Obispos lanzan plan para fiscalizar elecciones

Política

Tras la orden del cardenal Jorge Bergoglio, los obispos católicos activaron el minucioso trabajo de comenzar a fiscalizar y a «curar» las divisiones existentes entre la Iglesia y el poder político.

Esa tarea, acordada en la última Conferencia Episcopal, tuvo ayer un esbozo concreto en el convulsionado escenario de Santa Cruz, donde el combativo obispo Juan Carlos Romanín mantuvo un encuentro con el gobernador Daniel Peralta. «La reunión despierta mucha esperanza, porque Peralta viene con muchos deseos de empezar lo más pronto posible a tratar de encontrar una solución a la situación, que es lo que necesitábamos», enfatizó Carlos Angel, vicario general de la diócesis patagónica.

El dato no es menor, porque precisamente en Río Gallegos la profundización del conflicto se vio atizada por las lacerantes declaraciones del purpurado contra la figura presidencial. Peralta, quien se considera «amigo personal» de Romanín, supo desde antes de asumir que para encauzar la crisis social era necesario sumar a la Iglesia local a la mesa de negociación. Este concepto, precisamente, fue el factor que ralentó su desembarco en la gobernación santacruceña porque, hay que decirlo, al propio Néstor Kirchner la idea le revolvía las entrañas.

El flamante gobernador se llevó de la reunión el respaldo necesario para consolidar a futuro un escenario domesticado. «Viene con lo que necesitamos, a solucionar esta situación», indicó Romanín al retirarse del domicilio particular de Peralta, desde donde se dirigió a la Carpa de la Dignidad para transmitirles a los docentes los términos del diálogo.

  • Provincia pionera

    Pero no sólo Santa Cruz sabe de historias de encuentros y desencuentros entre ambas instituciones. Pionera fue, sin duda, la provincia de Misiones, que exportó el modelo de Joaquín Piña hacia otras diócesis y abrió un nuevo desafío para la Iglesia: la participación activa de los religiosos en los procesos eleccionarios.

    El triunfo de Piña sobre las aspiraciones reeleccionistas de Carlos Rovira se leyó como la primera derrota electoral de Kirchner, pero agravada por habérsela propinado un obispo.

    En un año electoral y en medio de un clima político de por sí enrarecido, la sucesión de choques entre obispos y mandatarios provinciales no es un tema menor. Por eso, hay que tener en cuenta otros guiños:

  • En La Rioja, un llamado del obispo Roberto Rodríguez al propio Kirchner destrabó el envío de 15.750.000 pesos extra adeudados por la Nación. El Obispado informó que el Presidente «se había enterado por los medios» de la preocupación de Rodríguez por la falta de la llegada de esos recursos. «A raíz de eso, me aclaró las cosas y me dijo que había dispuesto la transferencia», sostuvo el obispo, quien se había reunido anteriormente con el gobernador interino, Luis Beder Herrera.

  • El gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, acercó posiciones con el obispo Jorge Luis Lona, tras un prolongado desencuentro. Hablaron de temas vinculados al funcionamiento de los colegios privados, los sueldos docentes y el bono educativo. Y de las próximas elecciones, en las que el actual gobernador buscará su reelección.

  • Hace algunos días, otro que activó un acercamiento con el poder político local fue el reemplazante de Piña en Misiones, Marcelo Martorell, quien intentó recomponer las quebradas relaciones con el gobernador Rovira en un cordial y distendido encuentro que mantuvieron en la residencia oficial. El obispo de Iguazú dijo que recibió una diócesis con graves problemas financieros y de infraestructura: el gobierno comprometió apoyo económico.

    Sin embargo, hay situaciones que parecen no tener retorno. En Santa Fe, por ejemplo, el más reciente encontronazo se produjo entre monseñor José María Arancedo y el gobernador Jorge Obeid, por las inundaciones que sacudieron a esa provincia y que dejaron como saldo una decena de muertos y más de 50.000 evacuados.

    Otra relación que parece imposible de remontar es la del purpurado tucumano y vicepresidente de Bergoglio en la conducción del Episcopado, Luis Villalba, con el gobernador José Alperovich.

    Además de los cuestionamientos a la reelección del mandatario y del manejo de la Justicia local, molesta al purpurado la referencia a Dios en la reforma a la Constitución provincial y la designación de un sacerdote, que incluso dejó los hábitos por amor, en la cartera social.

    También en Chaco la Iglesia está decidida a mantener una postura combativa, pero en este caso de acción directa contra Kirchner. «Lo que muchos quieren no es que pidamos perdón de nuestros yerros, sino que reneguemos de nuestra fe, y, sobre todo, de vivir conforme a ella. Que, como ellos, aplaudamos el divorcio y lo propongamos como ideal de libertad; que bendigamos el aborto y la muerte de los viejos inútiles; que brindemos porque el matrimonio ya no es más sólo entre varón y mujer; que los curas rompamos nuestras promesas», castigó el arzobispo emérito de Resistencia, monseñor Carmelo Giaquinta. Y advirtió: «Quieren que el 'amén' signifique 'no'. Y que el 'no' sea el nuevo 'amén'. No les inquietan nuestros pecados, sino que el testimonio de nuestra vida santa los presione a convertirse».
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