28 de noviembre 2001 - 00:00

Provoca ya 900 muertos el motín de presos de Al-Qaeda

En lo que constituye ya el episodio más grave de la guerra en Afganistán, varias decenas de prisioneros de Al-Qaeda, alojados en un fuerte próximo a la ciudad de Mazzar-i-Sharif, seguían anoche protagonizando un feroz combate con tropas de la Alianza del Norte, EE.UU. y Gran Bretaña. Los amotinados prefieren inmolarse antes que permanecer en cautiverio y amenazan con volar todo el penal. Según se ha informado, unos 900 fundamentalistas murieron en los choques; entre ellos, cientos de paquistaníes, árabes, chechenos, chinos y filipinos.

Marines estadounidenses antes de ser trasladados a suelo afgano
Marines estadounidenses antes de ser trasladados a suelo afgano
Mazzar-i-Sharif (ANSA, EFE, DPA) - La furiosa resistencia de los miembros de Al-Qaeda y los talibanes en el penal de Qalai Jangui, cerca de Mazzar-i-Sharif, en donde se habían sublevado el domingo, continuaba anoche cuando ya habían muerto casi todos los amotinados, cuyo número llegaría a 900 personas.

Un último núcleo de 30 a 40 combatientes de Osama bin Laden resiste en un ala del edificio efectuando disparos y amenaza con inmolarse y volar toda la fortaleza, según informó el general Tommy Franks, comandante estadounidense en la región.

• Extranjeros

Miembros de las fuerzas de elite británicas y estadounidenses participan del asalto final del penal. Entre los extranjeros fallecidos hay 300 paquistaníes y un número indeterminado de chechenos, chinos, sudaneses, egipcios, yemenitas, sauditas, filipinos y argelinos, según diversas fuentes, en la mayor masacre desde que empezó la guerra.

Desde hace tres días son atacados por los milicianos de la Alianza del Norte y la aviación estadounidense, que volvió a bombardear las inmediaciones de Mazzar-i-Sharif, la primera ciudad importante de la que huyeron los talibanes.

Además de la muerte de más de entre 600 a 900 presos (la cifra varía según diversas fuentes), también fallecieron 40 guardiacárceles y un espía de la CIA estadounidense (lo que no fue confirmado por el Pentágono, pero sí por un periodista estadounidense y otro inglés). Otros cinco norteamericanos fueron heridos, así como un número similar de efectivos británicos.

Los prisioneros dijeron que están cargados con granadas entre sus ropas y que están dispuestos a suicidarse si el fuerte es conquistado por la oposición, según el portavoz de la Alianza del Norte en Mazzar-i-Sharif, Abdul Wahid.

• Bombardeo

Para hacer caer definitivamente la resistencia de los hombres de Bin Laden y los talibanes, durante toda la noche cazabombarderos continuaron lanzando bombas contra el fuerte. Los milicianos extranjeros habían sido convocados para la Yihad (guerra santa) el 7 de octubre pasado, cuando Washington comenzó los bombardeos contra Afganistán, en represalia por los atentados del 11 de setiembre.

Mientras tanto, en la capital estadounidense, el secretario de Defensa estadounidense,
Donald Rumsfeld, afirmó: «Comenzamos a ver resultados del duro trabajo que hicimos, pero la situación sobre el terreno sigue siendo muy peligrosa».

Fuentes del Pentágono informaron que los marines estadounidenses que ocuparon una franja cerca de Kandahar no ingresarán todavía en el último bastión talibán, donde vive el líder del régimen religioso, el mullah
Mohammed Omar. Durante la noche sostuvieron un combate desde helicópteros contra una caravana de 15 vehículos que se dirigía a reconquistar un aeródromo que había sido capturado por los EE.UU.

Los soldados de elite estadounidenses son 600 en el terreno, pero muy pronto serán 1.000, ya que se espera que lleguen al lugar comandos desplegados en naves en el mar Arábigo. En tanto, la revista «Newsweek» señaló que aviones de los EE.UU. bombardearon el domingo pasado posiciones de la Alianza del Norte luego de que tomaran la ciudad de Kunduz. El error causó la muerte de 20 milicianos, según el comandante
Ahmer Latif Ibrahimi.

En Washington, el fiscal general estadounidense
John Ashcroft informó «que miembros de Al-Qaeda están bajo custodia» en territorio estadounidense. «Cierto número de personas arrestadas son presuntos terroristas gracias a una campaña de detenciones», indicó Ashcroft.

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