País sin salida
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Con tremendas incoherencias en el razonar y actuar del gobierno actual, ¿qué seguridad puede tener el ciudadano con fondos aprisionados en el «corralito»? En ningún momento pasa por la cabeza del Presidente que en esta emergencia el gobierno que correspondía a un país en default era el de un mandatario y equipo con abnegación y vocación de estadista para el doloroso esfuerzo de la reconstrucción de la Argentina. Tampoco se entiende la ingenuidad de convocar a expertos internacionales y formar «comisiones» con ellos pero no para oír sus ideas sino para tratar de rodear de un manto de racionalidad económica la aberración de los planes populistas y asistencialistas sin fondos que tiene como meta la gestión Duhalde. Carece de lógica suponer que tales expertos van a convalidar un plan populista de gobierno. O que vayan a mentirles la triste realidad argentina a los organismos internacionales. Es tal la crítica mundial a las ideas y tendencias populistas del gobierno Duhalde que ningún organismo ni país se atrevería a prestarle un dólar a un país que parece manejado por adolescentes. Los grandes diarios mundiales desde «The Washington Post» al «The New York Times» y, hace 48 horas, «The Wall Street Journal», más «Le Monde» y toda la prensa europea han sido tan unánimente críticos del accionar populista del nuevo gobierno argentino que tampoco nadie se atrevería a apoyarlo y menos brindarle alguna colaboración material.
La pregunta que desespera a la gente es ¿qué estamos esperando, a qué fin sirve esta angustia que estamos padeciendo tanto si no se avizora ninguna esperanza hacia adelante? No puede ignorar Duhalde la opinión mundial sobre sus ideas y propósitos como gobernante, ¿por qué insiste en sus pedidos sin eco y posturas descartables?
¿Que nos ayude Estados Unidos? Es imposible. George Bush ordenó frenar la ayuda a la Argentina y aunque Duhalde le hable por teléfono siempre le contesta lo mismo: «Concierten un plan sustentable con el Fondo Monetario».
Los inversores retenidos en el «corralito» no pueden esperar nada. Cuando menos perderán la mitad de sus ahorros en dólares y aun así no podrán disponer del resto, salvo en cuentagotas, con el riesgo de que una emisión de dinero desde el Banco Central derive en una nueva hiperinflación que les licue sus ahorros sin tener la chance ni siquiera de comprar algún producto que resguarde los valores que hoy tienen. Aquí rige siempre la idea de que el público con ahorros detenidos debe tener en cuenta: las puertas del «corralito» jamás se abrirán totalmente hasta que no se tenga la certeza de que la mayoría de los depósitos, con las tranqueras abiertas, se mantendrá en el sistema. Si abren las puertas y todos intentan salir como por la Puerta 12 del estadio de River Plate hace unos años (murieron decenas de personas) no se abrirán porque quiebran los bancos y las empresas.
Sólo un gobierno serio, racional, con un plan sustentable que incluya pago de parte de la deuda, tendrá un inmediato apoyo externo. Y si el Fondo Monetario, más la Tesorería de Estados Unidos garantizan su ayuda, a raíz de ese plan, entonces la gente se quedará en el ex «corralito» ahora con las puertas abiertas. Hoy por hoy este gobierno Duhalde está totalmente lejos -en planes y mentalidad-de crear esas condiciones que beneficiarían a los ahorristas afectados.
El público debe saber otras cosas. Es imposible que el Fondo Monetario le otorgue 15.000 millones de dólares a la Argentina como piden Remes Lenicov y Duhalde. El duhaldismo quiere cumplir una de sus metas: asegurarse gravitación política futura y permanente (en todo el país) haciendo un gran reparto de dinero a necesitados y desocupados. Eso les ha rendido en la provincia de Buenos Aires. El que recibió la dádiva sólo recuerda al que se la dio pero no el déficit o quiebra de un banco como el Provincia que generó tal actitud.
Un Eduardo Duhalde que sabe que jamás va a ser electo en forma directa aspira a ese tipo de «golpe distributivo» para gravitar en el tiempo. Le preocupa al matrimonio Duhalde más eso, en su paso por el gobierno, que cualquier medida con más altura nacional. La historia podría recordarlo a Duhalde como el mandatario que encaminó la austeridad, que impuso el déficit presupuestario cero (única solución de fondo). Optan por un golpe de populismo que agravará las cosas.
Podría Duhalde, en gesto de estadista, taparle la boca al mundo que le critica ni tomar en cuenta a los acreedores externos. Podría -si no lo obsesionaran sólo las medidas demagógicas internas-pedir una considerable quita de la deuda pública y luego esgrimir propuestas sólidas como decir que pagará anualmente a acreedores externos tanto como le produzca a la Argentina reanudar exportaciones que le fueron trabadas injustamente. Esto es lo que el país no puede exportar en los caños sin costura de Techint porque EE.UU. subsidia su industria metalúrgica y arancela hasta tornar no competitiva las ventas argentinas. Destinar al pago externo más una suma similar lo que se le privó al país por no poder vender los limones tucumanos en California o la miel argentina.
Entre Europa y Estados Unidos destinan 500.000 millones de dólares anuales en subsidiar a sus productores menos eficientes en contra de las exportaciones más baratas de países emergentes. Suena extremadamente razonable que se permita a países como la Argentina pagar sus obligaciones externas con exportaciones hoy trabadas. Inclusive desde su default este país sudamericano podría ser cabeza de un reclamo mundial en ese sentido.
En lugar de eso, de pelear con argumentos sólidos el presidente Duhalde se reúne con sus ministros para que le emitan moneda, le convoquen expertos internacionales que nunca podrán apoyarlo y que le faciliten fondos que no hay para el gusto personal y mezquino de lo que no hay.



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