20 de febrero 2008 - 00:00

Oficialismo, herido, redobló las críticas por ataque de Duhalde

Eduardo Duhalde
Eduardo Duhalde
Desde «vocero» de la Embajada de Estados Unidos hasta incapaz de desestabilizar un Consejo Escolar, Eduardo Duhalde consiguió en su regreso a la escena pública una variada -pero masiva- dedicación por parte del kirchnerismo que lo eligió como enemigo de ocasión.

Desde Alberto Fernández hasta Luis D'Elía, con escalas en Daniel Scioli y Florencio Randazzo, el ex presidente se convirtió en el puching ball oficial por cuestionar, incluso con tibieza -si se lo compara con Elisa Carrió, por caso-al gobierno.

Molestó, es cierto, la referencia a que la Presidente no está preparada para gobernar. A los memoriosos los acechó el fantasma, aunque Duhalde no haya pronunciado ese nombre, de Isabel Perón, heredera de Juan Perón que derrapó en su administración.

El contexto es otro, pero, sin decirlo, el lomense « agradeció» que esté Kirchner para salir al salvataje de un eventual traspié de su esposa. Más allá de que en los 80 Cristina fue isabelista, 20 años después una comparación de ese tipo no le agrada en absoluto.

Pero también la irrupción de un Duhalde que estaba en hibernación resultó funcional para la Casa Rosada porque esa pelea desigual -de un lado el ex gobernador, casi en soledad; del otro, un batallón de kirchneristas- funcionó como entretenimiento y eclipsó asuntos más sensibles.

En todo caso, si el lomense quiso marcar la cancha se encontró con que hasta potenciales aliados tuvieron que responderle. Con eso no hizo más que acrecentar su aislamiento, que quedó evidenciado cuando trató, sin éxito, de montar un operativo para desembarcar en el PJ.

Hubo, incluso, luego del acuerdo de Kirchner con Roberto Lavagna, algunas voces del kirchnerismo que deslizaron la posibilidad de sumar al reordenamiento encabezado por el patagónico al ex gobernador y antiguo promotor de Kirchner como presidente.

Pero con el arrebato radial del lunes, esa posibilidad, antes remota, terminó de clausurarse. En rigor: la semana pasada, ante un grupo de caciques piqueteros, Kirchner marcó como excluidos de la mesa pejotista a Carlos Menem, los Rodríguez Saá y Duhalde.

  • Coristas

    Anteayer, la ronda de refutadores fue relativamente breve: Aníbal Fernández, siempre atento a enterrar su pasado duhaldista, al igual que Miguel Pichetto. Hablaron, también, Agustín Rossi y Carlos Kunkel. Todo parecía acabado, pero ayer volvieron los coristas.

    Hubo, claro, un mensaje preciso desde Olivos y las oficinas de Puerto Madero: el propio Kirchner pidió, en algunos casos personalmente, que salgan a responder los dichos de Duhalde.

    Y volvió recargado: hasta Daniel Scioli, que fue ministro de Duhalde, quien además lo postuló como vice de Kirchner, intervino en defensa de la autonomía de Cristina de Kirchner. «Cristina es la que gobierna y toma las decisiones en el país», dijo el gobernador.

    Evitó, sin embargo, ensañarse con Duhalde como hicieron otros espadones del kirchnerismo como Aníbal Fernández y Kunkel. Curioso mérito el del lomense: hasta el macrismo, a través de Federico Pinedo, y el ARI de Elisa Carrió cuestionaron sus dichos sobre el despoder de Cristina (ver aparte).

    El elenco oficial, en tanto, eligió varios formatos para castigar a Duhalde. Alberto Fernández negó que exista un «doble comando» y defendió a la mandataria con el argumento, todavía difuso, de que «tiene experiencia y capacidad de sobra» para gestionar.

    Se sumó el vicegobernador Alberto Balestrini, quien dijo que Duhalde le faltó «el respeto» a la Presidente y apuntó que «desde el 10 de diciembre, Cristina no ha hecho otra cosa que mostrar una fuerte contracción al trabajo y a conducir los destinos del país».

    «Duhalde ni siquiera está al tanto de lo que acontece en el país», dijo el matancero.

    A su vez, Carlos Kunkel desactivó el supuesto del plan desestabilizador del ex presidente al sostener que Duhalde no puede desestabilizar «ni un Consejo Escolar». Y Luis D'Elía, habitual detractor del bonaerense, lo acusó de ser vocero de la Embajada de Estados Unidos.

    El embajador de Estados Unidos, Earl Anthony Wayne, y la ministra de Defensa, Nilda Garré, mantuvieron ayer una reunión en la que dialogaron acerca de las «prioridades» militares bilaterales, aunque eludieron temas calientes, como los radares y la designación del representante militar en Washington.
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