Carlos Menem demostró ayer su poder de convocatoria y reunió a casi medio centenar de senadores y diputados nacionales del peronismo, en el Consejo Nacional. Eduardo Bauzá, Eduardo Menem y Carlos Corach jugaron un papel clave, ya que convencieron a una veintena de colegas de la Cámara alta de que se trataba de una invitación del presidente del partido, sin connotaciones internas, a comer asado en el quincho del PJ.
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A pesar de que los 26 diputados participantes del cónclave de la víspera se reportan en Anillaco, Augusto Alasino, Remo Costanzo, Alberto Tell, Ricardo Branda, Angel Pardo, Carlos Verna y Osvaldo Sala, entre otros, recordaron que Menem fue el único cacique del peronismo que los defendió en pleno escándalo por las supuestas coimas y no dudaron en aceptar el convite, en señal de respeto. La garantía de que no se utilizaría la foto con los legisladores para exhibirla como postal del ala menemista del Congreso facilitó los trámites. Tell y Costanzo, que oficiaron de voceros, devolvieron gentilezas al dueño de casa y agradecieron en público la actitud del riojano. «Tenemos que hablar de la calidad política de Carlos Menem», se entusiasmó el titular de la polémica Comisión de Trabajo delante del homenajeado.
Menem reconoció que «evidentemente, ustedes trabajaron bien y le facilitaron al gobierno leyes clave como el impuestazo, la ley laboral y la emergencia económica», rese-ñó Menem, mirando a las dos alas parlamentarias. «Eso sí, tenemos que ayudar a Fernando de la Rúa a terminar su mandato, porque cada vez que el gobierno tiene problemas el justicialismo debe sacar las papas del fuego», halagó a los gobernadores que el lunes firmaron el pacto que congeló los gastos hasta 2005.
Sin perder la ocasión, castigó a su sucesor porque «tiene que tomar una decisión sobre la reforma previsional y sacarla de una buena vez, sea por decreto o por ley. La verdad es que hablaron tanto de la herencia recibida que, ahora, la están dilapidando», se divirtió.
Hasta José Luis Gioja terminó yendo a la sede de la calle de Matheu, lo mismo que el chubu-tense Sala, Verna (La Pampa) y hasta el disidente Jorge Villa-verde (Buenos Aires), hoy muy próximos a Carlos Ruckauf. Villaverde, que hizo causa común con Antonio Cafiero con las sospechas por el pago de «favores» a cambio de la reforma laboral, llegó de la mano de otro «rebelde», el entrerriano Héctor Maya. Arrastrados por un aliado común, Corach, se ubicaron bien lejos de Alasino y compañía a fin de evitar roces. Faltaron Jorge Yoma, Beatriz Raijer, Julio Humada y Eduardo Arnold, quienes adujeron compromisos en sus distritos o de índole personal para justificarse.
La sorpresa fue que, entre la multitud, irrumpiera Emilio Cantarero, quien la semana próxima termina su licencia por 60 días a la banca. Maya contempló con cierto espanto la aparición.
El salteño, sindicado por un diario porteño de haber admitido el cobro de coimas y acusado por Silvia Sapag (MPN-Neuquén) de negociaciones «irregulares» en la Comisión de Combustibles, recibió el saludo de los asistentes y uno especial del anfitrión. Anoche, en el bloque del Senado se acordó que le prorrogarán la licencia y que rechazarán las renuncias de Jorge Masat y del radical Juan Melgarejo.
Los diputados observaban con humor el cuadro. De antemano, sabían que las expectativas estarían centradas en los senadores y no en ellos, ya trajinados en estos encuentros del peronismo de Olivos que no baja las banderas.
Estuvieron los conocidos de siempre Manuel Baladrón (La Pampa), la salteña Lelia Chaya, Jorge Escobar (San Juan), los porteños Javier Mouriño, Daniel Scioli y Miguel Angel Toma, Ana Mosso (Mendoza) la bonaerense Dulce Granados y Alejandro Oviedo (La Rioja). Adrián Menem rompió el bajo perfil de sus pares, pues quedó a cargo de terminar el borrador de reforma constitucional, anticipado por este diario.
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