En la negociación, más o menos sincera, que iniciaron ayer duhaldistas y menemistas, surgió una pretensión que está destinada a provocar el mayor alboroto. Eduardo Duhalde le planteó a Juan Carlos Romero la conveniencia de que el congreso del PJ reemplace a la conducción actual por una Junta de Notables hasta tanto se realicen nuevas elecciones internas para autoridades partidarias. La recepción de esta propuesta en el PJ levantó ya las primeras quejas y no necesariamente en el menemismo. Rubén Marín, vicepresidente a cargo del PJ, advirtió su negativa a ese reemplazo ni bien fue informado de la propuesta de Duhalde, en una comunicación que mantuvo ayer con Jorge Matzkin.
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El gobernador de La Pampa, equidistante al menos hasta ayer de Carlos Menem y de Duhalde, dijo a un cronista de este diario que «de ninguna manera voy a integrar una Junta que pretenda reemplazar una conducción que tiene mandato hasta abril de 2003». Marín señaló que «si existe algún tipo de reparo en la actual Junta Electoral, el propio Consejo ya resolvió su reemplazo por otra en la que intervengan representantes de todos los candidatos que se inscriban para participar en la interna; pero eso no quiere decir que la mesa del Consejo deba ser reemplazada porque tal cosa significaría un golpe de Estado interno».
En rigor, la propuesta de Duhalde reabre un debate que se había cerrado en 1999. El Presidente nunca quiso reconocer legitimidad al consejo partidario que se estableció a partir de una elección convocada en 1999 y de la que participó una lista única presidida por Menem. Ese procedimiento fue convalidado por el congreso del PJ reunido en Parque Norte. El duhaldismo nunca reconoció ese congreso, a pesar de que tuvo la convalidación de la Justicia al cabo de una larga e intrincada polémica llevada a los tribunales electorales.
Duhalde abrió ahora este otro frente, acaso el más escabroso para alcanzar un acuerdo entre los distintos sectores, sobre todo porque los gobernadores del PJ están casi todos representados en la actual conducción. La pretensión de Duhalde es, entonces, casi la principal garantía de que no habrá un consenso previo para que el congreso partidario pueda sesionar en un clima de armonía.
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