El viaje de ayer de Fernandode la Rúa a Bolivia y el de Mario Losada a Roma viabilizaron que pordos días Rafael Pascual ejerza la presidencia de la Nación. Y este hechotiene un par de lecturas que deseo resaltar: en el ámbito del radicalismo -desdeYrigoyen y Alvear-es el primer porteño de esa extracción en acceder al cargo(los otros son tres provincianos, Illia, Alfonsín y de la Rúa) pero,además, Pascual es el único nacido y aún vecino del barrio de Parque delos Patricios.
Y constituye todo unacontecimiento, ya que este enclave de la Ciudad conserva aún su personalidadsingular y como diría Julián Centeya, uno de sus exegetas, porque «tieneviejos patios y un aroma de higuera y enfrente hubo siempre un zaguán y unasombra». Y también posee calles de adoquines, que con la lluvia relucen ydos enormes pulmones verdes -el Ameghino y el Patricios-con una arboledafrondosa y umbría y personajes a la medida del entorno.
Pascual es uno deellos. Sus viejos se aquerenciaron hace muchos años con su impronta laburanta yno mezquinaron esfuerzos para que se convirtiese en «m'hijo el doctor». Perotodo fue inútil. Los códigos quedaron a un lado y él fue poseído por esa granpasión que es la política, consecuente con la tradición del centenario partidode don Hipólito de gestar caudillos parroquiales de fuerte gravitaciónelectoral.
Así «Pancho» Rabanalen la segunda; Julián Sancerni Jiménez en Palermo Viejo; SantiagoIsrael Nudelman en la novena; Juan Trilla en la sexta; «Tito»Lapadú con su Comité Adolfo Güemes; «Yuyo» Gauna en la 19 y los MorenoHueyo con «Pepe» García Arecha en la 20, por citar algunosexponentes de diversos tiempos y épocas.
Volviendo a Pascual,mientras «paraba la olla» con una agencia de lotería y Prode iniciaba unacarrera que lo proyectó de la Juventud Radical Revolucionaria al ComitéNacional con Carlos Contín; jefe parroquial de su circunscripción,titular del Comité de la Capital, diputado nacional y presidente de la Cámara,que ganó en un duro «mano a mano» a Federico Storani desplegandotodo su talento acuerdista, casi la de un aventajado discípulo de AdolfoAlsina.
Balbinista de origen yconsecuentemente «intransigente» en la interna, conservó muchos de los hábitospóstumos del «Chino» en lo que a la vocación negociadora, dialoguista ycon sentido común se refiere. De ello da cuenta su buen trato con los caudillosjusticialistas de la parroquia, por caso el «Cholito» Giraldez o SaúlUbaldini.
No puede soslayarse eneste medallón Rafael Pascual su condición de hombre de fútbol y de tango.Habitué de la platea de Huracán, en el Palacio Tomás A. Ducó, la institución deStábile, Baldonedo, Onzari, «Tucho» Méndez, el «Inglés» Babington yel «Loco» Houseman, entre otros, también frecuenta la sede social delclub, calle Case-ros al 3100 célebre por sus carnavales. Recuerdo que en laronda dominguera de vermut del «Club Miriñaque», semillero de futbolistas del«globito», un adversario político suyo, Mario Granero, reconocía supreocupación por las instituciones de la zona, la mayoría legendarias como el«Piraña» de la calle Pepirí o el «Deportivo Jauretche» de la calle Iguazú en elbarrio Zavaleta.
Y también el dos porcuatro en su vida, tan clavado en las vísceras de los hijos del barrio, uno delos últimos en conservar los boliches y las cantinas frecuentadas los fines desemana por cantores célebres, varios de ellos ya en la recalada, y en sus mesasplenas de jarras pingüino manando «vino de barril, de esos que raspan, consu espeso color y su duende auténtico».
Por eso se me ocurreque es un militante de Angelito Vargas, arquetipo del lugar por adopción(ya que nació en la lindera Barracas), que fraseaba casi murmurando, lacomposición de Lucero y Felice que dice: «Yo soy de Parque Patricios,he nacido en este barrio con sus chatas y con su barro». Lo mismo que estepresidente, tan sólo por un par de jornadas.



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