21 de junio 2002 - 00:00

No se sabe quién gana, pero sí quién ya perdió

No hay en el duhaldismo ni en el menemismo nadie que sepa, a ciencia cierta, a quién beneficia en definitiva la aparición conjunta de Carlos Menem y Eduardo Duhalde. En cambio, casi toda la dirigencia peronista sabe en contra de quiénes se produce el encuentro, lo que en política suele ser más importante muchas veces. Veamos los subalternos afectados: el primer afligido es Carlos Ruckauf, respecto de quien tanto el Presidente como el riojano tienen agravios. En el caso de Menem, porque lo considera un desleal. En el de Duhalde, porque terminó defraudado al contemplar los esfuerzos que realizó el actual canciller para quedarse con la presidencia de la Nación transgrediendo las jerarquías bonaerenses (finalmente Duhalde para llegar a la Presidencia debió cortar la carrera que Ruckauf llevaba adelante por su cuenta).

El otro que mira con temor la aproximación de esos dos planetas es Esteban Caselli: en una conducta muy atípica para un dirigente político, Caselli declaró en contra de quien fue su jefe en la causa judicial que se sigue por el contrabando de armas. Menem lo acusa por haber sido el principal factor para que lo pusieran preso. Duhalde no derramaría una lágrima por Caselli.

•También Soria

Finalmente, también Carlos Soria podría ser una víctima del encuentro entre Menem y Duhalde. El riojano consideró siempre que fue un error del Presidente poner al frente de la SIDE a un extraño, subordinado a José Luis Manzano, y no a un hombre que le dé garantías personales sobre su conducta (terminó de convencerse después de una comida que le ofrecieron en la CIA en su reciente viaje a Washington). Al cabo de lo que va de su gobierno, muchos en el entorno de Duhalde se inclinan a pensar como Menem.

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