Para exportar: el método argentino de los "escraches"

Política

Hasta ahora, era un privilegio exclusivo de un sector (de la izquierda y el progresismo). Con el padecimiento de Alicia Kirchner el fin de semana en Río Gallegos, vituperada a la salida de un restorán, acosada y ensuciada con bolsas de harina y docenas de huevos, el método del «escrache» ha unificado a todo el espectro político argentino: es un invento propio, como el dulce de leche. También, hasta ahora, ese ejercicio humillante sobre los rivales políticos gratificaba a las múltiples formas de oficialismo nacional, ya que se ufanaban o eran cómplices de los ataques contra Roberto Alemann, María Julia

Alsogaray, el juez Alfredo Bisordi o José Alfredo Martínez de Hoz (fotos). En la mayor parte de los casos, la intimidación izquierdista pretendía paralizar al adversario, nunca desde ese sector el gobierno, el mismo que al sufrir la agresión de la hermana presidencial, descubrió una veta en Néstor Kirchner hasta ahora desconocida: se presentó ante periodistas afines como un negociador, como alguien que utiliza la agresión como instrumento de trabajo, nada más. Al contrario de todo lo que se conocía hasta ahora. Extraña confesión, producto quizás de la pésima experiencia patagónica de su pariente. Ahora manifiesta tolerancia, reclama por convivencia. Nunca es tarde, aun para sus propios intereses. Pero la metodología del escrache se ha revelado exitosa, casi un producto de exportación violenta, aplicable a todos los sectores y ahora seguramente difícil de erradicar.

Consecuencia de no haber respetado derechos humanos, la ley, cultura del odio y desorden -porque se instalaba contra otros, no amigos- a la cual se le hizo la vista gorda desde el gobierno. Miopía que hoy no salvan ni las gafas que se pierden en los tumultos.

Dejá tu comentario