Menem consagró a Lula y pidió "que venga al centro"
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• Reveló que, si debiera escoger un modelo de política internacional en la región, se inclinaría por el chileno, sobre todo por su acelerado acercamiento comercial a los Estados Unidos.
• Adelantó que promoverá una reducción del IVA de 21% a 15%, que procurará que se elimine el Impuesto a los Ingresos Brutos y que disminuirá sensiblemente los impuestos al trabajo.
•Sorprendidos
Estas fueron las principales novedades que aportó Menem durante el almuerzo de ayer. Ocupó el atril -traje, camisa y corbata grises-con una sonrisa y agradeció al presidente de la cámara que le asignara solamente 30 minutos para exponer. Tal vez, hubo sorprendidos: más de la mitad de su discurso estuvo referida a las estrategias que piensa emplear para combatir lacras sociales. Desde la desnutrición y las carencias sanitarias hasta la inseguridad pública. Llegó hasta esa temática después de haber arrancado en la crisis de liderazgo que le imputa al gobierno de Fernando de la Rúa, agravada a partir de julio del año pasado con la renuncia del vicepresidente (Chacho Alvarez, a quien no mencionó). Después castigó el default, la devaluación y la pesificación, «realizado todo sin un plan previo, con costos gigantescos». Conclusión: «Estamos sin crecer, y lo único que crece es el desempleo, la pobreza y la inseguridad». A partir de ese piso, para nada parecido al «veranito» oficial, comenzó a exponer su programa, en el que incluyó 500 centros asistenciales, 400.000 huertas y una infinidad de comedores para proveer a los indigentes de dos raciones diarias.
Todo ex presidente es una cantera de detalles para la historia, y a Menem no le cuesta cumplir, con 10 años de mandato. Pero la «perla» esta vez fue más antigua que su llegada a la Rosada: «Durante el primer viaje que hice a Europa como candidato, para hacer conocer nuestra propuesta, visité al alcalde de París, que por entonces era Jacques Chirac. Me dijo algo que fue decisivo después: «Si ustedes no arreglan la situación creada con Gran Bretaña a raíz de las Malvinas, se tienen que ir olvidando un poco de Europa». Por eso, dijo, «mandé al canciller designado, Cavallo, a Inglaterra, no bien asumí el gobierno. En 1998 realicé una visita a Inglaterra que fue un éxito». Cabeceó Christopher para asentir.
Se ofendió Menem con una de las preguntas, que él mismo leía desde un costado del salón, en el segundo round de su presentación. Le preguntaron por qué había sido «inhábil» para reformar las instituciones, sobre todo la educación. Después de recorrer el inventario de sus innovaciones, remató, fastidiado: «No acepto lo de inhábil. Los ineptos fueron los que vinieron después. Pero cuando uno sobresale en la Argentina le ponen la bota encima de la cabeza para mandarlo hacia abajo. También el éxito cuesta».
Experto en el manejo de la audiencia, seguramente advirtió que esa ofuscación no pasaría como un postre. Retomó Menem, entonces, el hilo esperanzado de su apuesta: «Les pido a los inversores y empresarios que se queden, que a partir de mayo vamos a respetar el derecho de propiedad y el estado de derecho, que ha sido agraviado en este tiempo. Verán que a partir de mayo mantendrán una rentabilidad como la de los '90 a partir de mayo». Nadie revisó demasiado si será posible esa restauración, pero todos aplaudieron con entusiasmo. No se sabe si, en el caso de los altos ejecutivos multinacionales, Menem es el que más los complace. Pero dejó de nuevo la impresión de ser quien más los convence.




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