15 de octubre 2002 - 00:00

¡Oh los desvaríos del periodismo!

El columnista James Neilson les achaca a Rodríguez Saá y Menem «ambiciosos compulsivos». Desde Maquiavelo -que los explicó pero existieron ya desde los primeros humanos en las cavernas- se sabe que no existe político o conductor que no tenga ambición de poder porque es la esencia de la vocación. Si carece de ella, está en otra actividad. Pedir que no la tengan Menem, Carrió, Rodríguez Saá o cualquiera es utopía. Es distinto -caso Carlos Reutemann- el político que calcula hasta sus condiciones y hasta allí se anima a llegar. Estos son los mejores, pero son tan excepcionales que en la historia han sido ráfagas. Que el que tiene ambiciones políticas resulte estadista, útil, tirano o, simplemente, vividor es otra cosa, pero ¡por favor! no pidamos que no la tengan los políticos.

El columnista toma el giro popular de segmentos sociales muy bajos de llamarse «che loco» como sinónimo de «señor» en la Argentina. Una pavada.

Para justificar la demencia nacional señala que en Buenos Aires «hay más psicólogos por metro cuadrado que en la Viena de Sigmund Freud». Bastante burda deducción. Si Freud inventó el psicoanálisis en el siglo XIX existió un momento en Viena en que hubo un solo psicólogo: el inventor.

A Menem le adjudica «trasnochador de gustos sultanescos». Si conociera la realidad y visitara Anillaco, Neilson no afirmaría algunas cosas. Si a los presidentes del desarrollo les admitimos sus descansos en ranchos texanos es respetable que los del subdesarrollo recompongan sus energías en San Luis o en Anillaco. ¿O no, Mr. Neilson?

• Inversiones

Dice del riojano que «para el establishment es cara la decadencia latinoamericana». ¿Pensaban así cuando invirtieron 77.000 millones de dólares y se compraron -junto a europeos- casi todas las empresas argentinas? Lo único que el establishment norteamericano requiere -es su gran mérito- es que un mandatario sea elegido democráticamente. Por eso soportan al venezolano Hugo Chávez y harán lo mismo con Lula, aunque ambos puedan indigestar a los del país del Norte.

De Rodríguez Saá, dice Neilson, con total desparpajo de médico «trucho», que es un «neurótico vengativo». La Asociación de Psicólogos, que se aglutinó contra el PAMI cuando el interventor Víctor Alderete quiso romper, para bajar costos, las «facturas corporativas en bloque» a precio monopolizado, debería intervenir ahora, con causa más noble, contra diagnosticadores sin títulos legitimizados.

El único caso de demencia de gobernante -cierta hasta donde pudo saberse- que cita el columnista es Abdalá Bucaram, de Ecuador. Fue un problema médico el de Bucaram pero no por «rockero» como afirma en forma muy «light» el columnista. Al lado de las andanzas de Clinton en la Casa Blanca el ecuatoriano resultó un niño mirando a Tom y Jerry. Aparte, no es justo sostener que sólo los latinoamericanos somos monopolizadores de la «irracionalidad»; ¿no pudo acordarse de Saddam Hussein, de Bin Laden? ¿O éstos son «cuerdos» para Neilson? Si lo fueran, mejor quedarse con los «locos» latinos.

La nota es tan incoherente -haría falta hacerle un test psicológico que se reclama para otros- que dice aquí «fracasaron los intentos de racionalizar», que fue para la burocracia estatal como reducción pero no en el sentido de la nota. Un juego de palabras bajo.

Al mirar desde la cultura inglesa se sorprende que aquí los políticos persistan en intentos de poder. ¿Y los 12 años que duró Margaret Thatcher dispuesta a seguir pero la voltearon? ¿Y los 13 años de Felipe González en España? ¿Y los 16 de Kelmut Khol en Alemania? ¿Y los 14 de Miterrand en Francia discontinuados por un cáncer?

Sorprende de James Neilson la imagen que deja de haberse decidido a usufructuar las regalías petroleras de Santa Cruz. Créase o no, dice en su columna: «Néstor Kirchner a fin de diferenciarse se ha proclamado el candidato de la racionalidad para abrirse camino. De ser así, sería legítimo interpretar su avance como un síntoma de que el país está empezando a recuperarse». ¿Se le habrá traspapelado el recorte de diario donde se informaba que el santacruceño envió el avión de la gobernación por su cuenta a buscar un diputado nacional para impedir que se votara acordar en definitiva con el Fondo Monetario, actitud que hasta ahora siempre irritó al columnista inglés? Porque cuando Neilson analiza bien -inclusive alguna vez se reprodujo parte de sus artículos en este diario- los males «populistas» de los políticos argentinos, sus inventos de «capitalismo a la criolla», sus demagogias desopilantes, ahí acierta. No interesa que entreviste a esos políticos porque le basta con ver sus propuestas. Pero Kirchner...

Poco serio todo, no vale la pena seguir analizando contrariedades de un columnista que, con o sin regalías, obligado a escribir sí o sí una nota semanal desde Pinamar cae, precisamente, en verdaderas «irracionalidades».

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