25 de octubre 2004 - 00:00

Paradoja: "salariazo" oficial enoja más a CGT con Kirchner

Bastó que los diarios informaran el pasable «salariazo» que el gobierno dispondrá para fin de año (adelanto del aguinaldo para empleados públicos y jubilados), con la intención de reanimar el consumo, para que la CGT precipitara la decisión de, ahora sí, diseñar un plan de lucha contra el gobierno.

Las primeras determinaciones de ese programa se conocerán este martes en la reunión de consejo directivo que reunirá a los principales caciques. A ese encuentro llegarán, antes que nadie, los «gordos», con sus grandes sindicatos sobre todo de servicios, más combativos que nunca. Basta escuchar a uno de ellos para percibir el tono que tendrá la reunión: «Está claro que el Presidente no nos cumplirá lo prometido. Nos dijo que no podía por razones presupuestarias. Pero sí puede disponer otros aumentos. Lo que él hará es olvidarse de lo que nos dijo y dar un aumento de las asignaciones familiares por única vez».

Las conclusiones a las que llegaba ese gremialista se extendían hacia el plano político: «Ya entendimos cómo era el juego el día que Néstor Kirchner anunció el precio del salario mínimo antes de que terminara la negociación. El quiere quedarse con todas las buenas noticias y la del aumento de las asignaciones familiares era nuestra. Por eso no habrá aumento».

Decepcionados, los jefes de los grandes sindicatos ya habían logrado el martes pasado convocar al Comité Central Confederal para analizar un plan de lucha. Hugo Moyano y José Luis Lingieri fueron desbordados por sus colegas. Moyano y Lingieri habían hablado con Kirchner. Le habían recordado la promesa de disponer un aumento en las asignaciones familiares de entre $ 50 y $ 80. Pero el mandatario les pidió paciencia, que no lo presionaran. Ellos ataron cabos: Roberto Lavagna había anunciado públicamente que las asignaciones familiares tendrían una mejora, pero por única vez a fin de año.

• Convocatoria

Moyano y Lingieri fueron al encuentro de sus colegas con estas novedades pero, aun así, pidieron que les autorizaran una negociación y que el Comité Central Confederal se realizara «ad referendum» de la misma. Pero uno de los secretarios generales reunidos en el cónclave, Reinaldo Hermoso (a quien Kirchner le dio un beso en el primer encuentro con el gremialismo ortodoxo, hace un par de meses), propuso que se dispusiera directamente la convocatoria a esa asamblea con independencia de cualquier transacción.

Los demás secretarios generales votaron por unanimidad.Moyano, experto en asambleas que se recalientan, se subió al clima reinante diciendo: «Si hay que pelear, entonces pelearemos». De los triunviros, Susana Rueda estaba ausente. Se excusó diciendo que la había llamado Kirchner, eventualidad que siempre pone nervioso al camionero Moyano. Pero por alguna razón la dirigente de Sanidad no pudo ver al Presidente y sólo conversó un par de minutos con Alberto Fernández. El objetivo ya se había cumplido: ella no firmó esa convocatoria levantisca.

En la gradación de oficialismo de la conducción obrera el escalón siguiente lo ocupa Moyano, aunque cada día con menos convicción. Sucede que todas las promesas que le habían hecho de cogobernar en el área de Transportes (hasta la promesa de que allí seguiría reinando Guillermo López del Punta, el guardián de «La Nona»), no se cumplieron.

• Dureza

El secretario de Transportes, Ricardo Jaime, contra lo que supuso Moyano en un comienzo,responde directamentea Kirchner, quien le dio instrucciones de mayor dureza. Al parecer, este funcionario cordobés gravita sobre su área más que el propio José López en Obras Públicas (otro mandamás a quien llaman ya en broma «el jefe de Julito», por Julio De Vido).

Ahora, ignorado por la Casa Rosada, Moyano debe mostrar los dientes por imperativo de sus colegas en la jerarquía sindical. No quiere quedar en ese papel agresivo, tan temprano y menos aún con Rueda entrando y saliendo a su gusto de los despachos más encumbrados del gobierno. Por eso hoy y mañana habrá negociaciones intensas, con la intención de arrancarle a la Presidencia una señal más amigable en el campo salarial. De lo contrario, mañana, en la reunión de consejo directivo, tal vez se presente la ocasión para que el movimiento obrero por primera vez hable de huelga al actual gobierno, a partir de marzo próximo.

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