5 de septiembre 2003 - 00:00

¿Privilegio? Sra. de Kirchner maneja sesiones del Senado

La esposa del Presidente, Cristina Fernández, mostró en la madrugada de ayer un manejo de las sesiones del Senado que va más allá de sus atribuciones formales. Tomó la palabra sin permiso, desoyendo indicaciones de la Presidencia.
La esposa del Presidente, Cristina Fernández, mostró en la madrugada de ayer un manejo de las sesiones del Senado que va más allá de sus atribuciones formales. Tomó la palabra sin permiso, desoyendo indicaciones de la Presidencia.
Daniel Scioli: Señoras y señores senadores: oída la acusación y de acuerdo a lo dispuesto por el artículo 3° del Reglamento...

Cristina Fernández de Kirchner:
Pido la palabra.

D.S.:
Tiene la palabra la señora senadora.

C.F. de K.:
Señor presidente, obra en Secretaría Parlamentaria un proyecto de resolución que voy a leer.

D.S.:
Se le dará lectura por secretaría.

C.F. de K.:
Lo voy a leer yo y, en todo caso, si es exactamente igual al que tiene el señor secretario, lo damos por leído. El señor secretario ha leído toda la noche y debe estar cansado. (Risas).

• Testimonio

Este episodio, pasadas las 3.30 de la madrugada de ayer es el testimonio de cómo la legisladora maneja las sesiones clave del Senado. El primer episodio notorio se produjo cuando ella se reservó el discurso de cierre del debate sobre nulidad de la Obediencia Debida y el Punto Final cuando lo habitual es que sea el jefe del bloque del oficialismo quien hable en esas circunstancias. Los palcos -repletos de delegados de organismos de los derechos humanos- justificaron el protagonismo de la señora de Kirchner.

En la víspera, quedaba sellada la suerte de Eduardo Moliné O'Connor y ella, que eludió la recusación, no quería perderse la ocasión de abrirle al ministro de la Corte la puerta al cadalso. Por eso, quiso leer el proyecto de resolución que se aprobó por unanimidad y que coronaba la lectura de los cargos contra Moliné -seguido de los alegatos de los fiscales de Diputados, Ricardo Falú, Carlos Iparraguirre y Nilda Garré-, que llevó casi seis horas.

Desde que asumió su esposo la primera magistratura, la abogada platense sólo asiste a los plenarios relevantes, porque suele asesorar al Presidente en forma casi permanente. Eso no le impide bajar línea de manera discreta a Miguel Angel Pichetto y al resto de la bancada, sin necesidad de participar de las deliberaciones de bloque, y de las cuales no participó desde que volvió a la Cámara alta en diciembre de 2001, salvo contadas excepciones.

• Recuerdos

El papel de Cristina de Kirchner trae la evocación de Raúl Alfonsín, quien desempeñó el mismo rol en la Convención Constituyente del '94. Cada vez que un radical pedía el uso de la palabra, Eduardo Menem -a cargo de la presidencia- miraba al caudillo radical con quien se había pactado la reforma en busca de aprobación o rechazo antes de habilitar micrófono. Alfonsín, con discreción comiteril, movía la cabeza en sentido vertical u horizontal, según diera o no el visto bueno y el fraternal riojano obraba en consecuencia.

La sesión que sirvió para largar la etapa de sentencia a Moliné comenzó pasadas las 15 del miércoles con una interminable ristra de reproches a
Falú. Senadores del PJ -Menem y el correntino Angel Pardo-, el bloque UCR en su totalidad y los provinciales del Interbloque Federal recordaron que el titular de Juicio Político de la Cámara baja se había extralimitado al afirmar que la cita prevista para la semana anterior había fracasado por supuestos « pactos espurios».

A continuación, la polémica se empantanó por el pedido de excusación del radical
Raúl Baglini y, obviamente, por la recusación que hizo la defensa de Cristina de Kirchner. Casi 5 horas llevó rechazar estos planteos y cumplir los deseos del oficialismo, aun pagando el precio de darle argumentos de sobra a la defensa.

Falú,
que ingresó antes de comenzar la lectura de las acusaciones, se quedó prácticamente en soledad en el recinto, excepto por sus compañeros peronistas que le hicieron compañía algunos minutos. Los radicales y provinciales optaron por retirarse de sus bancas. No porque fuese hora apropiada para la cena, sino porque querían manifestarle así al diputado de Tucumán desagrado por la sospecha que disparó sobre los senadores que reclamaban el derecho a defensa y un justo proceso para Moliné.

• Relatores

Juan Estrada y Juan José Canals, secretario y prosecretario parlamentarios, oficiaron de relatores de los cargos por mal desempeño, aprobados por Diputados. Ya de madrugada, el hemiciclo se volvió a vaciar y dio pie a un incidente que fue sobredimensionado (ver nota aparte) por la misma Kirchner y Pichetto, que quisieron descubrir una maniobra destinada a anular el procedimiento, con la aparición de un supuesto senador trucho.

Cerca de las 3.45, cuando tomó la palabra la patagónica y se votó el traslado de la acusación a la defensa (dispondrán de 15 días hábiles para replicar),
sólo había 41 presentes, de los cuales apenas 24 eran peronistas, lejos de los 37 imprescindibles para sesionar. A esa hora, quedaba claro que el PJ no había podido disciplinar a su tropa de 40 y sólo había podido avanzar en el enjuiciamiento gracias al aporte de la UCR y de los provinciales, entre ellos, Ricardo Gómez Diez, Pedro Salvatori y Pablo Walter que se quedaron hasta el final.

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