Acaso Leopoldo Moreau no pensaba pasar a la historia como el último candidato presidencial del radicalismo. Pero es posible que éste sea su destino: en 2003 encabezó la fórmula presidencial, acompañado por Mario Losada, que obtuvo 2,34% de los votos. Estos dos dirigentes enfrentaron un pésimo momento histórico, el que sobrevino a la caída de Fernando de la Rúa. Aunque no falte el mal pensado que diga que la postulación de Moreau fue el mejor homenaje que podía hacerle el radicalismo bonaerense a la estrategia de Eduardo Duhalde para instalar a Néstor Kirchner en el poder.
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Sucede que, con la adopción de Roberto Lavagna como candidato presidencial -hecho que se formalizará en marzo mediante una convención nacional-, la UCR irá por primera vez en su historia a comicios presidenciales con un candidato ajeno a sus filas. Una posibilidad a la que no se recurrió en momentos inquietantes de su historia, por ejemplo en las tres ocasiones en las que debió enfrentar a Juan Perón: en 1946, los radicales le dieron presidente y vice a la Unión Democrática; en 1951, postularon a Ricardo Balbín y a Arturo Frondizi, y en 1973, a Balbín y a Fernando de la Rúa.
No le faltaron oportunidades a la UCR para asistir a las urnas detrás de candidatos ajenos. La proscripción de hecho, por vía fraudulenta, que sufrieron después de la caída de Hipólito Yrigoyen, que impidió la llegada de Marcelo T. de Alvear a la presidencia en 1937.
En el ciclo democrático abierto en 1983, nunca la UCR dejó de tener su propio candidato. Ganó con Raúl Alfonsín en 1983, postuló a Eduardo Angeloz en 1989, a Horacio Massaccesi en 1995 y a Fernando de la Rúa en 1999 (consiguió superar a Graciela Fernández Meijide para ser el candidato de la Alianza). La última experiencia fue la de Moreau, en 2003.
Por eso lo que se resolveráen la convención de marzoserá histórico. Y, posiblemente, triste para los afiliados de esa fuerza. Por primera vez esta agrupación histórica deberá enmascararse en una candidatura ajena, como les tocó hacer a otros partidos políticos a lo largo de la historia, para enfrentar la decadencia. Por eso, cuando se analice la historia en curso, la candidatura de Lavagna será, tal vez, una nueva muestra de la pericia de Alfonsín. O el testimonio más vehemente de que, durante el largo liderazgo que ejerció desde 1982, llevó a la UCR a su más bajo nivel de performance política.
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