Nombres pero desconcierto. Drama Guadagni
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La llegada de Guadagni a la sucesión del renunciante fue el resultado de una marcha que se inició el viernes. Ese día, Duhalde consultó con varios contertulios (mantuvo reuniones sucesivas con dirigentes bonaerenses y parlamentarios) sobre el futuro de la gestión económica. Uno de los visitantes de Olivos fue Antonio Cafiero, quien paseó con el Presidente por los jardines de Olivos, a solas. Allí, sin el temor que provoca a los hombres de Estado la eventual presencia de micrófonos, Cafiero sugirió el nombre de Guadagni, quien fue su ministro de Obras Públicas en la provincia y su amigo de toda la vida (los dos provienen de la democracia cristiana de los '50).
• Otros movimientos
A esta toma de distancia de Duhalde con Remes Lenicov le siguieron otros movimientos de separación. Entre ellos, la reunión que mantuvo el sábado por la noche con Daniel Carbonetto, Rodolfo Frigeri, Eduardo Setti y Carlos Leyva. Duró casi cuatro horas durante las cuales se entonó el himno al tipo de cambio fijo y, enseguida, su eventual consecuencia: los economistas invitados a comer a Olivos defendieron ante el Presidente la tesis según la cual el país puede tener una estrategia económica independiente de las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional. Más grave.
Tal vez ninguno de los cuatro invitados, que discutieron luego sus ideas con los miembros del equipo económico, percibió -¿o sí?- que estaban trabajando sobre el miedo principal de Duhalde: la posibilidad de que una suba indiscriminada del tipo de cambio se traslade a los precios de la canasta básica de alimentos y provoque un estallido social en el conurbano bonaerense (ayer, durante la reunión con peronistas que mantuvo en Olivos, el Presidente confesó que atribuye al tipo de cambio fijo la «magia» de evitar esa eventualidad que tanto lo perturba).
Con estas ideas en la cabeza, Duhalde convocó a Guadagni el lunes por la tarde. Estuvo dos horas con él, con la excusa inocente de hablar sobre el gasoducto a Bolivia. Una ironía: sería la venta de gas a ese país el origen de la caída de Guadagni, empujada -entre otros- por Juan Carlos Romero, víctima como gobernador de Salta de la gestión del secretario de Energía en ese punto.
Durante esa reunión, Duhalde le preguntó un par de temas clave al candidato a ministro. La más importante, obviamente, si aceptaría el tipo de cambio fijo como política. A un amigo de Brodersohn, Sommer y Frenkel no le podía resultar disparatada la propuesta. Eso pareció convertirlo en ministro. Anoche el vocero Eduardo Amadeo le puso fin a sus aspiraciones y ofrecimientos.
La oferta del cargo llegó a producirse formalmente ayer durante una reunión de 15 minutos, a solas, en la que Duhalde convocó a Guadagni en presencia de José Pampuro, mientras los tres comían galletitas con queso.
La caída de Guadagni fue más vertiginosa que su ascenso. A las 13, aproximadamente, la noticia de la salida de Remes y la sustitución por el secretario de Energía llegaba a los principales despachos del poder (curiosamente, Mario Blejer, nada menos que presidente del Banco Central, se enteró del dato por un economista que almorzaba con él en ese momento: en el comedor de Blejer se habían sentado Kiguel, Miguel Angel Broda, Ricardo Arriazu y Juan Carlos de Pablo). El reemplazo causó sorpresa y alarma en todos, menos en Blejer, muy diplomático aun en emergencias. Raúl Alfonsín, a diferencia del presidente del Central, mereció una comunicación personal de Duhalde informándole sobre el reemplazo. Don Raúl, que había sido informado por Brodersohn mucho antes, bendijo la designación. También grave. Todo quedaba en familia y la nueva alianza se fortalecía.
En cambio, en el peronismo la noticia cayó mal. En el Congreso la promoción de Guadagni fue vista como un avance de Cafiero, quien se ha restado muchas amistades a partir de las denuncias de 2000. En el circuito de las provincias petroleras esa falta de afecto se mostró más aguda: varios gobernadores y legisladores se la tenían jurada a Guadagni por su agresividad con el sector y se lo hicieron notar a Duhalde anoche, en Olivos, de manera más o menos discreta. Sin embargo, habría sido la contraindicación de Rubén Marín y de José Manuel de la Sota la que más pesó en la escena final de Olivos, anoche, con Guadagni saliendo de la casa sin destino determinado y envuelto en llamas por la furia. Le sacaron el juguete de las manos cuando ya le había dado cuerda al máximo.




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