Después de leer los diarios, el propio Néstor Kirchner se encargó de llamar por teléfono. Y al interlocutor del otro lado de la línea lo bromeó varias veces, inclusive desde una posición desventajosa, ya que no era placentero burlarse de sí mismo por la desgracia. «No me llamás», le dijo, «aunque nos ganaron 4 a cero» (por la goleada de Independiente a Racing). Breve chichoneo telefónico y la combinación de una cita, en la Casa Rosada, hace poco más de 48 horas. Así, entonces, llegó Hugo Moyano a la entrevista con el Presidente. Pero, ¿qué había leído Kirchner en los diarios que lo indujo a llamar por teléfono al secretario general de la CGT? Simplemente, una declaración del sindicalista Juan Manuel Palacios (alter ego de Moyano), quien había expresado: «Estamos preocupados, la CGT está preocupada».
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Hasta ese momento, Moyano era un tronco a la deriva en el mar de la campaña, casi nadie le prestaba atención, tampoco él sabía bien qué decir, menos se iba a pronunciar sobre un tema cuando no desea complicar nada porque su abogado Héctor Recalde va en la lista oficial del kirchnerismo. Sin embargo, como notificó Palacios por los diarios, en Moyano anida la inquietud de que luego del 23 de octubre se puede desatar una tempestad gremial por el reclamo de mejores salarios. Y, como se sabe, para él esa consigna es la máxima prioridad de un dirigente gremial, más si ocupa la jefatura de la CGT.
También Kirchner debe pensar lo mismo -en rigor, sospecha que Moyano inevitablemente será uno de sus máximos rivales tras los comicios, aun cuando ése no sea su deseo-, de ahí la convocatoria (también reparar el olvido de no llamar al líder camionero desde hace tiempo) a la Rosada. Encuentro amable, expectante a los futuros resultados electorales, y un menú de demandas que Moyano (y José Luis Lingieri) habían preparado para el Presidente. Desde la tasa de inflación y la situación de los jubilados, a la cuestión principal que planteó la CGT: subir el mínimo no imponible de Ganancias -hoy casi en dos mil pesos- para facilitar más consumo de ciertos sectores de la sociedad.
Lo de los salarios será, tal vez, para el último trimestre del año, cuando también la CGT ordene su relación con «los gordos» y, de paso, se unifique para enfrentar a un visitante demasiado asiduo del mandatario: Víctor De Gennaro (ATE). Pero la cuestión principal seguirá abierta, a pesar del buen humor de la reunión y de ciertas menudencias. Como el interés por la salud de Saúl Ubaldini, que empeoró seriamente en el último mes, sindicalista al que Kirchner casi no conoce debido a que el cervecero fue activo en los '70, cuando confrontaba a su modo con los militares, y él permanecía en Santa Cruz ampliando su estudio jurídico.
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