4 de julio 2002 - 00:00

Primeras consecuencias de adelantar las elecciones

• El impactante anuncio del gobierno de adelantar la elección presidencial a marzo y la entrega del poder en mayo del año que viene es desde ayer el tema dominante en el país. Para comerciantes, empresas, profesionales -todos con graves angustias económicas por la crisis- adelantar sólo 6 meses el cambio es poco: querrían más rápido todo para ver si en el cambio surge una variante a sus males actuales. Estos existen y se agudizan. Lo por venir trae la esperanza de lo desconocido, aunque más no sea. Mayoritariamente los argentinos, que vienen de algún viejo pasado de esplendor o de fantasías, como en la década del '90 o los días de «la plata dulce», de los '80, siguen creyendo en la «magia» de los nuevos presidentes y de sus eventuales ministros de Economía. En realidad quien asuma en mayo del año que viene tendrá el peor panorama por delante que cualquier otro primer mandatario en 150 años de vida nacional. Su necesidad de reconstruir con esfuerzos será imperiosa, y eso es inversamente proporcional a su popularidad o a la algarabía que haya sobrevenido con su proclamación.

• Más allá de eso hay una novedad en el calendario electoral anunciado: internas de los partidos -y aun de los candidatos individuales si los hubiera por una reforma en gestión- bajo pena de no poder participar en la elección presidencial si no se cumple con ese requisito. Aunque puede haber movimientos en «la fórmula», cambiar el aspirante a presidente o el vice, siempre es dentro del mismo partido donde se operó la interna. Es la parte menos democrática de la ley porque el que perdió en un partido y cumplió con la «interna» no podría ir con otro aunque sea una opción nueva que se le puede brindar al electorado final. Esto propone Elisa Carrió, quien aspiraría a ser «la ambulancia» para reclutar los desilusionados de otros partidos tras participar en la interna y llevarlos a su ARI. Se puede zafar de eso sólo presentándose individualmente -si sobreviene la reforma electoral que falta- en 5 distritos a 4 por mil firmas en cada uno y luego ir donde convenga. El «individual», obvio, siempre ganará y puede ir en composición de fórmula con otro partido. Por ejemplo, Patricia Bullrich y Ricardo López Murphy si van individuales por una reforma, «ganan» y se pueden unir después de la interna. Lo que no se puede es que el perdedor de una interna (en los partidos más grandes) se vaya junto al ganador del otro como candidato a vice, por ejemplo. O sea se buscó que «nadie saque los pies del plato». Por supuesto, si alguien se siente fuerte, los puede sacar antes, lograr un caudal de votos el día de «internas» sin competir con nadie y luego ofertarlo integrándose en otra fórmula.


• De cualquier manera ayer había tres conceptos que se aceptaban por mayoría y que se esbozaron por primera vez la noche misma del anuncio el martes en el programa de «Chiche» Gelblung por «Canal 9»: a) La elección de «internas» en noviembre será más importante que la elección presidencial de marzo por lo que define en candidaturas: b) De las «internas» de noviembre la del justicialismo será la más decisiva y se estimará al ganador casi el próximo presidente de la Nación, aunque falte esperar el transcurso del verano para volver a votar. c) El anuncio de Duhalde de este cronograma puede aislar a los violentos de las calles (de los piqueteros, de los caceroleros). Se basa en esta lógica: aun la izquierda que simpatice con la fuerza no la apoyará en la medida en que deberá enfrentar urnas y la violencia espanta y aleja a cualquier moderado que irá a votar.

• La política se organizó en los últimos tiempos en la Argentina sobre la base de una gran contradicción: la de los dirigentes y fuerzas organizados en las tradicionales burocracias partidarias y la de los dirigentes sostenidos por una ola de opinión pública más o menos fluctuante, muy dependiente de los medios de comunicación y del atractivo de algunos candidatos-estrella. Al primer grupo pertenecen, decididamente, el peronismo y el radicalismo, que constituyen dos grandes redes de comités y unidades básicas en todo el país.


• En la otra clase se ubican Elisa Carrió, Ricardo López Murphy, Luis Zamora, Mauricio Macri, Patricia Bullrich o Gustavo Béliz, entre otros nuevos. Carecen de partidos organizados y, en general, lo que sucede alrededor de ellos es obra de su propia imagen y casi única voluntad. La ley electoral que se promulgó ayer establece la realización de internas simultáneas y abiertas para todos los partidos, inclusive si tienen lista única; caso contrario, no podrían presentarse como candidatos en la elección presidencial de marzo.

