Madres invadieron a Telerman: demandan plata para su holding

Política

Llegó Hebe de Bonafini ayer a la fuerza hasta la puerta del despacho de Jorge Telerman. La amenaza no era para minimizar: si no se le garantizaba que seguiría su millonario proyecto de construcción de viviendas, continuaría la toma de la sede del Gobierno porteño. Telerman se apuró a recibirla para despejar temores, aunque en realidad poco puede garantizar. Bonafini está convencida de que tras la salida de Gabriela Cerruti del gabinete y la llegada de Mauricio Macri se terminará la asociación que mantiene con la Ciudad, con la que gestiona hasta una empresa de construcciones. La principal obra que lleva adelante son 1.500 nuevas casas -un negocio de $ 35 millones-. La Fundación de las Madres cuenta con una radio, universidad y editorial, y así se convierte ya en un "holding". Macri tendrá la última palabra.

Las Madres de Plaza de Mayo, con Hebe de Bonafini a la cabeza, tomaron ayer la sede del Gobierno porteño hasta conseguir que Jorge Telerman las recibiera, algo que el jefe de Gobierno hizo a las apuradas para evitar que se consolidara la idea de tomar el edificio. El hecho no fue menor. La salida de Gabriela Cerruti (es ministra de Derechos Humanos) del gabinete y la llegada de Mauricio Macri al Gobierno de la Ciudad pusieron en alerta a las Madres ante el peligro de perder los planes de cooperación social que hoy mantienen con la Ciudad y, lo que hoy es su mayor emprendimiento y fuente de financiación, el plan de 1.500 viviendas que llevan adelante en el sur de la Ciudad, en la Villa 15, con apoyo y fondos aportados por la Corporación Sur y a un costo menor que los presupuestos normales para esas obras. De ese total, Madres construyó hasta ahora 75 viviendas y tiene adjudicadas otras 430. A los valores reducidos que se publicitan esas viviendas, el costo inicial del plan supera los $ 35 millones, sólo en tecnología para construcción.

Bonafini había llegado a Cerruti de la mano de Horacio Verbitsky para iniciar las negociaciones que terminaron luego con el proyecto Sueños Compartidos, que construye las viviendas con un sistema de autogestión en el barrio Los Piletones y Castañares, cerca de Villa Soldati, que incluye también formación política a cargo de las cátedras bolivarianas de la Universidad Madres de Plaza de Mayo, otro emprendimiento del grupo. De ahí que no fuera casual que el apriete a Telerman se diera al día siguiente del reemplazo de la ex ministra.

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    Curiosamente, ese proyecto de viviendas siempre fue publicitado más por el gobierno nacional que por el porteño, aunque todo partió de un acuerdo con la Corporación del Sur, por el que se creó el Consorcio de Cooperación Construcciones Modulares Inteligentes Buenos Aires destinado al «diseño y desarrollo de proyectos de urbanización, vivienda y equipamiento social y ambientalmente sostenibles; investigación y desarrollo de tecnologías y su aplicación a los sistemas constructivos; diseño de la vivienda social y de la vivienda en general; realización de construcciones de edificios, obras viales, redes de servicios, instalaciones sanitarias, eléctricas, de gas, de telefonía y datos, y en general, todo tipo de construcciones; diseño e intervención en los proyectos de desarrollo social local vinculados a los procesos de urbanización; fabricación y venta de insumos para sistemas constructivos; prestación de servicios públicos», es decir, una empresa con un amplio universo de servicios donde la Ciudad tiene 52% de las acciones; y la Fundación Madres de Plaza de Mayo, 48%. Todo es coordinado por las Madres, el Instituto de la Vivienda y Enrique Rodríguez, que preside la Corporación del Sur.

    Para apagar rápido el conflicto, Telerman les prometió una reunión urgente hoy con su gabinete -estarán el ministro de Economía, Sergio Beros; Rodríguez; el nuevo de Derechos Humanos, Omar Abboud; y Juan Pablo Schiavi- y le garantizó a Bonafini -que a esa altura seguía amenazando con quedarse a dormir en su despacho- que todos esos programas continuarían.

    En ese encuentro firmarán un nuevo convenio de ratificación de todos los programas de construcción de viviendas, escuelas, talleres, jardines maternales y microemprendimientosque se iniciaron el año pasado. Después, deberán sentarse Bonafini con Mauricio Macri para decidir si esa letra se mantiene.

    La realidad es que en el Gobierno porteño ayer sólo confiaban en la buena voluntad de Macri en el futuro para no romper la asociación con las Madres de Plaza de Mayo no sólo en el empredimiento, sino también en la fábrica de paneles modulares destinados a la construcción de viviendas sociales con tecnología importada de Italia y en el resto de los planes sociales.

    Esa empresa funciona hoy en el ámbito de la Ciudad, en sociedad y con control de las Madres. Pero de allí en más, la decisión de continuar o no ese privilegio del que sólo goza la asociación Madres -de hecho, ningún sindicato u ONG puede acceder a un sistema de financiamiento que pase de costado por las listas de la Comisión de la Vivienda- será del jefe de PRO.

    El escándalo de ayer fue el primer precio que pagó Telerman por sacar a Cerruti del gabinete: «Como había muchas dudas, decidimos venir sin pedir audiencia, así, intempestivamente», dijo Bonafinien las escalinatas de la sede del gobierno.

    Poco después, hacia las 14, Telerman la recibía a las apuradas. La amenaza no había sido poca: «Las Madres estamos decididas a no permitir que se juegue con la dignidad de los compañeros trabajadores, pero también estamos decididas a no permitir que un solo día se pare el trabajo, porque plata hay, que la pongan en el pueblo». Con ese mensaje y con la amenaza de toma del edificio, llegó Bonafini al despacho de Telerman.
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