Por qué se fue Remes Lenicov

Política

«Si uno se ha pronunciado clara y reiteradamente por un tipo de cambio flexible, no puede luego salir a pregonar un tipo de cambio fijo. Estar al frente del Ministerio de Economía y frente a una crisis de esta gravedad si usted pierde credibilidad ya no tiene sentido seguir y corresponde la renuncia», le decía anoche el ex ministro Jorge Remes Lenicov a este diario explicando su renuncia.

La había insinuado el lunes a la noche al reunirse con el presidente Eduardo Duhalde y ayer martes, a la mañana, la concretó. Pero ya en esa reunión del lunes Remes había notado que al Presidente le gustaba la posibilidad de un tipo de cambio fijo. Allí se dio cuenta de que su ciclo concluía.

Duhalde tenía algunos reproches contra su entonces ministro. No le gustaron desprolijidades como poner retroactivamente las retenciones para luego tener que sacar otro decreto -se publicó el lunes en el Boletín Oficial- rectificando. Menos le gustó a Duhalde la idea -que no llegó a concretarse en medidade establecer por decreto de necesidad y urgencia que los jueces debían disponer un «no innovar» en los casos de amparo contra depósitos retenidos en los bancos. Cuando el secretario de Legal y Técnica de la Presidencia, Antonio Arcuri, le informó que tal propuesta del equipo económico era absolutamente inviable en cuanto a su legalidad, aumentó la desazón de Eduardo Duhalde no tanto sobre Remes Lenicov sino sobre el equipo que lo rodeaba.

No llegó a asimilar tremenda desprolijidad, más todavía cuando repetidamente le fueron indicando a Duhalde, sin nada de suavidad, que «por menos de algo así fueron presos Menem y Cavallo».

Duhalde vive bastante asustado con este fenómeno que le provoca presidir el país en una crisis tan grave con medidas necesarias que casi siempre lo obligan a ponerse al borde de la ilegalidad en una época en que la Justicia argentina se ha tornado muy casquivana. Que ni el gobierno entienda todavía por qué el juez Julio Speroni ordenó la prisión del ex ministro Cavallo y nadie pueda explicárselo con claridad a Duhalde ha tenido fuerte repercusión -aunque los jueces en sus dislates no lo observen- sobre la política de recuperación de un país en crisis terminal que necesita medidas de gran ejecutividad.

Claro, también tiene culpas el propio Duhalde que se empecina en gobernar en conmoción interna por motivo económico sin estado de sitio. Por mucho menos que los dramas actuales el ex presidente Raúl Alfonsín lo dictó en los años '80. Por algo tan simple como suponer que había «un complot» de parte de la prensa, una ridiculez.

Con estado de sitio Duhalde no hubiera tenido los problemas actuales de buscar retorcidos mecanismos para evitar el «goteo» constante de dinero desde el «corralito» porque suspende las garantías constitucionales y la Corte Suprema tenía que convalidarlo. Claro, para dictar esa medida de excepción se necesitaba la aprobación del Congreso que es más populista y demagógico, en su mayoría, que el propio Presidente.

• Divorcio

Duhalde ya no gustaba de Remes Lenicov pero también el ministro tenía sus propios reproches. No llegó a formular la queja directamente en las dos reuniones (lunes y ayer) que tuvo con el Presidente pero le molestó enormemente que mientras el estaba en el exterior hablando ante los 24 gobernadores del Fondo aquí Duhalde sometía al de por sí endeble equipo económico de Remes a una especie de «examen» ante economistas locales. Remes hablaba ante ministro del Grupo de los 7 países más poderosos del mundo, dos representantes latinoamericanos, de Asia, o sea, un auditorio muy calificado y de enorme poder de decisión.