• ¿Este sistema favorece decididamente a los políticos del primer género? Podría pensarse que sí, porque obliga a la realización de elecciones internas en todos los casos. ¿Qué atractivo tendría una interna en el ARI, entre Elisa Carrió y un dirigente desconocido o, peor aún, ir a votar la lista única de Carrió? Sería ir a votar para convalidar un resultado «cantado».


• Sin embargo, cabe pensar lo contrario. Uno de los grandes enemigos de los «terceros partidos», «partidos chicos» o formaciones más atractivas para los independientes ha sido la teoría del voto útil. Es decir: existe una gran retracción a votar a los candidatos de esos partidos (López Murphy, Bullrich, Macri, etc.) porque podría significar «tirar el voto». Es decir, poner en la urna una expresión testimonial que le resta fuerza a otro candidato tal vez menos bueno pero capaz por su arrastre de evitar la llegada al poder de «lo peor». Como en la interna no se juega directamente la llegada al gobierno, ese peligro de perder el voto queda anulado. Por eso los candidatos que carecen de un aparato partidario pueden recibir en esas internas más votos que los que tal vez cosecharían en una elección general, gracias a los independientes que votarían al que consideran en sí mismo «el mejor» y no sólo «el menos malo». En este sentido, la interna abierta simultánea les da una chance de medir fuerzas de la que carecían anteriormente.

• Hace mucho al próximo proceso electivo si Duhalde logra concretar, por ley del Congreso, que personas individuales, con lograr el 4 x mil de firmas en no menos de 5 distritos, puedan presentarse como candidatos a presidente de la Nación. Por ejemplo, un Ricardo López Murphy o Patricia Bullrich reuniendo 1.200 firmas en San Luis (300.000 habitantes) ya tendrían un distrito. Un Mauricio Macri lograr la Capital Federal como uno de los 5 que le pedirían, con sólo obtener 12.000 firmas entre los socios de Boca (que se supone se las brindarían y más sobre todo si anda bien el equipo) parece fácil. Su amigo Ramón Puerta en dos días le conseguiría otro distrito, como Misiones, y así sucesivamente. ¿Votarán los políticos, tradicionalmente «clientistas», en el Congreso una ley de reforma que abra tantas posibilidades a figuras nuevas? Es la duda.


• Una derivación importante que tuvo el anuncio del nuevo calendario electoral fue el análisis que comenzó ayer en las empresas, sobre todo privatizadas y multinacionales que operan en el país. Por de pronto ya se notó -y se cree que se generalizará- postergar hasta después de las internas de diciembre todos los actuales análisis sobre perspectivas futuras de la Argentina y, sobre todo, si se seguirá o no con las radicaciones en el país. Para las empresas la elección verdadera serán también esas internas y casi excluyentemente las del justicialismo, como también piensa el mundo político. O sea descuentan que el que gana la interna justicialista será el futuro presidente de la Nación, aunque recién se vote en marzo. Es comprensible que demoren decisiones drásticas: con lo que han perdido desde la «pesificación» no les hace nada esperar 5 meses más a esas internas de los partidos, aunque sepan que seguirán perdiendo. Piensan que hasta podría venir la ansiada reactivación de la Argentina inclusive el próximo verano montada sobre la perspectiva del candidato que surja de esas internas. Claro, si Néstor Kirchner ganara o tuviera una presencia muy importante en la interna del PJ o Elisa Carrió o Zamora acumularan similar alta gravitación por el lado de la izquierda, el efecto sería al revés, se profundizaría la recesión y huirían precipitadamente de un país que tal como está hoy los negocios se les hace inviable.

• El calendario, obviamente, puso en febril actividad a todos los políticos, sus partidos, los candidatos independientes, las empresas también, los sindicatos, las provincias. Pero entre éstas ninguna quizá como Córdoba donde las fechas anunciadas provocaron un terremoto en su propio cronograma electoral que era elecciones para gobernador en junio y asunción en julio, cuando termina el mandato de De la Sota.


