5 de mayo 2004 - 00:00

Posdatas

CRISTINA EN BIEN Y MAL

Para su presentación en un reportaje en los estudios de la CNN en Atlanta, Estados Unidos, Cristina Kirchner no pudo contratar a encuestadores habituales argentinos para una «medición a mi medida», como gusta localmente al gobierno. Allá tuvo que ceñirse a la imparcialidad de los yanquis y no salió mal parada en lo que hace a su imagen y palabras entre hispanoparlantes de Estados Unidos y Latinoamérica. Aunque femeninamente no debe gustarle, recogió un «muy agradable como esposa de un primer mandatario de América». Claro, después de Jacqueline las «primeras damas» de Estados Unidos no han derrochado belleza. «Discreto pero elegante vestir», agregaron los miles de televidentes. «Buena figura, buenas manos, peinado también discreto.» Luego entraron acotaciones como, por ejemplo, que «trasunta que fue o es legisladora por su velocidad al hablar y meter sus bocadillos, aunque pierde nitidez». El «hablar» argentino, sin el tono más pausado y de mejor pronunciación -por caso, de colombianos o mexicanos-, se descuenta que desconcierta a otros hispanoparlantes.

Pero su «mejor momento del breve reportaje» (habrán sido 12 minutos con un corte en el medio) curiosamente fue cuando dijo: «Conocí a mi esposo en la universidad». Para los hispanoparlantes, la hija joven que llega a estudios terciarios y allí conoce a un joven en su misma situación es el ideal para el matrimonio y para asegurar una base económica futura a la pareja. Lo «que le faltó», según la mayoría de los televidentes consultados, fue que «siendo joven no hablara ni al pasar de sus hijos, que si los tiene se supone que son chicos». Obvio que eso gusta siempre.

Lo peor de lo que expresó fue cuando la periodista de CNN en Español la interrogó sobre los jueces y los pedidos de extradición desde Chile del ex presidente Carlos Menem, quien dice que no tendría un juicio imparcial en la Argentina. No se entendió eso de que un presidente designe jueces (por Menem) y que a uno (Oyarbide) el partido de Menem «lo salvó del juicio político». Y finalmente, al decir desde su alta ubicación en el gobierno que el ex presidente hoy en Chile «no tiene vergüenza», demostró que tiene posición tomada y que la pareja presidencial no es imparcial sobre el accionar de la Justicia argentina. Visto desde aquí, un desliz de Cristina Kirchner. Debió opidecir lo clásico, que suena democrático, se lo crea o no, esto civilies «que es un tema exclusivo de la órbita de la Justicia, que en mi país es totalmente independiente».

¡Caramba, hay que mentir un poco cada tanto, Cristina, para hacer quedar bien al país, sobre todo ante un público extranjero que no conozca la verdad!

• DECEPCIÓN

Desde el inicio de sus vaivenes políticos bastante reprochables hasta terminar en «ultrakirchneriano» lo mejor que hizo el hoy senador riojano por la minoría Jorge Yoma, se dice, fue convocar a unas jornadas en el Senado para hablar del «juicio por jurados», que constitucionalmente data de 1853 pero parece que recién ahora se va a implementar por el terrible efecto «concentraciones masivas del señor Juan Carlos Blumberg». No fue una sola figura del Poder Judicial. Porque los fiscales tendrán que trabajar más y porque los jueces dejarán de jugar a Dios y sólo podrán dirigir el juicio, fijar la pena según el dictamen exclusivo de un jurado de ciudadanos legos y actuar en la previa -en confesión que evite el juicio- y cuestiones de forma procesal mayoritariamente, casi llegando a corporativismo, la Justicia criolla se opone.

No parece justo ni adecuado al sentir ciudadano, aunque sea cierto, que pedir el «juicio por jurados» equivale a decir «no creemos en las condenas actuales que imponen nuestros jueces». A decir verdad, es así y hay que buscar perfeccionamientos a nivel de los países más civilizados, sobre todo en una cuestión tan importante como la libertad del ser humano. No faltó quien hizo objeciones baladíes sobre el tema como, por ejemplo, que si el argentino se niega a veces a la carga pública de presidir una mesa de comicios no va a prestarse honorariamente a integrar un jurado. Convengamos que los que no acuden a presidir una mesa electoral son excepción, y además imponer o no prisión de más de 6 años a una persona convoca distinta responsabilidad, ¿o no? Es más certera la crítica sobre otro aspecto: el argentino es transgresor de por sí y la mayoría ama e idolatra a los transgresores (desde Charly García hasta Maradona). Por tanto, por «cola de paja» -aunque en otra magnitud-, podría ser más «liberticida» en un jurado que nuestros jueces actuales.

• MURIÓ EN LA LUCHA

El procurador de la provincia de Buenos Aires fallecido el sábado pasado, doctor Eduardo Matías de la Cruz fue, y tuvo mucho eco en Ambito Financiero, uno de los luchadores argentinos por la derogación del 2x1. Por esta perversa figura judicial un asesino de culpabilidad más que probada apelaba la justa sentencia a la Corte Suprema especulando con que la Argentina es lenta en justicia. Sabía que le iban a ratificar la condena porque distaba de ser inocente pero no le importaba: mientras duraba la apelación por años, éstos se le computaban doble. Una barbaridad que finalmente, des pués de tanta protesta de juristas como De la Cruz y de la prensa, el Congreso de la Nación derogó del Código Penal. Pero los códigos procesales de las provincias son independientes del Código Procesal nacional y ya se sabe cómo son nuestros políticos y legisladores. De la Cruz no logró hasta hace pocos días que el Código Procesal bonaerense limitara la aplicación del 2x1 cuando se tramiten recursos extraordinarios o de casación contra una sentencia condenatoria. No llegó a ver el resultado de algo que se dispuso por el clima creado con su prédica y su difusión en prensa. La legislatura bonaerense actuó debido a que por el nefasto 2x1 está por quedar libre el detenido José Luis Auge, partícipe del crimen del reportero gráfico José Luis Cabezas, y temía críticas.

El 2x1 en años de detención se justifica hasta la primera pena y su apelación normal porque un acusado, cuando puede resultar inocente, no tiene ninguna culpa si el Estado demora en juzgarlo. Más allá de eso es una vergüenza. Al detenido Auge no le podrán evitar la libertad porque la ley no tiene efectos retroactivos, es decir que rige para los delitos cometidos de ahora en adelante. José Luis Cabezas y Axel Blumberg resumen la misma ironía: sus muertes inspiraron una Justicia más seria, más severa, pero esa severidad no se podrá aplicar a sus despiadados asesinos. Y seguirá siendo así en varias provincias que tampoco adecuaron sus códigos de procedimientos al nacional. ¡Necesitamos un Blumberg en cada territorio provincial!

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