24 de abril 2002 - 00:00

Nombres pero desconcierto. Drama Guadagni

Alieto Guadagni, un constante de los gobiernos -inclusive con Carlos Menem-, ayer hasta se probó el sillón vacante de ministro de Economía y lo volteó la asamblea rara de Olivos. Luego lanzaron el nombre de Javier González Fraga. Falso. «Ni me consultaron», le confesó anoche a este diario. Luego una retahíla de nombres: Juan Schiaretti y Humberto Petrei, de Córdoba, que rompieron hace años con Domingo Cavallo. Guillermo Calvo, en Estados Unidos, estupendo economista pero imposible porque escribió un libro, «Miedo a flotar», cuando Duhalde quiere cambio fijo. Martín Redrado -que propuso el canciller Ruckauf-. Merece contarse el drama de Guadagni porque pinta bien el desconcierto del Presidente y el gran drama del país para salir de la encrucijada. Guadagni ayer sesionó durante buena parte del día en la consultora que comparte con Mario Brodersohn y José María Dagnino Pastore, Macroeconómica, de Lavalle entre San Martín y Reconquista. Allí Alieto Guadagni, el ministro nominado por Eduardo Duhalde y bochado -se supone- en horas, garabateó un plan, ponderó colaboradores, discutió condiciones (entre ellas, que no hubiera conflicto con la Corte en materia de política bancaria). Duró poco: anoche no superó el test de una megacumbre convocada por el Presidente en Olivos, en la que desde distintos sectores comenzaron a vetarlo. Perceptivo, Guadagni se acercó al Presidente y le confesó que no aceptaría el cargo. Duhalde no lo había proclamado formalmente, pero lo había ubicado a dos sillas de la suya, expuesto ante todos. Casi una invitación a hacer maldades y mortificar a los bonaerenses, género al que pertenece también Guadagni. Irritado, el potencial ministro dejó la residencia presidencial de manera desenfrenada. Tanto que, hacia las 10.30 de la noche, Duhalde lo mandó a llamar y era imposible localizarlo. Misterios de la función pública, al Presidente Guadagni siempre se le escapó de las manos. En la provincia le duró apenas un par de semanas y debió dejar la jefatura de Gabinete que le había encomendado. Todo porque un día el funcionario decidió organizar una reunión del gobierno por su propia cuenta, sin consultar a «Negro» (así llaman los más íntimos a Duhalde). No fue ayer la primera vez que a Guadagni le toca ser ministro «por horas». Cuando Menem exoneró a Domingo Cavallo, en agosto de 1996, convocó a Alieto para que lo reemplazara. También duró poco: en un rato lo reemplazaron por Roque Fernández.

En esa vieja «cueva» del microcentro porteño, Guadagni mantuvo discusiones y llevó adelante el «casting» de sus colaboradores, acompañado entre otros por el propio Brodersohn -una de las dos o tres personas con mayor acceso a la intimidad de Raúl Alfonsín-, Juan Sommer -ex subsecretario de Financiamiento de la gestión de Juan Sourrouille-, Miguel Cuervo -ex subsecretario de Industria durante la gestión de Roque Fernández-, Marcelo Garriga y Dante Sicca -del Centro de Estudios Bonaerenses-.

El ambiente parecía imponer las ideas, con cierto aire de familia hacia el plan Primavera (aunque con variaciones notorias): tipo de cambio fijo, controles sobre el mercado que tal vez disparen el dólar marginal y, con poca precisión, algún sistema de bandas. ¿El acuerdo con el Fondo? No se descartó en esas tertulias pero el programa que idearon Guadagni y los suyos no lo suponen imprescindible. Grave esto.

Por la oficina de Brodersohn y Guadagni pasaron varios economistas a los que les ofrecieron distintas posiciones en el nuevo equipo. El nuevo ministro no le adelantó a nadie cuál es su plan, tal vez porque a la hora en que se producían las entrevistas -entre las 11 y las 15.30- no tenía precisiones. Aún no se había entrevistado con Jorge Remes Lenicov, con quien se encerró entre las 16 y las 19 en el Palacio de Hacienda.

Como siempre en estos casos de convocar futuros gobernadores, lo que más se obtienen son rechazos. No quiso aceptar Hacienda Leonardo Anidjar -ex Bansud y ex candidato a ministro de Economía de Eduardo Angeloz durante la campaña de 1989-, aunque mantuvo una larga discusión técnica con Sommer. Sin embargo, no quiso ingresar en el gobierno, actitud similar a la que había adoptado cuando lo invitaron a reemplazar a Oscar Lamberto. Tampoco Miguel Kiguel ni Pedro Lacoste ni Nicolás Gadano ni Alfredo Canavese ni Rafael Di Tella (hijo del ex canciller) aceptaron.