• Allí el único que se mueve tranquilo -a diferencia de su partido, el radical, en el orden nacional- es el ex gobernador y ex ministro del Interior de Fernando de la Rúa, Ramón Mestre. Siente casi segura su postulación como candidato a gobernador porque se cree que sólo podría hacerle alguna sombra su correligionario Rubén Martí, pero éste domina escaso aparato partidario, se le adjudican problemas de salud y, si se curara, podría brindársele la importante candidatura a intendente de la ciudad de Córdoba donde ya se desempeñó y con éxito, aunque para este cargo en la ciudad hay muchos aspirantes nuevos en el radicalismo cordobés. El único problema que preocupa a Mestre es frenar un retorno de alguien que necesita como apoyatura interna pero que podría afectarle la elección general: Eduardo Angeloz, que aspira a presidir el partido en Córdoba. Sucede que sus coterráneos aún no olvidaron sus desaguisados y aquella sorprendente decisión judicial que lo liberó de todas las acusaciones de negocios incompatibles en su tercer período al frente de la gobernación que terminó en un desastre financiero para la provincia que Mestre debió recuperar.

• Mestre, hoy feliz, tiene varias cartas que valora. El evidente retroceso en que cayó la gobernación del justicialista José Manuel de la Sota tras un comienzo brillante en lo administrativo (bajó impuestos) y en lo político (logró reducir a una cámara las dos legislativas que había en Córdoba). La caída del país y no poder así privatizar nada lo derrumbó. Otra es que Mestre quiere volver a las alianzas «de espíritu o atracción y no formalizadas». Pero no las que propiciaba Raúl Alfonsín con el Frepaso que nunca se aplicó en Córdoba donde la izquierda en las urnas no sobrepasa 3%. Mestre está convencido de que Córdoba es bipolar con el PJ aunque el radicalismo la gobernó casi 25 años seguidos y perdió cuando se inclinó hacia De la Sota el tradicionalismo cordobés que es muy fuerte y decisivo en esa sociedad.


• Otra carta es ser fuertemente antiizquierda -lo que agrada al tradicionalismo-, haber sido un buen administrador y tener amistad personal con Carlos Menem (hasta poseen un amigo común casi entrañable de ambos). Inclusive Mestre no se cebó, como lo hizo hasta el propio De la Sota, con Germán Kammerath, el actual intendente que sobrelleva una gestión muy controvertida.

• Kammerath es hombre de Menem y le faltó realismo para enfrentar un complicado municipio. Por caso, empezó perdiendo cuando aceptó que el ex intendente radical Martí le agregara días antes de irse 1.600 empleados municipales a un voluminoso plantel municipal (casi 9.000 personas administrativas, aparte de maestros, bomberos, etc.) que es el más caro de cualquier municipio del país con un haber mensual de $ 2.200,60 días anuales de vacaciones, sólo 35 horas semanales de trabajo según un terrible estatuto que, eso sí, fue obra de Mestre cuando regenteaba la ciudad. En la empresa oficial de energía (EPEC) en el dispendio oficial de fondos públicos hay hasta triple aguinaldo y tres días extra de licencia anual al que vacaciona a más de 150 km del centro de Córdoba.


• De la Sota ayer dialogó una hora a solas con Carlos Reutemann en Olivos. El cordobés tiene hoy, ante su pérdida notoria de imagen nacional, todas sus fichas puestas en el santafesino cuyas dudas para lanzarse en la interna del PJ contra Carlos Menem lo exasperan. De la Sota sabe que solo él es una lucha perdida para la candidatura nacional, más si tiene un enemigo irreconciliable como es el sanluiseño Adolfo Rodríguez Saá cuyas intenciones de voto a presidente de la Nación están por arriba suyo, inclusive en Córdoba. Con Reutemann hoy De la Sota, en su nueva situación, aceptaría ir de vicepresidente y cree que ambos pueden enfrentar a cualquier fórmula de Carlos Menem con posibilidades de alzarse con las candidatura del justicialismo en noviembre próximo. Además, de lograrlo, le evitaría el riesgo de intentar la reelección como gobernador en su propia provincia donde querría apoyar desde el partido a su actual ministro de Producción y Finanzas, Juan Schiaretti.

