«Ahora no soy candidato a nada. Voy a seguir trabajando como senador nacional que para eso me votaron en 2005.» Podrá, luego, arrepentirse o revisar sus palabras, pero José Pampuro amagó ayer con bajarse de la pulseada por la gobernación de Buenos Aires.
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En diálogo con este diario, Pampuro afirmó que «por ahora» no es candidato para 2007 y que quiere seguir como senador nacional hasta 2011, cuando termina el mandato para el que fue elegido, en la boleta que encabezó la primera dama, Cristina Fernández.
Espasmódica -hace cinco días casi armaba un gabinete bonaerense-, la decisión de Pampuro retumba en el planeta K. Más aun porque hasta unas pocas horas atrás, el senador figuraba al tope de la grilla como el supuesto preferido de Néstor Kirchner para la provincia.
Es más: su presencia -y la ostensible exclusión de Aníbal Fernández, quizás el dirigente con quien más se recela el senador- en la extensa estadía de Kirchner en Mar del Plata a fines de agosto se tradujo como un rito de bendición de Pampuro como candidato oficial.
En esos torbellinos a orillas del mar, hasta se fantaseó con una eventual fórmula plural con Pampuro como gobernador y Daniel Katz como vice. Katz es el intendente radical de Mar del Plata, que la Casa Rosada pretende como un satélite propio pero con sello UCR.
«Cada uno debe trabajar desde su lugar. Yo voy a seguir como senador hasta 2011. Por ahora, no soy candidato a nada», repitió ayer Pampuro como único argumento, luego de reunirse con sus colaboradores más cercanos. Con esa frase, que luego fue limando y haciendo menos contundente y terminante, congeló una postulación que, en rigor, jamás lanzó públicamente pero que en múltiples ocasiones admitió en privado.
La duda, anoche, era cómo asimilaría Kirchner el amague del senador. Pampuro es un actor funcional a la escenografía política del patagónico: una pieza que pone -o amaga poner- aquí y allá para contrapesar y equilibrar el juego de los barones de la provincia.
¿Aceptará, entonces, el Presidente quedarse sin esa ficha propia? Difícil. Y si el hombre de Lanús es, como pocos, un leal extremo a Kirchner: ¿qué está dispuesto a hacer el patagónico para que Pampuro se vuelva a subir al ring de Buenos Aires? Se verá.
Anotados
Lo cierto es que, con Pampuro autoexcluido de la pulseada por la gobernación de Buenos Aires, el kirchnerismo pierde a uno de los tres postulantes que mejor ranqueaban: además del senador, para esa aventura se anotaron Felipe Solá y Aníbal Fernández. Otro pelotón, más cauto, comparten Alberto Balestrini -que ordenó a los suyos que «por ahora» se enfoquen en La Matanza- y Sergio Massa, que sueña con que una mañana el dedo grande de Kirchner le roce la frente. En rigor, ese sueño (o pesadilla) lo tienen todos.
La defección -anoche concreta pero quizá, mañana, relativa- de Pampuro es la coronación de una sucesión de hechos. Detectarlos y rastrearlos permite entender el trasfondo de esa decisión y la riña subrepticia en el planeta K.
Permite, además, imaginar el día después:
Pampuro parece, por momentos, moverse como un reflejo de Aníbal Fernández. Por origen y vínculos, comparten el mismo nicho político: el PJ, sea el oficial que ordena José María Díaz Bancalari o el «kirchnerizado», cuyos exponentes más firmes son Balestrini, Julio Pereyra y Alberto Descalzo. Dos veces, en los últimos diez días, en juntas de ese club -en Avellaneda primero; en el cumpleaños anteanoche de Bancalari- Pampuro estuvo ausente. Puede que el próximo miércoles, a mediodía, en los almuerzos que hacen cada 15 días en Puerto Madero, Balestrini y Pereyra le prometan que no fue mala intención. Esos detalles, para algunos menores, para Pampuro tuvieron el impacto de un tsunami. Pesó más, incluso, que las palabras que Kirchner le dijo a Solá cuando, señalando a Pampuro, lo prepeó: «Este es tu sucesor». El patagónico tiene, se sabe, idas y vueltas.
Hay otro dato para seguir. Tiempo atrás, Alberto Fernández le juramentó a Pampuro que lo apoyaría en su postulación en la provincia. Ingenuo, el senador creyó en la palabra del jefe de Gabinete: unos días después se desayunó por este diario que el Fernández porteño había pactado un respaldo recíproco con el Fernández de Quilmes, su más feroz enemigo. Ayer, para alimentar la sospecha de emboscada, Aníbal Fernández recibió a Víctor Santa María, del sindicado de porteros, edecán de Alberto F. en la Capital. Más allá de que era un encuentro institucional, Santa María respaldó la candidatura a gobernador de Aníbal F. De todos modos fue un consuelo mínimo: horas antes, Alberto le avisó al ministro del Interior que debían suspender el acto que compartirían el sábado en Vicente López, organizado por Causa Popular, que en los hechos funcionaría como el lanzamiento de Aníbal, con su homónimo aplaudiendo a un costado. «Fernández al cuadrado es demasiado», decían ayer cerca del senador para alertar sobre el peso que tendría una alianza entre los dos ministros.
¿La determinación de Pampuro fue a título personal o recibió una orden? Sin profundizar en ese punto, anoche en su cercanía repetían el salmo de que no era «candidato» y advertían, luego, que nada había hablado con la Casa Rosada. Ocurre en momentos en que Solá, mientras capea la crisis Blumberg, jura y perjura que tendrá vía libre judicial para ser candidato y que, logrado eso, Kirchner lo respaldará. Hasta hace 24 horas, de las cercanías de Pampuro -como en la de Aníbal F.- se afirmaba que «en diciembre» Kirchner sepultaría la ilusión continuista del gobernador. Solá, a su vez, confirmó lo que este diario informó hace 10 días: que planea tener resuelta la controversia legal en noviembre. «Si no puedo ser gobernador, encabezo la lista de diputados nacionales», les enfrió la libido a sus colaboradores en una charla reservada.
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