16 de octubre 2002 - 00:00

Para entender

Hay notas difíciles para este diario, aun dentro del principio de no ocultarle nunca nada al lector. Habría que inventar el «diario oral» que permitiera al lector interrumpir con preguntas.

¿Cómo contar que existen senadores pro Aldo Pignanelli (Carlos Verna PJ por caso), titular del Banco Central, y otros pro Lavagna? Estos son pocos porque Pignanelli suele sumar a Verna al radical Raúl Baglini, al PJ Oscar Lamberto y otros. La ligazón Pignanelli-Senado -muchas veces contra el ministro Lavagna- se aceita vía un ex senador, Ricardo Branda, que con habilidad los justicialistas de la Cámara alta lograron imponer como director del Banco Central.

Pero Roberto Lavagna -que de tonto no tiene nada- tiene «su» mayoría en Diputados vía Alberto Coto, oficialmente «enlace» con Economía.

No es para rasgarse las vestiduras por estas «minitrenzas» ni ponerles levadura para que se eleven a escándalos «que demuestren que el sistema de libre empresa y el capitalismo están podridos y hay que adoptar el régimen de Fidel Castro», como fatiga siempre la izquierda telúrica. ¿O alguien cree que George Bush no tiene también este tipo de «minitrenzas» y complicidades para terminar sacando del Congreso norteamericano el permiso para defenestrar a Saddam Hussein? ¿O no las tiene cualquier gobernante del mundo?

Claro, la diferencia en nuestros países en desarrollo es que los «enlaces» y las «minitrenzas» no tienen oficialización ni conocimiento público -como los lobbystas en EE.UU. que hasta tienen registros-, por tanto siempre suenan más pecaminosas con sospechas de designaciones de personas en canje de favores o directamente «cajas chicas».

Por algo no se quiere legalizar y registrar a los «gestores o enlaces» y menos que trasciendan sus nombres. Ocuparía una página sólo contar las «minitrenzas» que integra el hoy senador riojano Jorge Yoma, por caso. Estas «minitrenzas, gestores y enlaces» (aquí referidos a Economía y Banco Central pero que los hay en tarifas públicas, combustibles, empresas privatizadas, etc.) es lo que cuesta explicar por su extensión y variantes al público, aunque el periodismo conozca ese submundo.

Pero algo hay que referir para que el lector entienda por qué Juan Zanola, bancario, inventó sacarle al público 2% de los créditos que obtenga para «su caja sindical», trabaja el tema con la «minitrenza» gremial en el Congreso que encabeza Luis Barrionuevo, logran media sanción sin que los senadores se enteren -una vergüenza esto porque votaron-y termine inflándose un presunto escándalo de «coima desde los bancos» con implicancia de un lobbysta menor como Carlos Bercún. Zanola, con toda su relevancia en el caso, pero protegido por determinadas «minitrenzas» actuantes, casi no fue interrogado ayer en el Senado. También explica por qué ayer Lavagna en la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado -que preside la senadora Cristina Kirchner tratando de aprovechar la parodia para ganar presencia y aportar vientos favorables a su marido, el gobernador santacruceño-no interroga casi a Zanola pero se lanza sobre el ministro que simplemente responde «a Bercún lo conocí en una comida que organizó el senador Verna». Con este vademécum mínimo sobre las formas de ejercer el gobierno en países subdesarrollados (Argentina incluida) quizás el lector puede entender mejor la nota de Contratapa.

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