Cristina Fernández (en la foto, junto a su compañero Nicolás Fernández) puso orden con un grito en la sesión del miércoles, cuando los jefes de las bancadas del Senado se enredaron en una querella sobre el cierre o no del debate sobre Southern Winds.
El Senado perdió la oportunidad el miércoles pasado de tener, de primera línea oficial, una explicación sobre la relación de algunos funcionarios del gobierno con el caso Southern Winds. Al final de esa sesión, se abrió un debate, por pedido del radicalismo, sobre la necesidad de citar a algunos ministros y secretarios, como José Pampuro y Ricardo Jaime, que terminó siendo funcional al PJ, ya que sirvió para mostrar un informe interno del Estado Mayor Conjunto, provisto a Miguel Pichetto por el ministro de Defensa, que compromete a la cúpula de la Fuerza Aérea por no haber removido al jefe militar de Ezeiza la primera semana de diciembre. Pero el principal elemento frustrado de esa sesión fue la palabra de Cristina Fernández de Kirchner.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La senadora por Santa Cruz había llegado desde Uruguay directamente a la sesión del Senado. Cuando se conoció en el bloque peronista la intención del radicalismo de volver a insistir con la interpelación a funcionarios, Pichetto armó la estrategia para dar un debate sobre el caso de tráfico de drogas. En la lista de oradores, tal como anunció a los más cercanos el otro santacruceño, Nicolás Fernández, se había anotado la primera dama.
Era el broche final pensado por el PJ para demostrar que el gobierno no tenía intención de escapar al debate en el recinto sobre el caso de la cocaína. La acción en el recinto comienza, entonces, en el momento en que Cristina Fernández debía hacer uso de la palabra. En su lugar, Pichetto levanta la mano pidiendo la palabra, lo que desconcierta a Daniel Scioli, que dirigía la sesión (ver nota aparte).
De hecho, en las cámaras de Senado TV -que transmite sesiones, reuniones de comisión y eventos a la televisión por cable-, se pudo observar claramente cómo el vicepresidente le hacía señas al jefe del bloque peronista para saber si debía abrirle o no el micrófono a Cristina. Pichetto, que minutos antes había cambiado con ella la estrategia, ratificó que él mismo sería el último orador, provocando tal confusión que dejaron afuera a Mario Losada, quien, como presidente del bloque radical, estaba penúltimo en la lista de oradores.
Todo terminó con un largo alegato de Pichetto sobre las pruebas que, a su entender, justifican el descabezamiento de la Fuerza Aérea y el pase a retiro de 13 brigadieres, y la promesa de que, cuando la investigación judicial avance, algún ministro sería convocado a comisiones. Leyó parte del informe de los ex jefes de la Fuerza Aérea que contiene la nota elevada a Pampuro por el comodoro Horacio Giagischia. Fue una magra cosecha para un debate que hubiera sido mucho más efectivo con la palabra de la senadora.
• Marcha atrás
De hecho, la presidenta de la Comisión de Defensa, la peronista por Mendoza María Perceval, reunió ayer a ese cuerpo que inicialmente resolvió citar hoy a Pampuro para que informe sobre el Caso SW. Una hora después, la propia Perceval tuvo que desdecirse cuando Pichetto salió a ratificar personalmente que el bloque peronista no apoyaba la citación a ningún ministro al Congreso.
Por la mañana, Perceval explicó que «hubo acuerdo en la comisión para que el ministro exponga sobre lo sucedido en Ezeiza, pero también sobre otros puntos referidos a su área». Se pensaba cursar hoy la citación a Pampuro coordinándola con la Comisión de Seguridad Interior y Narcotráfico, que dirige la justicialista salteña Sonia Escudero. Y junto con el ministro de Defensa se pensaba citar al interventor de la Policía Aeronáutica Nacional, Marcelo Saín, obviamente por el mismo tema.
Sin embargo, finalmente, Pichetto dejó claro que el PJ no está hoy dispuesto a ir más allá en explicaciones que lo expuesto en la sesión del miércoles con la publicidad del informe del ex director nacional de la Policía Aeronáutica, el brigadier Horacio Giagischia, que compromete al ex brigadier Carlos Rohde cuando explica que comunicó en varias ocasiones la investigación en marcha por el contrabando de cocaína y que incluso pidió la remoción del jefe militar de Ezeiza Alberto Beltrame por la relación de su hijo Walter con la causa y el hecho de encontrarse prófugo en ese momento.
Dejá tu comentario