21 de abril 2003 - 00:00

Menem suma a Reutemann y Kirchner resta a Duhalde

Carlos Reutemann junto a Carlos Menem y Juan Carlos Romero. El riojano logró lo que ningún otro candidato del PJ: la adhesión del santafesino.
Carlos Reutemann junto a Carlos Menem y Juan Carlos Romero. El riojano logró lo que ningún otro candidato del PJ: la adhesión del santafesino.
El duhaldismo utilizará la última semana de campaña para reponerse del baldazo de agua fría que le arrojó Carlos Reutemann el sábado, sumándose a la campaña de Carlos Menem. Doloroso trance el de Duhalde, acaso el principal responsable en la exaltación de «Lole», a quien quiso ver candidato a Presidente hasta hace muy poco, después de que se cerró el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Para Menem la proximidad de Reutemann no pudo ser mejor negocio: le atrae a los sectores de la clase media urbana que vieron también en el santafesino una posibilidad de saneamiento político. Desde el punto de vista político, la foto de Menem con Reutemann acaso se haya convertido en el hecho más importante del final de la campaña, a tal punto que no habría que esperar ninguna novedad de esta magnitud hasta el próximo domingo, cuando se abran las urnas.

Néstor Kirchner, quien en varias oportunidades se refirió a Reutemann con desdén, seguirá en los próximos días apelando a los dos recursos de campaña que le acercó Duhalde para el tramo final de la competencia: la figura de Roberto Lavagna y lo que queda del aparato peronista bonaerense después de las internas en las que los capitostes de esa maquinaria «escrituraron» sus candidaturas en una interna adelantada.

Es todo un problema la combinación: Lavagna debería provocar la idea de racionalidad económica y gobernabilidad, dos rubros en los que Kirchner aparece como «sospechoso». Pero todo lo que puede aportar es poco si se lo combina, como sucederá esta semana, con la movilización de la dirigencia del conurbano, acostumbrada por los Duhalde a los discursos demagógicos. De cualquier manera, no habrá que esperar demasiado de Lavagna. El ministro de Economía hace proselitismo con tan poco entusiasmo que su aporte parece ser más hijo de la presión que de la convicción política. El y Kirchner siguen distanciados.

•Cartas

En el otro extremo, Chiche Duhalde decidió empapelar la provincia con un cartel suyo en el que, con un niño en los brazos, pide que se «vote a Kirchner por la justicia social». Al mismo tiempo, la primera dama enviará más de un millón de cartas a los afiliados del segundo cordón del conurbano, el más postergado y donde la pareja gobernante ha hecho siempre sus mayores desembolsos asistencialistas. ¿Podrán los Duhalde alcanzar los dos objetivos simultáneamente? Es decir, ¿conseguirán seducir a la clase media con Lavagna y evitar que preste atención a que detrás de Kirchner se mueve lo más arcaico del aparato político nacional? Para el Presidente es un problema secundario: él cree que si su ahijado está rezagado es porque hizo una campaña errática, encapsulada en su círculo íntimo, casi agresiva. Algo escéptico, Duhalde usará parte de la semana para un viaje oficial a Chile.

«Lupín» jamás entusiasmó a los coroneles del duhaldismo pero embargo el jueves hará la última apelación a ese recurso y hablará en un acto que le organizará Alberto Ballestrini en La Matanza. Antes estará en La Plata y aparecerá al lado de Felipe Solá, quien no termina nunca de desmentir su juicio sobre los gobernadores petroleros como Kirchner: como les sobran los recursos hasta pueden imaginarse presidentes sin, al parecer, tener demasiado mérito para serlo. ¿Fue el primer guiño de Solá hacia el riojano?

Menem apuntará a abreviar la separación con los que jamás lo votarían por tener un juicio negativo sobre sus gestiones anteriores. Intentará mostrar que es capaz de cambiar y mostrar algo nuevo: hoy presentará a 200 colaboradores, sus «equipos y programas técnicos», una multitud de caras desconocidas lo suficientemente numerosa para que nadie crea que se llevó el cargo que está soñando antes del resultado final de los comicios. Después estará en lugares donde no le ofrecen desafíos: con empresarios de la Fundación Mediterránea y con Rubén Marín en La Pampa, acaso el político más gravitante hoy a su lado, sin que se trate de un menemista. Pocas innovaciones, entonces, hasta el jueves, donde se conocerá el resultado de la apuesta que jugó contra su propio entorno al decidir, a solas, presentarse en la cancha de River.

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