Parece encaminarse tregua por papeleras
El proceso por el cual los gobiernos de la Argentina y de Uruguay están buscando una salida en el conflicto por las papeleras es tan improvisado como el que introdujo a ambos países en ese entredicho. Aun así, ayer hubo un par de indicios auspiciosos para la dudosa tregua de Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez. Los vecinos de Gualeguaychú le prometieron al gobernador Busti considerar la posibilidad de interrumpir el corte (anoche la asamblea pasó a un cuarto intermedio para hoy), siempre que esa medida de fuerza se pueda reponer ante una crisis en la negociación. Condicionada a ese cambio de conducta, era inminente la remisión de una carta del presidente Vázquez a las compañías para que interrumpan las obras por un plazo acotado.
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El gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti, se reunió ayer con los asambleístas de Gualeguaychú,
a quienes les trasladó el pedido de Kirchner para que levanten los cortes de la ruta
que lleva a Fray Bentos. Prometieron estudiar la sugerencia, pero no levantaron el bloqueo.
• Promesa
Los delegados de los ambientalistas tomaron esa propuesta con un ánimo bastante razonable. Al menos no la entendieron como una presión indebida. Aún así, prometieron analizarla un rato más tarde, con tiempo, en el seno de la asamblea de vecinos que se reúne a las 20.30 todos los días. Uno de los presentes consideró ante este diario que «tal vez lo más razonable sea esperar a que el presidente Vázquez regrese al Uruguay antes de tomar ninguna resolución. Mientras tanto, observaremos qué señales emiten del otro lado». La charla con Busti no avanzó en demasiados detalles sobre el formato final de un acuerdo. Por ejemplo, no se aclaró qué tipos de estudios se realizarían para determinar la existencia o no de contaminación. Tampoco quiénes y en qué condiciones los llevarían a cabo.
• No negociable
Los asambleístas prefirieron adelantar con otros requisitos para producir su « gesto»: liberar la circulación por el puente no significa dejar pasar camiones con materiales para la construcción de las plantas. Al mismo tiempo, nadie consigue todavía adecuar la habilitación de un estudio con la premisa general y, al parecer, no negociable de la movilización del este entrerriano: que no haya « papeleras» sobre el río, es decir, que inclusive la hipótesis de un cambio de ubicación se desarrolle pensando en instalarlas tierra adentro.
Si el margen sobre el que camina Kirchner es estrecho (ni qué hablar de la cuerda floja de Busti), el de Vázquez también tiene limitaciones mortificantes. No sólo por la recepción, para nada triunfal, que le dieron sus opositores a su pacifismo santiaguino. Tampoco las papeleras se muestran tan comprensivas con sus urgencias bilaterales. Si bien ENCE, la española, estaría dispuesta a dar una satisfacción suspendiendo las obras durante un tiempo -se habla convencionalmente de 90 días-, los nórdicos de Botnia plantean algunas condiciones difíciles de tramitar. La diferencia entre los finlandeses y los españoles es que aquéllos tienen más avanzadas las obras. Por ejemplo, incorporaron ya a 1.800 obreros cuya situación contractual quedaría en un gravoso limbo si se interrumpen los trabajos por tiempo indefinido.
Por otra parte, y esto vale para ambas compañías, no ha sido fácil hasta ahora acceder al marco regulatorio que envuelve estas inversiones industriales en Uruguay. Pero son más que habladurías las versiones que afirman que las condiciones aceptadas por el Estado oriental, bajo el gobierno colorado, pero también durante la actual administración socialista, fueron leoninas, es decir, obligarían al fisco a caudalosas indemnizaciones si lo que ahora se pide con cordialidad se quisiera imponer por la fuerza.




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