Como anécdota quedan sus días de militancia barrial en el peronismo de San Justo, en plena primavera cafierista. Su acercamiento, por carta, a Chacho Alvarez en los 90 y su posterior alineamiento detrás de la hoy hiperopositora, Elisa Carrió.
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Graciela Ocaña, 47 -nació el 16 de setiembre de 1960, en San Justo- se convirtió en una de las figuras de recambio que eligió Cristina de Kirchner para retocar el gabinete heredado. Ahora pilotea el PAMI: desde diciembre será ministra de Salud en reemplazo de Ginés González García.
Ocaña fue la primera incorporación extrapartidaria al planeta K. En 2004. Néstor Kirchner -a través de Alberto Fernández- la convocó para ordenar el caos de la obra social de los jubilados. Todavía, aunque con ruidos, la entonces diputada integraba el ARI. Fue su ruptura con Carrió, quien trató de impedir que se sume al gobierno. En aquellos meses, la ex candidata presidencial había empezado una embestida furiosa contra los Kirchner, con un festival de denuncias que ligaban al Presidente con supuestos negocios turbios.
Cuando Ocaña dio el sí para «limpiar» el PAMI, su romance político con Carrió se terminó, Sin embargo, el trato personal entre las dos dirigentes siguió siendo cordial. Por respeto, o precaución, han evitado confrontar. Acaso sepan demasiado una de la otra.
Eso no impidió que Ocaña -que fue diputada por la Alianza desde 1999 y fue reelecta por el ARI en 2003- ya como tropa K opere sin descanso para acercar aristas al gobierno. La cosecha no fue despreciable.
Paradoja de tiempos remotos, cuando junto a Carrió se alejó de la Alianza para parir el ARI e integrar la comisión investigadora sobre lavado de dinero, Ocaña actuaba como nexo entre la jefa del ARI y Cristina de Kirchner que, ya entonces, se gruñían.
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