19 de noviembre 2001 - 00:00

Negocian con el PJ qué leyes se votan este año

El gobierno dedicará esta semana a negociar con el peronismo una agenda de convivencia en dos niveles. En público tratará de acordar con el peronismo del Congreso una lista de proyectos de ley para tratar en el período de sesiones extraordinarias que se iniciará el 1 de diciembre. En privado, hará el último intento de convencer al peronismo de que no le conviene poner a un hombre de ese partido en la presidencia del Senado, que es la virtual vicepresidencia de la Nación tras la renuncia de Chacho Alvarez. El recurso lo cree infalible: persuadir a los caciques del PJ de los horrores de estar cerca de la ingrata tarea de gobernador.

• Cuestiones centrales


Las primeras horas en el país, tras el viaje a Alemania y Portugal, las dedicó el presidente a discutir estas dos cuestiones que cree centrales en los próximos días:

• El paquete de leyes que van a extraordinarias incluye todos los años dos tipos de iniciativas. Las que el gobierno necesita que le voten sí o sí y las que cree debe incluir como símbolo de sus intenciones pero cuya suerte no le importa nada. De las primeras el gobierno incluirá dos: la ley de presupuesto y una reforma fiscal que le permita cerrar el año con alguna suba en la recaudación de impuestos. De las segundas, pondrá en la lista la demorada ley de la reforma política y algunas modificaciones a los códigos Civil y Comercial.

• No será difícil que el peronismo ceda el consenso a un decreto de convocatoria a sesiones extraordinarias. En los años de renovación legislativa el último tramo antes de la asunción de los nuevos senadores y diputados alcanza un frenesí inusitado. Entre el 30 de noviembre y el 10 de diciembre (cuando cae el estado legislativo de todos los proyectos en danza) el gobierno y la oposición se entregan a una sobreactuación de su tarea legislativa. Con el cambio de número los pactos se evaporan y hay empezar todo de nuevo.

• Este año se agrega un elemento nuevo: antes de esa fecha Fernando de la Rúa tiene que decidir un cambio del gabinete y, como es usual en él, lo hará en cámara lenta y atado a la marcha de una nueva ley de ministerios, que estará seguramente contenida en la votación del nuevo presupuesto. Ayer en la serenidad de Olivos el presidente habló de este negocio con la oposición, con Nicolás Gallo, Rafael Pascual y José Gabriel Dumón. El presidente de la Cámara de Diputados, sin embargo, no pudo sacar del duro rostro del Presidente ninguna indicación sobre cuándo lo nombrará ministro del Interior.

• En los papeles sigue vigente la oferta, adelantada por este diario, a Ramón Mestre para migrar de Interior hacia un superministerio o «agencia» que incluirá las áreas de seguridad social, ayuda a los pobres y salud para reemplazar a Patricia Bullrich (ya en su casa), Daniel Sartor y Héctor Lombardo. El gerente de ese cambio, Chrystian Colombo, negaba anoche haber participado de esa charla en Olivos.

• De la Rúa, además de contar el viaje a Europa, fue enterado de la decisión del PJ, precipitada en su ausencia, de poner a un peronista en la presidencia del Senado. El Presidente le ha dicho a su tropa que no puede torcer esa voluntad si pesan los votos. Cree, y lo confiesa a muy pocos, que prevalecerá una negociación preelectoral con caciques del peronismo que le aseguran seguirá teniendo un vice radical. Por de pronto, Pascual esta semana será un emisario formal de la última negociación sobre el control de las dos cámaras. Consiste en la promesa de unanimidad en la elección del duhaldista Eduardo Camaño al frente de los diputados pero que el Senado siga en manos radicales. Y si eso no ocurre, guerra total y permanente que incluirá, además, la convocatoria a elecciones de vicepresidente de la Nación.

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