Por huelgas cierran este año el Colón
Ante la realización de un nuevo paro gremial de los trabajadores del Teatro Colón (el número 39 del año), el Gobierno respondió suspendiendo definitivamente la temporada 2005. La medida se decidió el sábado, pero se dio a conocer recién ayer, un día después de los comicios (lo drástico del anuncio podría haber perjudicado aun más, para los votantes de clases media y alta, la imagen del Gobierno de la Ciudad). Se pierden arte y mucho dinero: se devolverá a los abonados la parte proporcional de lo que pagaron, se honrarán los contratos con los elencos y se mantienen todos los sueldos de un teatro cerrado. Todo muy lamentable.
-
CIPPEC reunió a la dirigencia en su cena anual y llamó a "crecer o crecer" en un momento bisagra
-
Laspina en la Cena de CIPPEC: "Argentina necesita un acuerdo político mínimo, simple y duradero"
Gustavo López
«Hasta aquí llegamos», dijo ayer López a este diario. «El Gobierno no puede ceder a presiones extorsivas. En estos últimos meses de paritarias, a los cuerpos escenotécnicos se les otorgó todo lo que pedían, y en algunos casos obtuvieron aumentos de hasta 50% de su salario, superando en algunos casos los de los cuerpos artísticos. Pero persistir en conductas hostiles, una vez finalizados los convenios, y además con reclamos disparatados, como que sea el Gobierno el que pague los aportes jubilatorios, hace imposible la continuidad de la temporada.»
«En el entendimiento de que la conducción del teatro, y mucho menos sus espectadores, no pueden ser tomados como permanentes rehenes, la Secretaría de Cultura porteña decidió la suspensión de la temporada 2005 hasta tanto pueda garantizarse su continuidad en un ámbito previsible, razonable y, sobre todo, de respeto al público del teatro», dice una parte del extenso comunicado oficial difundido ayer.
Esta suspensión priva a melómanos y abonados del final de la accidentada temporada que imaginó Tito Capobianco, en una de las gestiones más malhadadas de la historia del teatro: no se verá «Capriccio», de Richard Strauss, que iba a ser estreno latinoamericano, y cuyos intérpretes y directores extranjeros se volverán a sus lugares de origen después de hacer turismo en Buenos Aires, y con los bolsillos llenos, ya que obviamente cobrarán todo lo pactado a expensas del dinero público.
También queda sin efecto la «Turandot» de Puccini, para la que Capobianco había soñado con su nuevo final, compuesto por el italiano Luciano Berio, ni se representará el «Don Giovanni» de Giusseppe Gazzaniga por la ópera de cámara, ni «La flauta mágica» de Mozart con la Camerata Bariloche.
Ayer se estaban estudiando los procedimientos para restituirles a los abonados la parte proporcional del dinero que pagaron, a principios de año, para gozar de una temporada a la que Capobianco bautizó, al inaugurarla, como de «tradición y excelencia».




Dejá tu comentario