27 de febrero 2002 - 00:00

Postergaron otra vez la sanción del Presupuesto

La sanción del Presupuesto Nacional 2002 quedó en suspenso ayer cuando se postergó, una vez más, la firma del acuerdo entre la Nación y las provincias por la coparticipación federal. Si bien existe acuerdo en cuanto a las cuestiones de fondo en el proyecto de presupuesto, en el Congreso, radicales y algunos peronistas consideran que el pacto con los gobernadores implica algunos cambios.

Los radicales sostienen que el acuerdo con las provincias tiene su reflejo en el presupuesto y por lo tanto el proyecto debe modificarse. «Hoy, por ejemplo, el proyecto de Presupuesto 2002 dice que la Nación debe transferir a las provincias los montos del acuerdo anterior menos 13%. Y lo que estamos negociando elimina el piso y techo de reparto. Eso hay que ponerlo en el presupuesto, de lo contrario nadie nos va a creer».

•Dudas

Frente a posiciones como ésta decidieron no apoyar el presupuesto mientras las provincias no cierren el acuerdo y presionar hasta el final. Por eso es que se dudaba anoche hasta de la posibilidad de sancionar el Presupuesto 2002 en una sesión prevista para mañana.

Las alternativas de la votación del proyecto están dentro de la agenda a debatir entre Eduardo Duhalde y los diputados del bloque peronista en la reunión que mantuvieron anoche en la Quinta de Olivos
. Pero el tema finalmente quedó fuera de las discusiones y ni siquiera se lo mencionó.

En su lugar los 107 diputados que llegaron a Olivos de la mano de Humberto Roggero, escucharon una arenga por parte de Duhalde -en el mejor estilo peronista bonaerense- sobre la crisis económica, la responsabilidad del sistema financiero y la movilización del partido justicialista.

«El peronismo debe ganar la calle. Debemos movilizarnos»,
les dijo el Presidente mientras ponía como ejemplo de organización el acto del lunes por la noche en Santiago del Estero, hecho a medida para recrear el ambiente de reuniones públicas que tanto le gusta a Duhalde.

En medio de su discurso sobre los organismos internacionales de crédito y las multinacionales, con un tono populista de tal vuelo que llegó a asustar a Roggero, lo que en este tema es difícil, el Presidente reconoció la legitimidad del reclamo de los caceroleros, pero aclaró: «Aunque haya un millón de cacerolas yo no voy a renunciar». Como si faltara algún ingrediente de la liturgia peronista, Duhalde anunció: «A partir de la semana que viene empiezo recorrer el país».

La única referencia a un tema concreto de administración del Estado la dio el Presidente cuando informó que ya había firmado el decreto que fija las prioridades de pago para la Tesorería colocando a los sueldos estatales en el tercer lugar.

• Errores

Luego vino el discurso de Roggero con reconocimiento de errores políticos y los diputados comenzaron a preguntar. Si en algún punto hubo unanimidad en las críticas fue en torno a la política de comunicación del gobierno. Nadie se cuidó de atacar la forma en que Eduardo Amadeo comunica los actos de gobierno. Y se quejaron también de la información interna: «No puede ser que nos enteremos por los diarios de lo que pasa en el gobierno», un reclamo que se repite en todos los gobiernos argentinos.

Jorge Matzkin, quizás aportando la mayor cuota de realismo de la noche dijo:
«Necesitamos de la ayuda internacional -como por otra parte repite todo el gobierno- pero tenemos que ser sinceros por si ésta no llega o llega tarde».

Saúl Ubaldini también habló del sistema financiero: «¿Presidente, usted se enteró que no ha llegado la circular a los bancos para liberar los salarios del 'corralito'?». Jorge Capitanich no habló y Duhalde mirando a todos dijo: «Yo pensé que eso estaba solucionado».

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