1 de marzo 2004 - 00:00

Lula quiere liderar Sudamérica, Kirchner un socio contra deuda, se reúnen el 10: ¿Quién ganará?

Néstor Kirchner y Lula iniciaron en Caracas la negociación que culminaría el 10 de marzo.
Néstor Kirchner y Lula iniciaron en Caracas la negociación que culminaría el 10 de marzo.
Diarios como «La Nación» -ayer terriblemente oficialista- señalaban que «Brasil y la Argentina decidieron emprender negociaciones junto con el FMI en un impensado giro de la relación bilateral». Más todavía. Adentro, el diario de los Saguier expresa: «Dígale a Palocci que desplace a Portugal de su cargo», lo habría dicho el mismo Lula Da Silva en relación con Murilo Portugal, representante permanente de Brasil ante el Fondo Monetario, frente a las críticas del mandatario argentino de que sería demasiado «blando» frente al Fondo y perjudicaría a Brasil. En realidad, M. Portugal es bastante crítico de la Argentina, pero frente al Fondo cumple bien la política del gobierno brasileño actual.

¿Es creíble todo eso de «La Nación» frente a un gobierno que digita a la prensa? Pensemos que el diario de los Saguier ayer titula también «Cavallo cree en el rumbo de Kirchner» cuando, en realidad -el mismo texto del diario lo expresa-, lo que le dijo Domingo Cavallo a un diario chileno es que «estoy seguro» de que Néstor Kirchner no va a caer en la insensatez de aislar a la Argentina del mundo como sería si va a un default total sumando no pagarles a los acreedores privados ni a los organismos de financiamiento internacional al vencimiento de sus obligaciones.

Mucho más mesurado en calificativos y afirmaciones, «Clarín» dijo ayer que Brasil, ante el pedido de Kirchner de que lo acompañe Lula Da Silva en su cruzada por no pagarles más de 10% de lo que debe a acreedores privados, señala que apenas «habrá solidaridad con la situación de la Argentina, pero se muestran cautelosos de ir más allá de los pronósticos». Claro, «Clarín» hace oficialismo como «La Nación», pero ligeramente más inclinado a Roberto Lavagna, que no participó de esta gestión -sí el lirismo del canciller Rafael Bielsa-y debe considerar un desvarío de prensa esto de unificar deudores para presionar por deuda. Lavagna sabe que esto irrita internacionalmente a países y organismos y que suele ser un boomerang que endurece las posiciones contra el país complotador. Pero, obviamente, el canciller Bielsa no tiene experiencia para analizar estos temas ni fuerza para desaconsejarle al Presidente si algo así se le puso en la cabeza. No olvidemos que vivimos en medio de un gobierno de arrebatos y muchos miedos. Junto a eso hay una prensa capaz de «comprar» todo lo que le acercan funcionarios oficiales.

Ayer, por caso, ningún diario de Brasil tituló ni incluyó una línea de «esta presunta unión contra el Fondo de Brasil y la Argentina por pagar menos deuda. En cambio, sí hablaron funcionarios con agencias extranjeras para que lleven sus palabras de realismo al exterior porque no quieren el riesgo de que se interprete la formación de un tándem o «club de deudores» entre Brasil y la Argentina como «socios fundadores». Marco Aurelio García, asesor principal de Lula (una especie de «Alberto Fernández brasileño», pero más ideólogo y gravitante en políticas de Estado), acompañó a Lula a la reunión de Venezuela y declaró a «Reuters»: «No vamos a renegociar juntos la deuda la Argentina y Brasil. El problema de la deuda argentina es distinto de la deuda brasileña. Somos -y eso lo ha reafirmado el presidente Lula-solidarios con las posiciones que defiende la Argentina». En consecuencia el mismo nivel de «solidaridad» que aquí le acercan al Presidente los empresarios, por ejemplo, como un ideal, una utopía que los acreedores nos perdonaran 90% de lo que les debemos (75% en la versión oficial porque no considera intereses caídos) pero política oficial todos los solidarios saben que es irreal y dilatoria, por tanto perjudicial para el país porque posterga sin esperanzas. Tuvo razón ayer, entonces, «Clarín» y el columnista Joaquín Morales Solá en «La Nación» entró en papelón. Pero será apreciado por el gobierno, sin duda.

Hay algo cierto: el 10 de marzo se reunirán en Brasil Lula Da Silva, Néstor Kirchner, los dos cancilleres y agregarán a los ministros de Economía. El gobierno presentó a la prensa como un triunfo esa reunión porque, se deja entrever, Brasil apoyaría la posición argentina si ésta no trata bien a los acreedores y por ello el Fondo Monetario la manda al default total y la deja descolgada del mundo.

