14 de abril 2008 - 00:00

¿Por qué pedir sólo por Betancourt?

Ingrid Betancourt
Ingrid Betancourt
Cuando Hugo Chávez convocó a participar de la sedicente liberación de Ingrid Betancourt, la delegación argentina fue encabezada por Néstor Kirchner, el personaje de más alto rango con la más nutrida corte periodística que acudió a la histriónica convocatoria.

Ahora, a la reciente marcha parisina, de nuevo la más alta investidura presente correspondió a la Argentina, en la figura de su primera mandataria, esta vez acompañada por representantes de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

Nicolas Sarkozy, por cierto, no concurrió a la manifestación, pero, probablemente, la opinión pública francesa debe sentirse satisfecha porque sus autoridades presionen tanto por la liberación de la única rehén de esa nacionalidad en poder de las FARC. Hubiera sido de desear que las autoridades argentinas allí presentes, además de blandir una pancarta en que sólo se mencionaba a Betancourt, hubieran incluido en el reclamo también a los otros setecientos secuestrados y, especialmente, al ciudadano argentino Jorge Guillanders Millar, acerca de cuya situación se carece de información oficial disponible.

  • Sin antecedentes

  • De hecho, mientras nuestra Presidente marchaba en París reclamando contra las FARC, no se publicita antecedente alguno de una actitud oficial equivalente en los últimos años. Betancourt fue secuestrada en febrero de 2002 y Guillanders Millar en 2006 y no resulta posible encontrar, ni en los antecedentes accesibles de Cancillería, ni en los sitios públicos de las organizaciones Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, sumamente respetables, por cierto, un solo pronunciamiento, antes de ahora, en repudio abierto y de entidad comparable, de aquellos dos secuestros y los otros setecientos que completan la nómina de violaciones a los derechos humanos más persistente y numerosa que se verifica en la actualidad mundial.

    Más aún, hace dos meses, uno de sus exponentes más reconocidos, la señora Hebe de Bonafini, calificó al presidente Alvaro Uribe como un «malparido», reivindicando sin reservas las acciones de las FARC. Las mismas FARC contra la cual ambas organizaciones marchan ahora en París.

  • Cuba

    Demasiado fresco está el caso de la doctora Hilda Molina, respecto de la cual los tibios reclamos diplomáticos fueron directamente archivados en Cuba, con silencio argentino a partir de entonces: la defensa de los derechos humanos es una política de Estado, que debe aplicarse aunque el transgresor resulte un amigo ideológico.

    Existe otro interés nacional desatendido. Si es verdad que queremos combatir al narcotráfico e impedir todo lo posible la creciente drogadicción de nuestros jóvenes ¿por qué se continúa mirando para otro lado si se sabe que el noventa por ciento de la cocaína que se fabrica en el mundo sale de Colombia, de los territorios que controlan las FARC?

    Marulanda y sus seguidores de las FARC carecen de futuro: no pueden ya triunfar ni política ni militarmente y su accionar tiende a enrolarse como comparsa del planeta bolivariano y limitarse a la protección armada de los carteles del narcotráfico. ¿Son esos nuestros socios, nuestros referentes en el ámbito regional? ¿Resulta lícito privilegiar una visión idealizada de las FARC mientras secuestran, matan y exportan drogas que envenenan a nuestra población? ¿Es ése el sentimiento de la sociedad argentina? ¿Cuál es el del gobierno que nos representa?

    (*) Ex vicecanciller
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