La remota violación de los derechos humanos que sirvió para que Pedro Pasteris fuera removido de la comandancia de la Gendarmería no llegó a ocultar del todo las otras razones que precipitaron la caída de este centinela. Néstor Kirchner no sólo cumplió con un criterio que ya aplicó en otras ocasiones. En este caso, también intentó sofocar un proceso de corrupción que había avanzado lo suficiente como para que estallara en un diario oficialista como «Página/12» y por impulso de la pluma de quien recientemente fue designado al frente de la agencia oficial de noticias, «Télam», Martín Granovsky.
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Kirchner no se enteró de los excesos de Pasteris como represor por ningún informe de Eduardo Luis Duhalde, el secretario de Derechos Humanos, quien fue consultado oficialmente sobre la historia de este gendarme antes de que se lo pusiera al frente de la fuerza. Los antecedentes del uniformado fueron provistos por Horacio Verbitsky, quien confirmó una vez más las presunciones que atormentan a los espías criollos: que el Presidente podría terminar por sustituirlos por esa especie de «SIDE paralela» en la que se convirtieron este periodista y su círculo de allegados.
Sin embargo, de los negocios que se le imputan a Pasteris Kirchner se enteró por la SIDE convencional, cuyo verdadero jefe, Francisco Larcher, estuvo investigando no sólo las presuntas actividades comerciales de la cúpula de la Gendarmería, sino también a sus contactos en el gabinete nacional desde hace por lo menos seis meses. ¿Cuál fue la razón por la que la Casa Rosada decidió hacer estallar el caso en plena campaña electoral? ¿Por qué lo atribuyó solamente a razones de defensa de los derechos humanos y no a ese otro caudal informativo, también escabroso y más reciente? ¿Es cierto que se trató de una reacción preventiva ante la inminente denuncia que podría realizar Elisa Carrió, experta en indagar las vinculaciones de Julio De Vido tal vez gracias a la transferencia de datos que le llegan desde Río Gallegos? Como ya se publicó en este diario, la guerra entre De Vido y Sergio Acevedo es tan encarnizada que el gobernador debería comenzar a temer por un final adelantado de su mandato. Acevedo es amigo de Carrió desde que ambos emprendían cruzadas conjuntas en la Cámara de Diputados.
• Indicios
Sea como fuere, conviene conocer los otros indicios en los que se basó Kirchner para eyectar del cargo de Pasteris, el jefe de la Gendarmería recomendado por De Vido:
• Desde la inteligencia oficial le hicieron conocer al Presidente la posible vinculación de Pasteris con una empresa de seguridad de cargas llamada Datum & Ways, que operaría desde el séptimo piso del edificio Centinela. En esos partes que le llegaron al santacruceño desde la oficina de Larcher se consignaba la posibilidad de que importantes compañías de combustibles contrataran a esa empresa para, a través de ellas, contar con los servicios informales de gendarmes de la cúpula. ¿Es verdad que Héctor Schenone, el segundo de Pasteris, fue un informante solícito de muchas de las operaciones de su jefe, no sólo del gobierno, sino también de alguna embajada preponderante? Schenone quedó al frente de la fuerza. ¿Tendrá el «nihil obstat» de Duhalde y de Verbitsky?
• La otra figura sobre la que versan los papeles que Kirchner repasó por las noches, antes de tomar la decisión de apartar a Pasteris, hablan de Allan Héctor Bogado, a quien vinculan formalmente con la misma empresa Datum & Ways. Pero los detalles de Larcher van más allá: ¿es cierto que Bogado presumía públicamente de sus relaciones con Julio De Vido? Como de costumbre, en las radiografías de este grupo aparece mencionado el hijo de De Vido, Facundo. Los relatos de Larcher se parecen, por momentos, a las crónicas de Jorge Asís sobre la vida santacruceña. Insólito método de Kirchner para controlar a quienes, se supone, son sus íntimos.
• Si bien la medida del Presidente se limitó a la defenestración de Pasteris, el contexto informativo en el que se aplicó es más extenso. Los informes que lo inspiraron incluyen a otros gendarmes, como Oscar Gervasoni, quien estaría vinculado al sistema de compras de la fuerza, pero también a Lucas Gancerain, el subsecretario de Coordinación del Ministerio del Interior. Gancerain acompaña a Aníbal Fernández desde hace años. La información que salió de esa cartera el lunes aclaraba que Fernández no conocía los malos antecedentes de Pasteris en cuestiones de derechos humanos. ¿Tampoco sabía los relacionados con sospechas de irregularidades? ¿También este ministro fue puesto a contraluz por la Casa Rosada, igual que De Vido? ¿Lo que comenzó por Gendarmería seguirá por la Policía Federal? Las respuestas ya están en Balcarce 50.
• Nadie puede llamarse a sorpresa en el oficialismo por todos estos datos que echan luz sobre la salida de Pasteris. Es simple: Kirchner ya había expulsado de la fuerza al hombre que, en las mismas narraciones que le hicieron tomar esta decisión, era caracterizado como uno de los nudos en una red de relaciones complicadas entre gendarmes. Es el comandante José María Viero, principal asesor de Pasteris, removido en la primera quincena de marzo de 2005. El papel de Viero mereció una nota del actual presidente de « Télam», Granovsky, titulada «Paso de los libres, por donde pasa de todo», publicada por el diario «Página/12» (que, se supone, todo el oficialismo lee). El relato del periodista no se refería a la infame «era menemista», por más que muchos de los gendarmes mencionados en estas sagas ya se habían hecho famosos en aquellos tiempos. Granovsky publicó la nota el 23 de junio de este año y expuso en ella una cantidad de episodios ligados a la Gendarmería y la Aduana que hubiera provocado la remoción de muchos funcionarios, aun cuando no saltaran sus fichas en los archivos de Verbitsky.
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