7 de noviembre 2016 - 16:38

"No se puede dejar la soberanía alimentaria en manos del mercado"

El geopolitólogo francés Olivier Antoine negó en diálogo con ámbito.com la posibilidad de que Estados Unidos inicie una guerra por el agua en Sudamérica. Es una lectura un poco rápida. No se puede reducir la presión de Estados Unidos en la zona solamente por el agua, respondió.
El geopolitólogo francés Olivier Antoine negó en diálogo con ámbito.com la posibilidad de que Estados Unidos inicie una "guerra por el agua" en Sudamérica. "Es una lectura un poco rápida. No se puede reducir la presión de Estados Unidos en la zona solamente por el agua", respondió.
Olivier Antoine, especialista en seguridad alimentaria global y bioenergía e investigador del Instituto Francés de Geopolítica y de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Burdeos, llegó a la Argentina para profundizar el estudio geopolítico en los trabajos de agricultura y alimentación nacionales. De recorrida por Tucumán, donde brindará un seminario impulsado la Universidad de San Pablo Tucumán, el Instituto de Desarrollo Productivo y la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional (ExportAr), Antoine accedió a una entrevista telefónica con ámbito.com para abordar diversas "agroproblemáticas" internacionales y locales.

En una extensa charla con este medio, el doctorando en los conflictos argentinos de este tipo, aseguró que los que "manejan el agua controlan el destino de la tierra", negó la posibilidad de que Estados Unidos inicie una "guerra por el agua" en Sudamérica y se desilusionó con la alta cantidad de producción de alimentos argentinos y los actuales índices de pobreza. "No puede ser que la Argentina teniendo tanta riqueza no pueda resolver el problema de la nutrición de su población", afirmó.

Agricultura, biocombustibles, las necesidades chinas, el agua dulce y hasta las Malvinas. Aquí, lo más destacado de la conversación con uno de los jóvenes expertos de la nueva Geopolítica.

Periodista: ¿Cómo se entiende a la Geopolítica del Siglo XXI?

Olivier Antoin: Muchos la vinculan a relaciones internacionales, algo muy global. Eso es una herencia de la vieja Geopolítica. Hoy se trata de las rivalidades de poder por el territorio, desde algo muy local, micro, hasta algo global, donde el Estado pasa a ser un actor muy importante, entre otros. La Geopolítica busca ver la relación entre distintas escalas, actores o representaciones del conflicto, cuando existe uno o cuando hay necesidad de prevenirlo.

P.: Como por ejemplo, ¿cuándo hay disputas por la tierra y de lo que en ella se produce?

O.A. La agricultura por ser una actividad que se desarrolla en territorios geográficos es también una herramienta de poder, de política. Lleva miles de años de ser un asunto geopolítico pero desapareció de la agenda internacional. Desde las 'Revueltas del hambre' de 2007, nos dimos cuenta cómo la agricultura y la alimentación eran factores de poder no solamente desde un Gobierno, sino también desde la sociedad civil. Desde ese año hemos tenido más de 100 conflictos con la sociedad civil en las calles, pidiendo por mejor y más comida, precios más bajos, y eso desembocó en algunos casos en derrocamientos de gobiernos. Por eso, la agricultura y la alimentación se volvieron centrales para cualquier organización internacional, gobierno o provincia, interesada en entender la raíz de algunas cuestiones de la sociedad civil.

P.: ¿Hoy en día el principal conflicto internacional es por la comida?

O.A.: No hay 'un' principal conflicto, pero es uno de los principales. Tenemos casos como en Siria, que el principal conflicto no es por la alimentación, pero donde una de las razones que llevó a los sirios a revelarse fue la agricultura. Siempre es interesante e importante mirar la raíz agraria de los conflictos. Las revueltas de la Primavera Árabe tienen un fuerte componente agrario, que se ocultó porque había otras razones, nunca hay una sola razón. En Túnez empezó en el campo, por un vendedor de frutas al que le impidieron vender sus productos en un momento en que los precios de los alimentos estaban altísimos.

P.: ¿China es una amenaza para el abastecimiento de alimentos a nivel mundial?

O. A.: No diría amenaza, pero sí un jugador con mucha influencia. No es lo mismo darle de comer a 40 millones de personas que a 1.500 millones. China tiene un peso económico y una necesidad de abastecerse que son vitales, no solamente para aplacar a su sociedad y no tener revueltas, sino proyectarse como potencia hacia el mundo.

P.: ¿Por ese motivo es tan cuestionada la producción de alimentos que luego se utilizan para generar energía?

O.A.:
La situación de los biocombustibles es muy interesante. En 2007 hubo un informe de las Naciones Unidas donde se acusó fuertemente a los biocombustibles de tener la culpa del hambre en el mundo. Pero en 2011, cuando se da un pico mucho más alto de los precios de los alimentos y con mayores superficies sembradas para eso, ya nadie hablaba más. Llama la atención esa correlación entre biocombustibles y alimentos. Es cierto que en algunas zonas donde hay mucha presión por los recursos, como en África, destinar la agricultura para biocombustibles en lugar de darle de comer al conjunto de la población causa problemas. Sin embargo, en países donde no hay ninguna presión, no entran en choque. En Geopolítica es importante mirar cada caso en particular porque tratar de dar una respuesta global a una problemática local es un gran problema.