De las oficinas de la consultora, Guadagni se dirigió a Economía, ya con porte de un ministro a punto de asumir. Habló con Remes un par de horas y le solicitó información sobre el área, sin dar demasiadas precisiones sobre la política que pensaba llevar adelante. Remes quedó convencido de que sería su sustituto.

La llegada de Guadagni a la sucesión del renunciante fue el resultado de una marcha que se inició el viernes. Ese día, Duhalde consultó con varios contertulios (mantuvo reuniones sucesivas con dirigentes bonaerenses y parlamentarios) sobre el futuro de la gestión económica. Uno de los visitantes de Olivos fue Antonio Cafiero, quien paseó con el Presidente por los jardines de Olivos, a solas. Allí, sin el temor que provoca a los hombres de Estado la eventual presencia de micrófonos, Cafiero sugirió el nombre de Guadagni, quien fue su ministro de Obras Públicas en la provincia y su amigo de toda la vida (los dos provienen de la democracia cristiana de los '50).

• Otros movimientos


A esta toma de distancia de Duhalde con Remes Lenicov le siguieron otros movimientos de separación. Entre ellos, la reunión que mantuvo el sábado por la noche con Daniel Carbonetto, Rodolfo Frigeri, Eduardo Setti y Carlos Leyva. Duró casi cuatro horas durante las cuales se entonó el himno al tipo de cambio fijo y, enseguida, su eventual consecuencia: los economistas invitados a comer a Olivos defendieron ante el Presidente la tesis según la cual el país puede tener una estrategia económica independiente de las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional. Más grave.

Tal vez ninguno de los cuatro invitados, que discutieron luego sus ideas con los miembros del equipo económico, percibió -¿o sí?- que estaban trabajando sobre el miedo principal de Duhalde: la posibilidad de que una suba indiscriminada del tipo de cambio se traslade a los precios de la canasta básica de alimentos y provoque un estallido social en el conurbano bonaerense (ayer, durante la reunión con peronistas que mantuvo en Olivos, el Presidente confesó que atribuye al tipo de cambio fijo la «magia» de evitar esa eventualidad que tanto lo perturba).

Con estas ideas en la cabeza, Duhalde convocó a Guadagni el lunes por la tarde. Estuvo dos horas con él, con la excusa inocente de hablar sobre el gasoducto a Bolivia. Una ironía: sería la venta de gas a ese país el origen de la caída de Guadagni, empujada -entre otros- por Juan Carlos Romero, víctima como gobernador de Salta de la gestión del secretario de Energía en ese punto.

Durante esa reunión, Duhalde le preguntó un par de temas clave al candidato a ministro. La más importante, obviamente, si aceptaría el tipo de cambio fijo como política. A un amigo de Brodersohn, Sommer y Frenkel no le podía resultar disparatada la propuesta. Eso pareció convertirlo en ministro. Anoche el vocero Eduardo Amadeo le puso fin a sus aspiraciones y ofrecimientos.

La oferta del cargo llegó a producirse formalmente ayer durante una reunión de 15 minutos, a solas, en la que Duhalde convocó a Guadagni en presencia de José Pampuro, mientras los tres comían galletitas con queso.

La caída de Guadagni fue más vertiginosa que su ascenso. A las 13, aproximadamente, la noticia de la salida de Remes y la sustitución por el secretario de Energía llegaba a los principales despachos del poder (curiosamente, Mario Blejer, nada menos que presidente del Banco Central, se enteró del dato por un economista que almorzaba con él en ese momento: en el comedor de Blejer se habían sentado Kiguel, Miguel Angel Broda, Ricardo Arriazu y Juan Carlos de Pablo). El reemplazo causó sorpresa y alarma en todos, menos en Blejer, muy diplomático aun en emergencias. Raúl Alfonsín, a diferencia del presidente del Central, mereció una comunicación personal de Duhalde informándole sobre el reemplazo. Don Raúl, que había sido informado por Brodersohn mucho antes, bendijo la designación. También grave. Todo quedaba en familia y la nueva alianza se fortalecía.

En cambio, en el peronismo la noticia cayó mal. En el Congreso la promoción de Guadagni fue vista como un avance de Cafiero, quien se ha restado muchas amistades a partir de las denuncias de 2000. En el circuito de las provincias petroleras esa falta de afecto se mostró más aguda: varios gobernadores y legisladores se la tenían jurada a Guadagni por su agresividad con el sector y se lo hicieron notar a Duhalde anoche, en Olivos, de manera más o menos discreta. Sin embargo, habría sido la contraindicación de Rubén Marín y de José Manuel de la Sota la que más pesó en la escena final de Olivos, anoche, con Guadagni saliendo de la casa sin destino determinado y envuelto en llamas por la furia. Le sacaron el juguete de las manos cuando ya le había dado cuerda al máximo.

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