Pablo Moyano amagó con renunciar a su cargo como cosecretario general de la CGT luego de la cena que Alberto Fernández compartió el lunes con los sectores tradicionales de la central obrera, y de la que fue marginado. El camionero reaccionó ante lo que consideró una provocación y la culminación de una sucesión de desencuentros, y disparó una crisis interna durante buena parte de la jornada hasta que, disuadido por sus pares del Frente Sindical por el Modelo Nacional (Fresimona), por el kirchnerismo y por el propio Jefe de Estado, optó por permanecer en la organización.
Presionado, Moyano amagó con dejar la CGT (hoy cena con Alberto)
Una extensa deliberación en Camioneros determinó la continuidad del sector en la central obrera, tras los consejos en ese sentido del kirchnerismo.
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Pablo Moyano, secretario general de la CGT.
La cuasi ruptura quedó en suspenso una vez que el sector que lideran Hugo y Pablo Moyano, adonde abrevan también la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) de Abel Furlán y la Corriente Federal de Trabajadores (CFT) del bancario Sergio Palazzo, interpretó que una salida de la jefatura aparecía como el escenario planificado por los “gordos” de los grandes gremios de servicios y los autodenominados “independientes” de buena llegada a todos los gobiernos, responsables del diseño de la comida con Alberto. En la reunión compensatoria pautada para hoy el camionero le enrostrará al Presidente el desaire y aprovechará para reclamarle mano a mano un bono salarial de fin de año para todos los trabajadores, una medida que sus rivales internos resisten.
El tembladeral comenzó a macerarse en las primeras horas del lunes cuando trascendió, como publicó ámbito.com, que el Presidente recibiría a la “mesa chica” de la CGT en la quinta de Olivos al final del día. Anoticiado del convite, el hijo mayor de Hugo Moyano aguardó durante toda la jornada una invitación que jamás llegó. La cena había sido gestionada por Héctor Daer, el cotitular de la organización con más vínculo con el mandatario, y por Gerardo Martínez y Andrés Rodríguez. Los dirigentes sabían que omitir a uno de los secretarios generales a un encuentro en la residencia presidencial implicaría una señal rupturista.
Hubo otros elementos que irritaron a Moyano de la cena del lunes: uno de ellos fue cuando supo que la representación mayoritaria de la CGT había omitido el reclamo por un auxilio salarial, pero sobre todo cuando constató que los comensales habían acordado celebrar el 17 de octubre, el Día de la Lealtad peronista (la fecha más cargada de sentido en la liturgia partidaria) con un acto en Tucumán promocionado por Juan Manzur, jefe de Gabinete y uno de los partícipes del encuentro en Olivos. El moyanismo tenía en planes –tiene- una movilización masiva a la Plaza de Mayo o bien hacia la basílica de Luján, pero de ningún modo en una locación tan alejada para los requisitos de masividad de los gremios.
A primera hora de ayer el dirigente envió un primer mensaje para dar a entender que su salida de la CGT era inminente. Uno de los primeros en responderle fue Furlán, quien desde entonces se convirtió en puente con todos los espacios internos de la CGT para reducir los niveles de tensión. La primera respuesta de Moyano fue que la decisión se comunicaría en una reunión del Fresimona en Camioneros a las 15 para ponerla a consideración de sus colegas. Hasta allí acudieron los principales referentes del espacio: Mario Manrique (mecánicos del Smata), Raúl Durdos (marítimos del SOMU), Omar Plaíni (canillitas), Juan Pablo Brey (aeronavegantes), Graciela Aleñá (viales), Cristina Jerónimo (vidrieros), Claudio Burgos (hielo), Pablo Flores (personal de AFIP) y Alejandro Salcedo (docentes bonaerenses, Udocba). Hacia el final de las deliberaciones se sumó el rural José Voytenco (Uatre), una de las últimas incorporaciones del moyanismo. Llamó la atención la ausencia de otro referente, el ferroviario Sergio Sasia.
La conversación se centró en el tercer piso del sindicato Buenos Aires de Camioneros y participó desde el principio Hugo Moyano, quien no estaba de acuerdo con el ímpetu rupturista de su hijo. De hecho fue el jefe de familia quien recibió un primer llamado de Alberto Fernández, por la mañana, una vez que C5N dio a conocer la primicia de la inminente fractura. “Conmigo no tenés que hablar, te paso con Pablo”, le contestó Hugo al mandatario. Esa primera comunicación no logró el efecto esperado, al parecer, por el Presidente.
Sin embargo, una sucesión de dirigentes coincidió en la importancia de permanecer en la CGT como espacio disidente y con cargos directivos como mejor escenario que otro bien conocido por los Moyano: por fuera de la central y con menos resortes de negociación ante el poder de turno. Manrique fue quien lideró la posición conciliadora junto a Plaíni y a Burgos, para quienes una renuncia era funcional a los “gordos” y los “independientes”. En la misma línea se pronunciaron Furlán y el kirchnerismo, que le envió mensajes a Pablo Moyano a través de Máximo Kirchner y la propia Cristina de Kirchner. Todos señalaron que además una ruptura era favorable a Juntos por el Cambio, que tiene en el sindicalismo a uno de sus objetivos favoritos.
En el sector de Moyano dudan si la actitud de Alberto Fernández de recibir a dos de los tres secretarios generales y marginar al camionero fue apenas una torpeza o parte de una estrategia conjunta con los “gordos” y los “independientes” para lograr una CGT más afín y dejar a los disidentes del lado “irracional” que estimula la propia oposición.
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