El frente que reúne al sector de centroizquierda argentino, por ahora encabezado por Elisa Carrió, ha comenzado a inquietarse con una posibilidad: la deserción de la candidata a la primera magistratura. Hay problemas internos en la agrupación, especialmente con los socialistas, quienes no aceptan determinadas incorporaciones o acercamientos y, además, exigen que un hombre de su partido integre la fórmula. Hoy, el socialismo reunificado y, por lo tanto, más fuerte se ha convertido en una complicación para ciertas discusiones. La propia Carrió, para evitar depender en demasía de ese partido, ya imaginó otra sigla paralela para lograr personería propia y, de paso, cobijar bajo su propio manto a los recién llegados de otras filiaciones. No vaya a ser que uno prepare la cena y se la coman otros. Así, en Chaco, ya inscribió el PARI en simultáneo con el ARI, que es patrimonio de los socialistas. Como es de imaginar, con estas desinteligencias a medias resueltas, abunda ya un anecdotario cargado de reacciones no demasiado cordiales entre las partes.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Este arduo litigio interno no es lo único que desalienta la Carrió. Otro problema que se agregó para disminuir los apetitos presidenciales de la diputada parte de la configuración de las internas ya que, a pesar de conseguir la dispensa de Eduardo Duhalde para que no se registren en su partido, todavía le resulta un albur en el sentido de que la no participación supondría un vacío que más bien revela debilidad y no fortaleza. Otro inconveniente es el desdoblamiento electoral, hecho que evalúan como negativo: sin la participación de candidatos propios en los distritos, tal vez no sea sencillo que en las provincias -donde tanto le cuesta armar un aparato-no resultará sencillo convocar a los votantes.
Aunque no es mujer de dejarse arredrar, la Carrió ha expresado dudas sobre su candidatura (inclusive, recordar que hasta amenazó con no presentarse «si no se van todos») y, en consecuencia, los que ya se han embarcado en el proyecto temen marginarse de la competencia. A nadie que se ha visto con la banda le agrada, antes de la competencia, saber que sus posibilidades se han reducido. Conjeturalmente, entonces, previendo un abandono antes de la largada, han empezado a imaginar otro candidato muletto quienes le dan aire todos los días al globo del ARI o del PARI. Y en la lista, con ventaja y explicación, surge un nombre nítido: Víctor De Gennaro, el dirigente sindical que desde hace varios años controla a los trabajadores del Estado (ATE).
De Gennaro, más allá de sus posibles cualidades, reúne condiciones infrecuentes para la ocasión: domina un aparato sindical y partidario distribuido en todo el país, con cuadros a los que viene formando desde hace años, sometidos a una férrea conducción, relaciones y apoyos internacionales, y una condición que se enmarca en la moda de la región: gremialista venido a político al mejor estilo brasileño. Una réplica del entonado Lula, ese paulista que encabeza las encuestas para alcanzar la presidencia de su país. Las semejanzas entre ambos no son sólo propias de la actividad: comulgan ideas parecidas, se nutren en las mismas fuentes, responden a un proyecto de la izquierda que sueña por una misma vía alcanzar el poder en dos naciones al mismo tiempo. Siempre, claro, que haya votantes suficientes y que el ariete Carrió deje de perforar porque se le acabó la pila.
Dejá tu comentario