24 de diciembre 2003 - 00:00

Nueva cúpula radical demora planes de 2004

La demora del comité nacional de la UCR por definir su perfil político sigue carcomiendo el consenso interno inicial logrado por el chaqueño Angel Rozas para su reelección al frente del centenario partido. La Unión Cívica Radical, golpeada por la reabierta causa de las coimas en el Senado, se prepara para enfrentar 2004 con una batería de vagas ideas que comprenden la convocatoria a un discutido congreso internacional que tendrá el carácter de «reafirmación ideológica», la creación de una fundación institucional que junte fondos para educar dirigentes y un programa de trabajo político para el año. De la estrategia que adoptarán frente al gobierno, nada.

Mientras que el reelecto presidente del comité nacional, y quienes lo han acompañado, se afanan en subrayar que «sólo cuando estén determinadas las responsabilidades en forma judicial, en el tema coimas, habrá expulsiones» -afirmó, enfático, el sanluiseño Walter Ceballos-, desde Mendoza el ahora electo diputado Roberto Iglesias dice que el comité nacional de la UCR «no puede expulsar a nadie antes de que intervenga la Justicia».

En realidad, las dos partes en pugna opinan lo mismo. El oficialismo aliado y promovido por Raúl Alfonsín está seguro de que en la prime-ra quincena de febrero se terminarán de limar las asperezas internas que quedan y la mesa del comité nacional será completada. Sostienen, además, que cuando Iglesias reclama que «el partido no tiene por qué encubrir a nadie» por las coimas, como se escuchó decir ayer por la tarde en Mendoza, está interpretando lo que quieren todos, oficialistas y opositores. Tanto, que Ceballos fue quien precisó que «recién habrá suspensiones cuando en la Justicia se ordenen procesamientos, nunca antes», subrayó.

Lo que ocurre es que el tiempo sigue corriendo y no termina de estructurarse una oposición al gobierno peronista de Néstor Kirchner. Incluso quienes desde el radicalismo quieren petardear a Rozas le disparan, preguntándose: «¿En ese acercamiento a Kirchner está incluido Alfonsín?». Y continúan el razonamiento contestándose: «Salvo que Kirchner tenga que enfrentar a Duhalde; si no, ¿para qué los quiere a Rozas y a Alfonsín?».

Imaginando que pueden iniciar la reestructuración de una alicaída UCR -«dejando tres cuartas partes de ella afuera», se enojó el porteño Rafael Pascual-, están preparando un congreso al estilo de los que convoca la Internacional Socialista, al que serán invitadas a disertar personalidades extranjeras. «Será para la reafirmación ideológica», señaló Ceballos. Una postura que, lejos de cosechar elogios, generó rechazos.

«Contrariando toda una historia de claros liderazgos políticos, Alfonsín eligió inclinarse hacia la izquierda y dejó afuera a buena parte del partido»
, dijo, en cambio, Pascual. Que anticipó que no integrará el comité nacional, mientras Rozas no se retracte de haberle adjudicado al sector delarruista la exigencia de los dos tercios de votos para ser reelecto en el comité nacional. «Que la impuso un señor que se llamaba Moisés Lebensohn», disparó, aludiendo a uno de los dirigentes más importantes que tuvo la UCR, que inspiró a la juventud radical bonaerense en los años '40 y '50.

Entre los planes del oficialismo radical para febrero, figura el lanzamiento de una fundación institucional del partido, que llevará por nombre el de un barbado ícono partidario: Leandro N. Alem. El propósito declarado será recaudar fondos que aporten los socios en forma personal -aunque los radicales son duros de bolsillo, partidarios y de otras fundaciones, nacionales y extranjeras.

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