Pero la posición puede ser exactamente al revés: Brasil convencería a la Argentina que deje sus posiciones extremas en cuanto a deuda con acreedores privados. No por nada Horst Köhler realiza hoy un imprevisto viaje a Brasil para entrevistarse con Lula. Hay que entender que Brasil tiene ahora -y tuvo siempre- sueños imperiales. Lula Da Silva aspira a «encabezar Sudamérica, no Latinoamérica». ¿Por qué? Porque sabe que los países centroamericanos no se apartarán de Estados Unidos y que si intenta referenciar a toda Latinoamérica se enfrentaría automáticamente con México. Cree Brasil que en Sudamérica no tiene, en cambio, rivales. Es verdad pero también es utopía de los brasileños que Colombia o Chile -también Perú y hasta Uruguay-le vayan a ceder su representación ante Estados Unidos y Europa.

Pero Brasil lo intenta. Kirchner, a su vez se mueve siempre en la línea de sentirse más inteligente lo que lo lleva a la fe de
«primero ceder y halagar. Cuando se crean seguros coparlos». Aplicable tanto a Eduardo Duhalde como a los intendentes bonaerenses y como al Brasil de Lula. Este a su vez, no menos pícaro, le ofrece «solidaridad», le hará una reunión para poner en marcha obras de infraestructura común a ambos países, acuerdos de cooperación. En realidad Lula Da Silva quiere llevar la escarapela argentina en el pecho cuando vaya a pelear con la bandera de Brasil en lo alto. Si eso le costará una reunión, anunciar varios proyectos de obras y expresar «solidaridad» con las incómodas posturas de deuda argentina es un costo barato. Los primeros comentarios ayer en el sector financiero argentino señalaban que -al contrario de lo que publicó la prensa adicta- «Lula Da Silva buscará también convencer a Kirchner de acordar una quita razonable con los acreedores, destinar más porcentual del PBI a salvar su situación de país deudor. Hasta podría hacerle un gran favor al hombre de Santa Cruz: brindarle una cobertura política para el caso de que tuviera que desdecir sus afirmaciones insistentes y agresivas sobre deuda y acreedores. Por caso una justificación creíble sería no poner en jaque el Mercosur con un default total de su segundo miembro en importancia como es la Argentina. Nos lo expresó un economista vinculado a bancos aunque admitió que fue tan rápido el anuncio en una reunión intrascendente como la de Caracas (Grupo de los 15) que no hay todavía análisis de fondo. Destacan que Kirchner hace rato se despojó de su lenguaje agresivo hacia el exterior e inclusive impuso lo mismo a la prensa y figuras de la izquierda que merodean en torno de él. Inclusive se cree que Lula Da Silva podría gestionar créditos conjuntos internacionales para obras con la Argentina y Bolivia que a estos países individualmente les sería imposible de conseguir.

La misma fuente consideró poco probable la variante de un Brasil en complot con la Argentina para pagar menos deuda pese a que la prensa adicta argentina insistió en que por cumplir con el Fondo el producto de Brasil retrocedió 0,25% el año cerrado donde el argentino creció 8,4% porque uno se comprometió a pagar 3% de su PBI (Argentina) y el otro (Brasil) 4,25 %.

Pero este argumento es muy precario y sólo citable con conocimientos mínimos.

El menor crecimiento de Brasil es producto de que su principal problema es aún el riesgo inflacionario y no puede entrar en un ritmo violento de crecimiento. Por eso deliberadamente mantiene la tasa de interés en alto nivel de 16,5% anual, lo que prácticamente impide el crédito a la producción. La Argentina tiene la tasa bajísima, le sobra el crédito desde los bancos pero nadie (serio) lo pide porque ven que hoy sólo hay reactivación pero no crecimiento ni plan. La Argentina y Venezuela tendrán los más altos crecimientos del producto en 2004 en países latinoamericanos pero ese producto aumentado total -fácil de reflejar en porcentual de suba porque se parte de una caída enorme por crisis que no tuvo Brasil en ese nivel- no iguala sumado a lo que el país de Lula le aporta al producto latinoamericano (Brasil y México sumando su producto son casi 60% de la riqueza que se genera desde el Río Grande a Ushuaia y la Argentina aporta sólo 9%).

Actuar como «complotado con la Argentina» a Brasil le complicaría la buena situación que tiene con el Fondo Monetario Internacional, le afectaría la buena imagen mundial que tiene Lula Da Silva manejando la undécima economía del mundo y fundamentalmente le podría trabar las nuevas inversiones que este año llegarán a Latinoamérica. Se trata de 40.000 millones de dólares de los cuales sólo 24.000 irán a Brasil y apenas 300 están previstos para la Argentina.

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