Finalmente, Fernando de la Rúa consiguió lo que pretendía: será Daniel Marx quien explique en los Estados Unidos la estrategia financiera de su gobierno. La presencia del secretario de Finanzas en Nueva York fue motivo de una intriga secreta dentro del gabinete, que discutió durante los últimos días hasta qué punto había que concederle a Domingo Cavallo la posibilidad de que ignorara a su viceministro en la reestructuración de la deuda. De la Rúa le explicó a varios colaboradores íntimos que resultaría muy desdoroso para él dar la orden de que Marx sea incorporado al equipo negociador y que eso, después, eso no ocurriera por desobediencia de Cavallo.
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Como es sabido, el secretario de Finanzas ofreció su renuncia el jueves de la semana pasada, irritado porque no le permitieran decidir el reemplazo de Julio Dreizzen. Ahora Marx parece reivindicado por la Casa Rosada, que lo tiene como un leal en «tierra de infieles».
Y la principal víctima de esa actitud fue Jacob Frenkel, quien debió resignarse a ser una especie de asesor personal de Cavallo, sin incidencia directa en la operación financiera. Eso sí: nadie asegura que la guerra haya terminado. Tampoco que no ofrezca nuevas batallas en Nueva York, este fin de semana.
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