¿Córdoba se adelanta a la elección presidencial de marzo con la propia a gobernador achicando el período del propio De la Sota? ¿O la hace simultánea con la nacional o la hace posterior, en junio, que podría transformarse en una revancha o un fuerte apoyo según le haya ido al justicialismo en marzo en el orden nacional?

• Hasta anoche se creía que lo que decidirá a De la Sota es ir viendo cómo se perfila la interna justicialista de noviembre a partir de una base: él hoy prefiere más intentar algo en el orden nacional que afrontar una reelección en Córdoba. Por eso se cree que su principal objetivo es y seguirá siendo acicatear a «Lole» Reutemann y, desde ya, no despegarse nunca de él si se decide el santafesino.

• Las empresas piensan que el nuevo calendario les da otra perspectiva: ahorrarán rechazando pedidos de «colaboración» para las campañas previas a las internas y se volcarán generosamente al que surja como candidato casi determinante para la elección de marzo. «Claro que no nos ahorra tanto porque el que no aporte para las internas si pretende sumarse después cuando el presidente de la Nación casi esté definido en noviembre, correrá el riesgo de ser tomado como 'adherente de segunda'. Tendremos igual que hacer cálculos sobre quién puede ganar, brindar alguna ayuda para las internas y siempre poner algo en algún rival sorpresa», decía ayer pícaro el directivo de una importante multinacional.


• En lo demás las empresas tienen pocas dudas sobre lo que les conviene: López Murphy, Menem o Reutemann coinciden casi unánimemente pensando en sus elevadas inversiones en la Argentina.

• La sociedad argentina, como toda sociedad en crisis, se ha vuelto menos previsible. Por eso, no debería descartarse que haya una reacción deliberada de repudio con alto porcentaje de votos impugnados o en blanco, además de abstención, ya que no es obligatorio votar en «internas» (ayer el gobernador Néstor Kirchner pidió que se imponga la obligatoriedad). El nuevo método puede, además, canalizar la «bronca» de parte de la sociedad que se manifestará por la positiva o por la negativa. Ejemplo: quienes odian a Menem irán a votar a Carrió porque la ven más adecuada a su forma de pensar. Pero también pueden preferir ir a votar a la interna peronista (sólo se puede votar una vez) a un Kirchner, menos atractivo pero más eficiente para perjudicar a Menem. También este juego introduce distorsiones.

• Hay un argumento según el cual los aparatos partidarios tendrán baja participación si lo que se vota el 24 de noviembre es sólo la fórmula presidencial. Pero eso es muy relativo: un intendente o un concejal que se precie, aunque no se juegue su cargo, no puede correr el riesgo de que la oposición ese día mueva más gente que el oficialismo en su distrito. Por lo tanto, estará comprometido con la elección aunque no se disputen cargos locales de menor jerarquía. Esto fortalece el peso de los aparatos.


• ¿Unificarán los gobernadores sus comicios con las elecciones presidenciales, internas o generales? Todavía no está definido y sólo se sabrá lo que hará cada uno cuando esté más claro el candidato presidencial partidario. Si es potente, todo el mundo querrá atar su carro al del ganador. Pero si es un candidato dudoso -o que no da bien en las encuestas del propio distrito-, los jefes provinciales preferirán una elección local, como sucedió cuando el candidato peronista fue Eduardo Duhalde, en 1999. Hay casos particulares, prácticamente decididos. A hombres que se están «midiendo» como candidatos presidenciales (el salteño Romero, Kirchner, el propio Puerta en Misiones, Rozas o Iglesias en Mendoza) les convendrá tentar suerte en la elección presidencial y dejar abierta la incógnita de la provincia para más adelante, de tal manera que si va mal en la primera queda la chance de la segunda. Claro, podría beneficiarlos o arrasarlos en el orden local el resultado de su partido en el orden nacional.

En torno de las figuras «estelares», el peso específico de los «aparatos» aumentará. Si el socialismo ya era gravitante en torno de la Carrió o el aparato sindical de izquierda lo era junto a Zamora, ahora esa relevancia se hará más fuerte: los candidatos se volverán más dependientes de los «sellos» que se cotizarán más para proveerle una estructura nacional para llevar gente a votar. En las comparaciones también habrá distorsiones: el PC, con sus afiliados, puede mostrar en las urnas un peso proporcional superior al que posee en la opinión pública, debido solamente a su capacidad para mover afiliados para participar en la interna.

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