Aquí el Presidente sometía a su equipo a la opinión de algo enormemente menos calificado. Exactamente ante Eduardo Setti; un ex cafierista y cercano al gremialismo, con alguna actuación en los años '70 cuando terminó preso en Mendoza al acompañar a Cafiero en la intervención en ese distrito; Daniel Carbonetto, un exótico economista que entre sus males acarrea haber sido asesor del populista ex presidente peruano Alan García cuando éste prácticamente destrozó la economía de ese país; Rodolfo Frigeri, actual diputado, ex cafierista también y luego duhaldista que tampoco goza hoy de fama tras haber presidido el derrumbe con préstamos inverosímiles e incobrables del Banco Provincia, y el más serio Carlos Leyva, economista democristiano que fue funcionario peronista y hoy es consultor privado. Leyva le dijo, en esa reunión, a Duhalde «ningún país serio deja ir los bancos a la quiebra». Tiene razón. En Japón una banca con carteras de garantía de cristal fue salvada, con excepción de algunas caídas inevitables, pese a haber sido la gran culpable de los 11 años que hoy lleva de recesión ese país de Oriente.

Es obvio que a ningún ministro le gusta un «examen» así de su equipo, en su ausencia y menos con una mesa examinadora de tan escaso relieve.

«No hubo un hecho puntual. No hubo un problema directo con el Presidente (Duhalde). Pero si la mayoría de los gobernadores se abstiene y desde el Parlamento atacan uno tiene que comprender que el contexto no es el mejor para conducir la economía del país en una crisis. Percibía que muchos hablan de esa crisis pero pocos la tienen asumida en su verdadera magnitud. Diría que algunos aún no la entienden. Inclusive creen que se puede vivir ajenos a lo que en el mundo rige y lo que el mundo aconseja. Si uno piensa y actúa así y ese contexto va en otra dirección entonces corresponde el alejamiento»,
le agregó Remes Lenicov al periodista de Ambito Financiero.

«No me he guiado sólo por lo que decía el Fondo Monetario. También hablé permanentemente con Pedro Malan de Brasil; con Carlos Izaguirre, presidente del Banco Central de Chile; con Paul O'Neill, del Tesoro de Estados Unidos; con Francisco Gil Díaz (ministro de Economía de México) y todos coincidían en que estábamos bien encaminados en cuanto a la necesidad de superar el déficit presupuestario con los ajustes que fueran necesarios»
, agrega Remes Lenicov.

En realidad, si tuviéramos que definir lo ocurrido ayer, más que por lo que diga Remes Lenicov, se deduce que se intentará buscar alguna nueva e imposible fórmula de renegar del ajuste que la crisis terminal hoy en la Argentina exige.

• Tendencias

Si un ministro se va por severo, cualquiera que lo reemplace, más no sea por principio de supervivencia inicial, puede tender a caer en la demagogia de considerar que un país puede salir del default, de la pérdida de su sistema financiero, de su altísima desocupación, de su aguda recesión con paliativos. Si así fuera -y es de esperar que no- será prolongar el sufrimiento antes de encarar la cirugía mayor.

«No se pueden abrir tantos frentes y menos en una crisis sin precedentes como ésta. Nunca nos debimos pelear con la Corte Suprema o alentar los que lanzaron esa pelea. Yo me voy con la convicción de que no veía otra forma que el plan BONEX que proponíamos»
, concluye Remes Lenicov en lo que sería su parte más débil porque cae en la fórmula de pagar con bonos, como en el año '90, luego de haber probado una imposible norma de «no innovar» pensada como obligatoria para los jueces.

Tiene razón en la estulticia que significó hacer juegos políticos -tipo ARI y Elisa Carrió- con la Corte Suprema. Y no sólo ese error sino crear una «per saltum» a la Corte sin haber indagado mínimamente antes -gran ineficacia del ministro de Justicia, Jorge Vanossi- sobre cómo iba a reaccionar la Corte. Ahora, con la fórmula «sentencia firme» se está mejor encaminado. Esa fórmula, que anoche circulaba como actitud a adoptar en lugar del plan BONEX, consiste en permitir que los jueces se expidan sobre los amparos contra el «corralito» (se descuenta que favorablemente), que los bancos recurran las sentencias ante las cámaras respectivas -como en cualquier juicio- y que finalmente se pase en algún caso a la Corte que marcará lo definitivo a partir de una presentación. Pero aquí, es su ventaja, viene un largo trayecto que inclusive la Corte puede alargar más.

Ese lapso servirá -quizás un año o más- para dar tiempo a que la economía se recupere o sepa qué resolver sobre el técnicamente insoluble hoy problema de los fondos retenidos al público, algo que viola el derecho de propiedad.

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