Es bastante lógico el secreto con que se manejó la reunión de ayer entre Hugo Chávez y el vicepresidente del Congreso Judío Mundial, el rabino Israel Singer, en Olivos. La residencia presidencial fue escenario de un acontecimiento de escala internacional: Singer pertenece a una de las entidades con mayor liderazgo de la comunidad judía, especialmente influyente en los Estados Unidos. Chávez ha intervenido retóricamente en el conflicto árabe-israelí, denunciando al Estado judío por sus operaciones en Gaza y el Líbano. Hasta tal punto, que la Cancillería de Tel Aviv llamó al embajador de Venezuela para que dé explicaciones sobre esas intromisiones y censuras del gobierno bolivariano.
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Este contexto volvía especialmente riesgoso el encuentro entre los líderes del Congreso y el mandamás del régimen venezolano. Sobre todo porque Chávez dejará Córdoba para emprender una gira por Corea del Norte y, más tarde, por Irán.
Kirchner parece ajeno a estas complicaciones y se mostró espontáneo y fresco el martes pasado, cuando lo visitaron el presidente del Congreso Judío Mundial, Edgar Bronfman, el rabino Singer y el tesorero de la entidad, Eduardo Elsztain. Fue en esa reunión donde se gestó el encuentro de ayer. Cuando Bronfman le confesó a Kirchner: «Estamos muy preocupados por la posición que adopta Chávez en relación con el Estado de Israel y la comunidad judía en general», el santacruceño reaccionó de inmediato: «Está por llegar pasado mañana. Quédense y les armo una reunión con él».
Bronfman debió marcharse hacia Brasil, pero Singer permaneció en Buenos Aires y participó ayer de la entrevista. Por la mañana, antes de ir a Olivos, se reunió en el hotel Alvear con el presidente de la DAIA, Jorge Kirszenbaum. Sin embargo, por lo que declaraban anoche en esa entidad, Kirszenbaum no fue participado de la agenda que se cumpliría al mediodía. Tal vez fue prudente de parte de Singer: la relación entre Kirchner y la DAIA no atraviesa el mejor momento después del cruce de opiniones relativas a la evolución de la causa AMIA. Acaso fue ese mismo trance el que entusiasmó al propio Kirchner a animar el encuentro ayer -y a divulgar que él no había participado-: la presencia de Singer en Olivos daría a entender que sus diferencias no involucran a toda la comunidad judía y que líderes importantes de esa comunidad lo interpretan así.
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