20 de abril 2006 - 00:00

Los frutos prohibidos del Consejo de la Magistratura

El oficialismo cosechó ayer los frutos prohibidos sembrados en enero durante el debate por la reforma del Consejo de la Magistratura. La ruptura de todos los bloques políticos opositores que resistieron el proyecto del peronismo, que le otorgó al gobierno nacional el poder de veto en la designación y remoción de los jueces, consagró en la víspera la operación por la cual los diputados neokirchneristas del Peronismo Federal retuvieron la vicepresidencia tercera de la Cámara baja. El 22 de enero pasado, el Frente para la Victoria de Diputados le propinó una «paliza» legislativa a la oposición al sumar 149 votos para concretar la reforma del consejo de jueces. Con el apoyo de una veintena de diputados comandados por José María Díaz Bancalari, más cinco radicales díscolos y otros dos del Partido Renovador de Salta -que pertenecían al interbloque macrista-, el oficialismo no sólo se alzó con la ley, también minó las bases de confianza y la unidad de los bloques opositores. Dos fueron los efectos del minucioso y silencioso trabajo realizado por la conducción kirchnerista encarnada en el jefe de bloque Agustín Rossi; el presidente de la Cámara, Alberto Balestrini; y hasta por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández -quien recibió en dos ocasiones a los diputados cordobeses de Luis Juez a quienes finalmente no pudo cooptar-.

Por un lado, consiguió desmembrar al peronismo -hasta ese momento- opositor que quedó fragmentado entre los «rebeldes» que se refugiaron en «El General» de Jorge Sarghini y Eduardo Camaño. Ayer el ex presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires admitió que la votación del Consejo de la Magistratura fue el detonante para la ruptura del bloque. Pero también generó la expulsión de los salteños Andrés Zottos y Carlos Sosa del interbloque Propuesta Federal que respondían a Mauricio Macri. En ese momento los macristas redujeron de 22 a 20 diputados su fuerza legislativa y, ayer, el PRO pagó con una derrota política las convicciones éticas que buscó mantener a salvo.

Lo mismo ocurrió en el Peronismo Federal, cuya fractura dio origen al surgimiento del bloque Justicialista Nacional, que según Balestrini, concentra sólo 18 diputados. La votación, incluso, provocó el éxodo de Paola Spátola hacia el Peronismo Federal, afiliación que resultó clave para definir la vicetercera. Fuentes kirchneristas comentaban ayer con ironía en los pasillos de la Cámara que el presidente del cuerpo podría ser autor de un libro de «matemática moderna». Se referían al hecho de que, con el fin de decidir a quién le correspondía la vicepresidencia tercera, los kirchneristas incurrieron en absurdas contradicciones a la hora de contabilizar los integrantes de cada bloque. Dentro de las filas del PRO incluyeron a Esteban Bullrich y a la neuquina María Oscos, quienes están de licencia, pero excluyeron del Justicialismo Nacional de Sarghini a los sanluiseños Alicia Leme y Hugo Franco, paradójicamente, por estar de licencia. Encarnación legislativa de la envenenadora de Pompeya, el oficialismo disfrutó ayer la última secuela del emponzoñamiento que sufrió la oposición el 22 de enero pasado: la usurpación de la vicepresidencia tercera que históricamente correspondió a los partidos provinciales y su entrega a los neokirchneristas de Díaz Bancalari.

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