5 de mayo 2005 - 00:00

Los "gordos" festejaron unidad, pero sin Duhalde

El dirigente de los trabajadores rurales, Gerónimo Momo Venegas, reasumió nuevo mandato en las 62 Organizaciones peronistas que suman ahora a todo el arco de los gordos sindicales, que juegan más cerca de Duhalde.
El dirigente de los trabajadores rurales, Gerónimo "Momo" Venegas, reasumió nuevo mandato en las 62 Organizaciones peronistas que suman ahora a todo el arco de los "gordos" sindicales, que juegan más cerca de Duhalde.
Eduardo Duhalde prefirió la palabra -escrita- antes que la daga y, a último momento, decidió no asistir ayer a la cumbre de las 62 Organizaciones para evitar que su foto junto al cacicazgo sindical sea interpretada por Néstor Kirchner como una provocación.

De todos modos, a la distancia, dio el presente: mandó una adhesión, que fue leída durante el plenario, elogiando a la tropa sindical y reivindicando, como sostiene la biblia justicialista, que «el movimiento obrero» es la columna central del peronismo.

Además, para ratificar que avala y alimenta la embestida gremial para quedarse con una porción de las listas de candidatos del peronismo, envió una comitiva de fieles para que lo represente, encabezada por José María Díaz Bancalari y Antonio Arcuri (senador provincial).

De todos modos, la ausencia de Duhalde no despejó el temor de que la mesa se convierta en un polo inquietante para el gobierno. De hecho, por primera vez en los últimos años, las 62 volvieron a convertirse en el paraguas político que cobija a los gremios más poderosos.

• Cúpula

Así quedó traducido en la conformación de la nueva cúpula de la confederación. Allí, debajo de Venegas, se mezclan Luis Barrionuevo (Interior), Hugo Moyano (Gran Buenos Aires), Juan Manuel Palacios (Administrativo) y Armando Cavalieri (Relaciones Internacionales).

También quedaron integrados Luz y Fuerza, SMATA, Taxistas y UPCN, por citar capitanes que tributan a distintas jefaturas políticas, algunos críticos con el gobierno y otros aliados, enventuales o no, de las aventuras políticas gestadas desde la Casa Rosada. Hubo, sin embargo, un planteo genérico que quedó reflejado en las palabras de
José Luis Lingieri, quien actuó como presidente del congreso de Obras. «No nos vengan a nosotros con cosas raras, con transversales y esos inventos. Nosotros somos peronistas», pataleó para el frenesí de la tribuna.

De allí en adelante, todos los discursos giraron en torno a la bendición de ser peronistas y autoelogios sobre la unidad alcanzada en las Seis-Dos. Fue ése el pie para que Venegas insista en que los gremios deberían quedarse con 33% de los candidatos del PJ.

No hubo, siquiera, un rapto de aggiornamento. De arranque se pusieron bajo la advocación de
Juan y Eva Perón. Luego hubo un homenaje para Lorenzo Miguel y antes de empezar con los discursos, un minuto de silencio por los «mártires caídos».

Ahí, claro, la memoria reverenció al asesinado
José Ignacio Rucci. Sobre el final -la forma previsible de coronar ese festival de anacronismos- sonó la marcha peronista en, como no podía ser de otro modo, la versión histórica (y empastada) de Hugo del Carril.

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