No se reivindican como caceroleros, pero también quieren cambiar la forma de hacer política con un nuevo partido, bautizado 1810. Son jóvenes profesionales que pretenden trasladar la experiencia gerencial de la actividad privada -en la que actualmente se desempeñan-a la pública, y ya proponen que habría que elegir ministros mediante una consultora de personal para que «lleguen los más capaces».
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«Queremos terminar con el modelo de déficit fiscal y corrupción, que inauguró Raúl Alfonsín y profundizaron Carlos Menem y Fernando de la Rúa, y que colapsó por falta de financiamiento», denuncian. A cambio, auspician un esquema de superávit y transparencia.
Hace un año, se los hubiera calificado de utópicos; hoy colectan adherentes a diario sin hacer propaganda ni actos políticos, salvo el boca a boca y una página Web (1810.org.ar), además de tener encaminada la personería jurídica en la Ciudad de Buenos Aires.
Encabezan la agrupación Marcelo Bomrad y Eduardo Finkel, ambos ingenieros industriales y con experiencia previa en UPAU (la rama universitaria de conservadores y liberales en los '80-'90). El resto de la cúpula la animan Darío Curátola, Alejandro Burcheri y Facundo Manes, que es médico y se desempeña como jefe de neurología cognitiva del FLENI.
En diciembre, mientras el gobierno de Fernando de la Rúa, entraba en la fase final, fundaron el partido que comenzó a gestarse con los votos en blanco e impugnados del 14 de octubre. El 28 de febrero se lanzaron formalmente con un acto en un salón en Balvanera, y el 25 del mes que viene montarán un cabildo abierto en el histórico predio porteño, frente a Plaza de Mayo.
Reivindican a quienes, según ellos, «dieron testimonio de querer cambiar algo», aun cuando no hayan cumplido sus objetivos y no compartan la ideología de este grupo. En ese rincón de privilegio, mezclan a Carlos Chacho Alvarez -«que quiso limpiar de 'ñoquis' el Senado»- con Ricardo López Murphy -«sería nuestro ministro de Economía»-, y hasta Luis Zamora porque «rechazó la jubilación de privilegio que le correspondía como ex diputado».
A Elisa Carrió también la elogian por sus denuncias por presuntos casos de corrupción. «Pero le falta experiencia ejecutiva y defiende el modelo de déficit», apuntan con tono muy crítico. A todas las figuras mencionadas les falta completar el esquema que ellos defienden, por eso se presentan como alternativa. Entre otras propuestas, sostienen que los comisarios deberían ser elegidos por voto directo de la ciudadanía y que las jubilaciones de privilegio podrían pagarse con bonos. «Los denominaríamos CadORNA, sigla que significa Cancelación de Obligaciones de la República Nacional Argentina», ironizó Bomrad. « Y con el Presupuesto del PAMI, podríamos darle $ 100 por mes a cada jubilado para que se paguen una prepaga», concluyó.
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