25 de octubre 2005 - 00:00

Por huelgas cierran este año el Colón

Ante la realización de un nuevo paro gremial de los trabajadores del Teatro Colón (el número 39 del año), el Gobierno respondió suspendiendo definitivamente la temporada 2005. La medida se decidió el sábado, pero se dio a conocer recién ayer, un día después de los comicios (lo drástico del anuncio podría haber perjudicado aun más, para los votantes de clases media y alta, la imagen del Gobierno de la Ciudad). Se pierden arte y mucho dinero: se devolverá a los abonados la parte proporcional de lo que pagaron, se honrarán los contratos con los elencos y se mantienen todos los sueldos de un teatro cerrado. Todo muy lamentable.

Gustavo López
Gustavo López
El secretario de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Gustavo López, anunció ayer la suspensión de la temporada del Teatro Colón para lo que resta del año. La decisión, que en realidad se tomó el sábado, fue consecuencia del anuncio de un nuevo paro de actividades por parte de una comisión gremial interna perteneciente al cuerpo escenotécnico que, si bien responde a Sutecba, actuó, en este caso, sin respaldo sindical.

«Hasta aquí llegamos»,
dijo ayer López a este diario. «El Gobierno no puede ceder a presiones extorsivas. En estos últimos meses de paritarias, a los cuerpos escenotécnicos se les otorgó todo lo que pedían, y en algunos casos obtuvieron aumentos de hasta 50% de su salario, superando en algunos casos los de los cuerpos artísticos. Pero persistir en conductas hostiles, una vez finalizados los convenios, y además con reclamos disparatados, como que sea el Gobierno el que pague los aportes jubilatorios, hace imposible la continuidad de la temporada.»

El viernes último, esa comisión gremial presentó ante la dirección del teatro, encabezada por el cantante Marcelo Lombardero, un petitorio de cuatro puntos, referidos a concursos, pagos retroactivos y discusiones de contrataciones para el año próximo. El tercero de esos puntos consistía en el reclamo de que los aportes jubilatorios quedaran a cargo del gobierno.

Al día siguiente, López se apersonó en el teatro para discutir ese petitorio aunque, esta vez, a diferencia de los 38 paros que se sucedieron a lo largo del año, no hubo acuerdo posible, y se decidió por la salida drástica cuya eventualidad había planteado hace dos meses la suspensión de la temporada. «El cuerpo directivo del teatro, cuando me expuso la situación sin retorno a la que se había llegado, tampoco encontró otra salida más que ésta que adoptamos de común acuerdo», dijo el funcionario.

• Decisión

Ese sábado, se tenía que decidir entre reprogramar una vez más los ensayos de un costoso espectáculo lírico, «Capriccio», de Richard Strauss, cuyo elenco ya estaba en Buenos Aires, y enfrentar otro papelón con una orquesta extranjera, la de Mantova y su famoso solista, Gianluca Cascioli, que debían actuar anoche en el Colón (lo terminaron haciendo en el Coliseo), o cortar de raíz con la temporada.

Se optó por lo segundo y se anunció recién ayer, es decir, un día después de las elecciones. Versiones extraoficiales de allegados al teatro indicaron a este diario que no sólo se buscó, obviamente, evitar el impacto negativo de esta noticia antes de los comicios, sino que además se estaría trabajando en el diseño de una nueva conducción para el Colón. Pese a que desde el sábado se conocía en el ambiente musical esta medida, el mutismo oficial complicó a la empresa Harmonia, organizadora del concierto de anoche con la Orquesta di Mantova, ya que recién ayer a las 11 de la mañana les comunicaron que no podrían tocar en el Colón.

«En el entendimiento de que la conducción del teatro, y mucho menos sus espectadores, no pueden ser tomados como permanentes rehenes, la Secretaría de Cultura porteña decidió la suspensión de la temporada 2005 hasta tanto pueda garantizarse su continuidad en un ámbito previsible, razonable y, sobre todo, de respeto al público del teatro»,
dice una parte del extenso comunicado oficial difundido ayer.

Esta suspensión priva a melómanos y abonados del final de la accidentada temporada que imaginó
Tito Capobianco, en una de las gestiones más malhadadas de la historia del teatro: no se verá «Capriccio», de Richard Strauss, que iba a ser estreno latinoamericano, y cuyos intérpretes y directores extranjeros se volverán a sus lugares de origen después de hacer turismo en Buenos Aires, y con los bolsillos llenos, ya que obviamente cobrarán todo lo pactado a expensas del dinero público.

También queda sin efecto la
«Turandot» de Puccini, para la que Capobianco había soñado con su nuevo final, compuesto por el italiano Luciano Berio, ni se representará el «Don Giovanni» de Giusseppe Gazzaniga por la ópera de cámara, ni «La flauta mágica» de Mozart con la Camerata Bariloche.

Ayer se estaban estudiando los procedimientos para restituirles a los abonados la parte proporcional del dinero que pagaron, a principios de año, para gozar de una temporada a la que
Capobianco bautizó, al inaugurarla, como de «tradición y excelencia».

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