¿Privilegio? Sra. de Kirchner maneja sesiones del Senado
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La esposa del Presidente, Cristina Fernández, mostró en la madrugada de ayer un manejo de las sesiones del Senado que va más allá de sus atribuciones formales. Tomó la palabra sin permiso, desoyendo indicaciones de la Presidencia.
Cristina Fernández de Kirchner: Pido la palabra.
D.S.: Tiene la palabra la señora senadora.
C.F. de K.: Señor presidente, obra en Secretaría Parlamentaria un proyecto de resolución que voy a leer.
D.S.: Se le dará lectura por secretaría.
C.F. de K.: Lo voy a leer yo y, en todo caso, si es exactamente igual al que tiene el señor secretario, lo damos por leído. El señor secretario ha leído toda la noche y debe estar cansado. (Risas).
El papel de Cristina de Kirchner trae la evocación de Raúl Alfonsín, quien desempeñó el mismo rol en la Convención Constituyente del '94. Cada vez que un radical pedía el uso de la palabra, Eduardo Menem -a cargo de la presidencia- miraba al caudillo radical con quien se había pactado la reforma en busca de aprobación o rechazo antes de habilitar micrófono. Alfonsín, con discreción comiteril, movía la cabeza en sentido vertical u horizontal, según diera o no el visto bueno y el fraternal riojano obraba en consecuencia.
La sesión que sirvió para largar la etapa de sentencia a Moliné comenzó pasadas las 15 del miércoles con una interminable ristra de reproches a Falú. Senadores del PJ -Menem y el correntino Angel Pardo-, el bloque UCR en su totalidad y los provinciales del Interbloque Federal recordaron que el titular de Juicio Político de la Cámara baja se había extralimitado al afirmar que la cita prevista para la semana anterior había fracasado por supuestos « pactos espurios».
A continuación, la polémica se empantanó por el pedido de excusación del radical Raúl Baglini y, obviamente, por la recusación que hizo la defensa de Cristina de Kirchner. Casi 5 horas llevó rechazar estos planteos y cumplir los deseos del oficialismo, aun pagando el precio de darle argumentos de sobra a la defensa.
Falú, que ingresó antes de comenzar la lectura de las acusaciones, se quedó prácticamente en soledad en el recinto, excepto por sus compañeros peronistas que le hicieron compañía algunos minutos. Los radicales y provinciales optaron por retirarse de sus bancas. No porque fuese hora apropiada para la cena, sino porque querían manifestarle así al diputado de Tucumán desagrado por la sospecha que disparó sobre los senadores que reclamaban el derecho a defensa y un justo proceso para Moliné.
• Relatores
Juan Estrada y Juan José Canals, secretario y prosecretario parlamentarios, oficiaron de relatores de los cargos por mal desempeño, aprobados por Diputados. Ya de madrugada, el hemiciclo se volvió a vaciar y dio pie a un incidente que fue sobredimensionado (ver nota aparte) por la misma Kirchner y Pichetto, que quisieron descubrir una maniobra destinada a anular el procedimiento, con la aparición de un supuesto senador trucho.
Cerca de las 3.45, cuando tomó la palabra la patagónica y se votó el traslado de la acusación a la defensa (dispondrán de 15 días hábiles para replicar), sólo había 41 presentes, de los cuales apenas 24 eran peronistas, lejos de los 37 imprescindibles para sesionar. A esa hora, quedaba claro que el PJ no había podido disciplinar a su tropa de 40 y sólo había podido avanzar en el enjuiciamiento gracias al aporte de la UCR y de los provinciales, entre ellos, Ricardo Gómez Diez, Pedro Salvatori y Pablo Walter que se quedaron hasta el final.




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