9 de enero 2006 - 00:00

ONU: Lula sufre un traspié con Japón

La sigla ONU quedó mal asociada para el gobierno brasileño durante el fin de semana que terminó ayer. No sólo por la muerte, todavía en tren de esclarecimiento, del general Urano Teixeira da Matta Bacellar, el jefe de las fuerzas internacionales que actúan en la reposición del orden en Haití. También porque el jueves pasado Itamaraty sufrió un traspié en su proyecto más deseado: la obtención para Brasil de una banca permanente en el Consejo de Seguridad para el momento en que ese organismo, la máxima instancia de la ONU, se reforme. Seguramente será uno de los temas de conversación -cuando no de discusión- cuando la plana mayor del Palacio San Martín viaje a Brasilia para repasar toda la agenda bilateral con la cúpula de Itamaraty.

El jueves pasado, los representantes de ese país, de Alemania y de India volvieron a presentar en Nueva York el proyecto de resolución reformando el Consejo que ya habían propuesto en julio del año pasado. El texto era conocido como «el del G-4» pero esta vez faltó una firma: la del delegado de Japón. El cambio de postura del gobierno japonés fue explicado por el secretario de la Jefatura de Gabinete: «No queremos participar de un movimiento táctico, con un proyecto que ya fracasó una vez. Preferimos seguir discutiendo una posición común con los Estados Unidos», dijo Shinzo Abe.

La defección de Japón hirió seriamente al proyecto del G-4, transformado ahora en G-3. Sucede que ese país es el segundo contribuyente al sostenimiento de la ONU, después de los Estados Unidos. Por otra parte, a Washington le interesó siempre el ingreso de Japón al Consejo más que el de cualquier otro aspirante: es una manera de neutralizar el peso de China, el otro país del Lejano Oriente que integra la mesa y que se opone con su veto a la modificación del statu quo.

Sin embargo para Estados Unidos no sería conveniente que, como se refleja en el proyecto avalado por Brasil, Alemania e India, el número de miembros del Consejo supere los 21 (en la iniciativa de esos países sería de 25 miembros: a los 15 actuales se sumarían otros 10). Actualmente el Consejo cuenta con cinco miembros permanentes con poder de veto: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido. Son los vencedores de la II Guerra Mundial, aunque esa condición sea discutible en el caso de Francia. La cancillería de Brasil sostuvo desde muy temprano que ese país fue un país ocupado por Alemania y que el papel de Charles De Gaulle y de la resistencia no modifican esa condición. En cambio, los brasileños fueron parte del bloque aliado durante la guerra y en eso fundan, sobre todo, su voluntad de integración al Consejo.

La importancia que esta desinteligencia tiene para las relaciones internas del Mercosur es que la pretensión brasileña al Consejo de Seguridad es uno de los puntos de conflicto más evidentes entre el gobierno argentino y el brasileño. Sobre todo en el caso de la administración de Luiz Inácio Lula da Silva, que ha convertido la cuestión en una materia principal de su política exterior. En efecto, la reforma del Consejo de Seguridad y el ingreso de Brasil a ese club como miembro permanente ha sido una obsesión del canciller Celso Amorim desde los tiempos en que revistaba como representante de su país ante las Naciones Unidas.

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