P.: ¿Y cómo se explica el caso de la Argentina que produce alimentos para 300 millones de personas y tiene 32,2% de pobreza, suena a pérdida de la soberanía alimentaria?

O.A.: Ese es un gran problema. Acá hay una gran necesidad de una política pública fuerte para resolver el caso. Está claro que es un problema que no se pude dejar en manos del mercado. Hay que ver en cada región, ciudad y periferia de las urbes, en un trabajado en conjunto entre Nación y provincias, cómo resolver ese problema. No puede ser que la Argentina teniendo tanta riqueza no pueda resolver el problema de la nutrición de su población.

P.: ¿Cuánto influye el control del agua para el desarrollo de los países?

O.A.: El que maneje el agua controla la tierra. Sin agua no se hace mucho. El agua es vital.

P.: Controlar el agua es tener poder, es un factor de poder. ¿Esto puede desencadenar algunos enfrentamientos armados por el agua?

O.A: Eso es un mito para mí. Desde 1995 que salió una frase famosa del vicepresidente del Banco Mundial, el egipcio Ismail Serageldin, que dijo que 'las guerras del siglo XXI iban a ser por el agua', pero hasta ahora no hubo ninguna guerra por el agua. El agua es un factor entre otros, aunque un factor importante de poder. Es muy fácil ver dónde se ejerce hegemonía o violencia por el agua, esa violencia muchas veces desde la representación, no la violencia armada. Muchas veces son negociaciones para tratar de tener uso y control del gua por sobre otra población. Hoy Egipto está negociando con Etiopía para que deje pasar agua del río Nilo por la represa del Renacimiento para que no le quite agua la agricultura egipcia, porque es un factor de estabilización social muy fuerte. Ahí tenemos el agua como un factor conflictivo, pero como factor de guerra todavía no se ha encontrado. Si hay guerras no será por el agua, el agua será un factor más.

P.: ¿Queda debilitada entonces la versión de que los Estados Unidos "van a venir" por el Acuífero Guaraní, el mayor reservorio de agua de Sudamérica?

O.A.: Es algo que escucho mucho de algunos escritores de geopolítica, yo no creo que sea así. Es una lectura un poco rápida. Que haya un país interesado en el recurso hídrico de otro país, puede ser, ocurrió en otros lugares. Pero solamente mirarlo desde ese ángulo es un poco rápido. No se puede reducir la presión de Estados Unidos en la zona solamente por el agua.

P.: ¿Se sabe cuántos años le quedan al planeta Tierra de agua dulce?

O.A.: No hay un estudio oficial, depende mucho del cambio climático. Hoy en día hay más agua de la que se necesitaría, lo que pasa es que está mal repartida. Se dice que se necesitan por debajo de 1.000 metros cúbicos por habitante por año. Y en algunas zonas donde hay mucha agua, como Brasil, hay 45.000 metros cúbicos por habitante. Los problemas serios de agua los encontramos en el norte de Brasil o en la región desértica del Sahara, y nos preguntamos: ¿el problema es el agua o la infraestructura y la voluntad de hacer llegar el agua a esos lugares? No hay un estudio que diga que en 20 años no va haber más agua, agua va a seguir habiendo. El tema va a ser cómo la vamos a repartir, con qué voluntad política y con qué ganas de ejercer un poder o no. En algunos casos, cómo vamos a querer integrar o marginar zonas por medio de la falta o el desarrollo de infraestructura para que llegue el agua o el riego.

P.: ¿Cómo debería encarar el Gobierno argentino el conflicto de soberanía por el territorio de Malvinas con el Reino Unido?

O.A.: Lo primero es sentarse a hablar. No creo que se vaya a resolver otra vez por las armas, y espero que no surja así. Hay que ver qué quieren el Reino Unido y la Argentina. Aparentemente aquí hubo un cambio drástico de políticas entre el gobierno anterior y el actual, y eso cuando te sentás a una mesa de negociación un día alguien te dice blanco y al otro día el mismo actor viene y por medio de otro portavoz te dice negro, ¿cómo podés avanzar? Hay que tener una línea firme entre los distintos gobiernos. Es un tema que va llevar tiempo. La postura tiene que ser unida y mantenerse en el tiempo, no se puede cambiar de posición. La posición del Reino Unido no cambia.

P.: Pero es difícil sentarse a dialogar con alguien que no quiere hablar.

O.A.: Para eso hay que influir en el ámbito internacional para poder llegar a que se sienten, es un trabajo de largo aliento. No creo que la Argentina deba hacer concesiones, no veo por qué debiera hacerlo.

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