemos contar con radicales, socialistas, ARI y del interior. ¿Consecuencia? Podemos sancionar leyes sobre lo que no quiera el gobierno. En la Casa Rosada hasta dieron los listados de legisladores (ver gráfico). Partamos de la base de que son leyes de tipo «clientelismo político» porque el país se encamina a luchar el 23 de octubre próximo -y ejecutar después hasta afectar la economía- entre dos populismos, el duhaldista de derecha y el kirchnerista de izquierda. Los Duhalde quieren poner al gobierno en la situación de trabar en el Senado o vetar luego una ayuda a sectores afectados por ejecuciones. En realidad son muchos menos de los que se supone pero dentro de las fuerzas populistas en pugna cada uno quiere ser más dadivoso.
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Esta dificultad es la que obligó a los cuatro presidentes a enviar al jefe de Gabinete un informe detallado de los diputados que votaron en contra de los intereses del gobierno sin ser bonaerenses y de los que, perteneciendo a la bancada peronista, no respondieron a la convocatoria de la conducción y faltaron al plenario. La nómina se le atribuye a Caserio, uno de los cuatro «imperiales» que aspira a quedar como jefe único después del 10 de diciembre por contar con antecedentes de gran pericia parlamentaria en su Córdoba natal. Astuto, este subordinado a José Manuel de la Sota se atribuye también el tejido parlamentario que lleva adelante Argüello, sobre todo entre los diputados porteños, a los que más conoce. ¿Fue Caserio o Argüello el que imaginó que Lavagna podíasacarles las papas del fuegocitando a un grupo de radicales a Economía, en plena discusión legislativa, para restar fuerza a los bloques de la oposición?
En la «lista-escrache» que circula por la Casa Rosada figuran algunas curiosidades. Entre los que votaron en contra del gobierno está, por ejemplo, Liliana Fellner, hermana del verticalizado gobernador de Jujuy. También varios santafesinos, a quienes Carlos Reutemann no habrá sabido convencer de su nuevo alineamiento K. Sin embargo, el nombre más llamativo es el de Gerardo Conte Grand: cuando amaneció el oficialismo actual se contaba entre sus principales predicadores como militante del «Grupo Talcahuano». Le duró poco esa convicción.
La razón por la que se elaboraron estas nóminas de « disidentes» y «negligentes», según la clasificación que rige en la cúpula del bloque, es bastante obvia: el «cuarteto imperial» espera que Fernández consiga disciplinar a la propia tropa a través de los gobernadores que tienen imperio sobre estos legisladores. Mientras tanto, los tetrarcas intentan aproximarse a los bloques provinciales. El más inquieto, dicen, es Argüello: aprovechó, por ejemplo, su militancia reciente en las filas de Mauricio Macri para conseguir que Federico Pinedo se aproxime a la postura del gobierno. Un milagro porteño en medio de tanta dispersión.




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