27 de julio 2001 - 00:00

Premio de Menem en 2 meses de casados: Cecilia a la villa

Carlos Menem cumplió ayer el segundo mes de casado, entusiasmado con la rentrée de Cecilia Bolocco en la actividad política (la semana que viene recorrerá una villa del barrio porteño de Retiro), y dio recomendaciones a los diputados del PJ para que endurezcan la oposición al gobierno de Fernando de la Rúa.

«La verdad es que, gracias a Dios, tengo este ángel de la guarda, Cecilia, que me sostiene con su afecto», se emocionó delante de Humberto Roggero, a 60 días de la boda en La Rioja, y en ausencia de su mujer que, en ese momento, cerca de las 13, supervisaba los aprestos de la celebración íntima que compartieron, una hora más tarde, con un histórico del peronismo de Anillaco, Luis Santos Casale, y señora.

«Además, me representa muy bien en los actos; el viernes de la próxima semana Cecilia va a ir a la Villa 31 bis a repartir juguetes por el día del niño», anticipó al jefe de la bancada de la Cámara baja, quien lo visitó por primera vez desde que está cautivo en Don Torcuato (sólo habían hablado por celular hace 20 días, en medio de un locutorio improvisado por los menemistas en el bloque).

El responsable de la bancada peronista no se echó a menos a la hora de ensalzar a la animadora trasandina. «A mí me impresionó cuando la fuimos a ver con De la Sota al festival de Villa María, donde tenía una parte del público en contra y terminó metiéndose a todos en el bolsillo», simuló maravillarse Roggero.

• Promesa

Una semana atrás, Bolocco prometió al reelecto jefe barrial de la villa de la zona de Retiro (desprendimiento de la famosa 31), el menemista Raúl Castro, una gira por el vecindario, que ahora se convirtió en un raid benéfico para los únicos privilegiados. La esposa de Menem quedó conmovida cuando escuchó por teléfono el acento chileno del Aníbal Ibarra villero. Su compatriota venció en las elecciones a una agrupación de «piqueteros», poseedores del franchising del sindicalista combativo Carlos «Perro» Santillán. Castro logró retener el cargo, con la ayuda de Libertadores de América, agrupación doméstica del convulsionado PJ metropolitano.

Roggero arribó a la quinta de Armando Gostanian junto a su colega Javier Mouriño, cacique de la vertiente que, en la 31 bis, representa Castro. El diputado porteño memoró con orgullo el trabajo de campo que desplegó allí la legisladora de la Ciudad, mandato cumplido, Raquel Kismer de Olmos (a) «Kelly».

La charla de actualidad se reencauzó con apuntes de Menem. «No podemos avalar estas medidas de recorte a los jubilados y a los trabajadores», insistió. Roggero escuchó un previsible vaticinio riojano sobre el futuro de la ley de déficit cero. «Va a ser duro el paso por el Senado», reflexionó Menem, quien comentó que había acordado una postura crítica respecto del ajuste con los senadores que le responden, entre ellos los infaltables: su hermano, Eduardo Menem, más Eduardo Bauzá, Carlos Corach y Alberto Tell.

Las recomendaciones hacia la bancada de la cámara de origen fueron, obviamente, en el mismo sentido: que el peronismo refuerce su perfil de contracara del oficialismo. La cordobesa Martha Alarcia ya había bajado las directivas al subloque menemista, durante una comida en un tenedor libre del barrio porteño de Congreso, el miércoles al mediodía. Apenas unas horas antes de que el Senado remitiera a comisión el proyecto gubernamental, con la excusa de buscar alternativas para no podar los haberes de la clase pasiva.

«Como siempre -respondió Roggero-, estamos a sus órdenes.» En tren de animar la austera ronda de café, lo sorprendió con saludos del ala duhaldista de la Cámara baja. «Presidente, antes de venir para acá me encontré con algunos muchachos que me pidieron que le mandara saludos, en especial Eduardo Camaño y José María Díaz Bancalari», comentó el cordobés. Mouriño completó el pergamino virtual con otras firmas y le entregó el libro que le había llevado de regalo, una biografía de Alejandro Magno. No parecía un presente acorde con un cumplemes de casamiento, pero sí para quien está privado de la libertad y le gusta leer, como el caso de Menem.

Antes de despedirlos, les comentó que el petrolero Antonio Cassia está fogoneando un plenario del consejo nacional partidario para que haya un pronunciamiento en repudio a la detención del ex primer mandatario.

• Frugalidad

La conmemoración de la boda fue más que íntima, tal cual exige el protocolo judicial impuesto por Jorge Urso. Después de la charla política con los diputados, compartió un almuerzo frugal (pollo, ensaladas y verduras) en compañía de Bolocco y Luis Santos Casale, que llegó acompañado por su esposa. El ex embajador en Cuba comentó entusiasmado la apertura de los Estados Unidos que permitirá a los norteamericanos volar a La Habana y se entretuvo con viñetas internacionales. El anfitrión en presidio había agotado el tema con Roggero.

En la puerta, mientras se retiraba, el jefe del bloque tuvo que traducir su solidaridad con el riojano más famoso en especies. Un grupo de militantes -ultramenemistas, claro- que suele mantener vigilias en Don Torcuato le pidió un aporte pecuniario para pagar afiches y pancartas de repudio al encarcelamiento de su líder. A Roggero no le quedó otra alternativa que meter la mano en el bolsillo, antes de que llegue el recorte de dietas. Casi tan fieles como los seguidores de Luis Miguel o Ricky Martin, los fans de Menem casi nunca abandonan la puerta de la prisión domiciliaria a la espera de conseguir, en este caso, no sólo una firma o una foto de su ídolo.

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