Lo peor del acto de José Manuel de la Sota en la ciudad de Córdoba (la excusa, los 50 años de la muerte de Eva Perón) no fue que sólo reuniera 20.000 personas, sino que más de la mitad de las mismas haya sido traída con costosos micros desde el interior de Córdoba y desde otras provincias, inclusive. Que el único signo auténtico de peronismo haya sido el veterano caudillo de Lanús Manuel Quindimil no fue tan grave en el acto porque, como candidato, De la Sota busca el público moderado. No se espera que los gobernadores del PJ vayan a opinar o hacer acto de presencia hasta que no estén más perfilados los postulantes y casi con seguridad luego de la definición de la interna. Por lo tanto, el gobernador de Córdoba no debió lamentar esas ausencias, comprensibles, pero sí quejarse de algunas presencias. El duhaldista José María Díaz Bancalari le hace mal cuando concurre a un acto de un candidato moderado. Díaz Bancalari viene de historias en su zona, San Nicolás; participó activamente en el dispendio del millón de dólares por día que recibía Duhalde gobernador bonaerense por el Fondo de Reconstrucción Histórica. Ese fondo fue agotado sin cambios profundos en la provincia de Buenos Aires y, además, desbordado todavía por un déficit que llevó en 2001 a 4.100 millones de dólares el desfase presupuestario anual y fue factor decisivo del estallido general de la economía en la Argentina. Díaz Bancalari, además, tuvo la poco feliz idea de incitar al presidente Duhalde contra la Corte Suprema con el juicio político y luego debió dar marcha atrás, tras haber sido este diputado decisivo con su accionar en la pérdida de 7.000 millones de dólares por salida de fondos del «corralito». Díaz Bancalari es, en consecuencia, uno de los hombres públicos más costosos para el país en los últimos años.
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Si la presencia de gente como Díaz Bancalari hace temblar la estabilidad de los palcos donde se presentará De la Sota, igualmente grave es la concurrencia de Luis Barrionuevo, con el agravante de su esposa, la que había repuntado por sus inteligentes apariciones televisivas, Graciela Camaño. Cualquiera observaba en el acto de Córdoba que si había tantos «extranjeros» a la provincia con costosos traslados era visible la «mano» del sindicalista Barrionuevo. Por tanto, el pago de micros con fondos indebidos de las obras sociales que, a su vez, se extraen al Estado nacional con engaños. Los sindicalistas -más del tipo Barrionuevo- nunca le hacen bien a ningún candidato. Menos a un De la Sota que tendrá que hacer enormes esfuerzos para imponer su figura en la interna justicialista, y si quiere atraer «moderados». Deberá aprender que este público rechaza visceralmente a los sindicalistas, más el público de Buenos Aires y zona bonaerense, que constituye nada menos que la mitad del padrón nacional.
A diferencia de Néstor Kirchner (Santa Cruz), Adolfo Rodríguez Saá (San Luis), Juan Carlos Romero (Salta) o Carlos Menem (La Rioja), el drama del candidato cordobés es que no domina, como los otros, la popularidad en su propia provincia. Las encuestas en Córdoba lo siguen dando cuarto en intención de voto a presidente luego de Carlos Menem, Rodríguez Saá y hasta Elisa Carrió.
Ninguno de sus contrincantes en la interna del PJ necesitaría para un acto en su propia provincia que viniera el sindicalista Barrionuevo con su dinero a traerle activistas pagos de gremios desde otras provincias para rellenar una plaza.
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