En apariencia, la reunión en la Casa de Santa Cruz en la Capital Federal sirvió para establecer un mapa de actos, volver a usar la palabra «renovación» como si la necesitaran en forma expiatoria -cobrando, además, derechos de autor por algo que otros inventaron-y, sobre todo, para que el candidato Néstor Kirchner se diera un baño de «duhaldismo bonaerense». Pero, el lanzamiento, además permitió descubrir omisiones, integraciones, importantes tal vez para cubrir un cargo que falta, poco respetado en general por la política debido a su inservibilidad aunque siempre codiciado: la vicepresidencia de la Nación.
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Hasta ahora, la lista de duhaldistas potables para asociarse en la fórmula con Kirchner era extensa, con no menos de media docena de aspirantes o nominados (sin conocerse, claro, si el Presidente tiene a otro in péctore; pero, de acuerdo con su tradición, casi todo lo de él es previsible). La nómina entonces estaba compuesta por Roberto Lavagna, Alfredo Atanasof, Ginés González García, Daniel Scioli, Aníbal Fernández y Juan José Alvarez (por no mencionar intendentes, caso Alberto Balestrini y Julio Alak que fueron postergados con rapidez por falta de estatura).
En el encuentro de ayer, teñido por «el proyecto» y «la renovación» -emblemas que utilizará Kirchner-, hubo miembros del gobierno que no participaron y otros cuya presencia resultó ostensible. Como falta demasiado poco para la definición -tal vez una semana-, las ausencias como las presencias resultan significativas. Por lo tanto, si uno habla de prescindencias, es evidente que Alvarez, a cargo de Seguridad y Justicia, se ha diluido dentro de ese grupo. Algo semejante ocurre con el jefe de Gabinete, Atanasof, a quien sería casi gracioso integrarlo en «la renovación» (hasta el propio Duhalde lo reconoce por más que, si fuera por él, le asignaría un destino superior por los servicios que le ha prestado). Tampoco estuvo el ministro de Salud, González García, transitoriamente en Europa pero al parecer no invitado al plato fuerte ni a los postres. Aunque, con seguridad, dará pelea: finalmente viene del cafierismo y ese sector nunca se quedó al margen de las miguitas.
Si este método de postergación de nombres o conflictos, tan común en las negociaciones internacionales, se aplicara a la política, el apartamiento iluminaría a otros candidatos. Y allí, desde la víspera, la hilera se reduce a tres según la visión presidencial por estricto orden de prelación: Scioli, Lavagna y Fernández. Cada uno tiene su historia, su proyección y, obviamente, sus intereses.
• Scioli se ha ganado el corazón de la pareja presidencial, no necesita avisar para que lo reciban en Olivos y sólo Chiche demandaría por defensa gremial femenina -aunque no obsesivamente como lo hacía en otros tiempos, que el secretario de Turismo consagre civilmente su relación con Karina Rabollini-y, sobre todo, por el favor popular en las encuestas. No es un dato menor para el matrimonio oficial. Reúne más condiciones para el currículum peronista: la gente no lo considera antimenemista como a Kirchner y no proviene del distrito bonaerense, del aparato. También esto puede ser interpretado, ante una derrota, con un «no perdimos con uno de los nuestros». Otra objeción: si lo ubican en la fórmula, se vacía la postulación porteña, pero este tema en todo caso podría resolverse más adelante. Debe recordarse, además, que Scioli a través de Rafael Bielsa -referente porteño de Kirchner-mantiene óptima relación con el santacruceño.
• Lavagna: de lejos reúne, para el duhaldismo, las mejores condiciones. Tanto que más de uno, caso Carlos Ruckauf, lo imaginó para la primera magistratura. Pero no se entiende el beneficio de tener un economista como vice y, mucho menos, ese puesto no lo entusiasma al ministro. Se considera apto para otro tipo de menesteres propios -seguir en el cargo, monitorear a quien lo suceda si es de la fracción duhaldista-, no para tocar la campanilla en el Senado. Otro factor a su favor es la consideración en las encuestas, mucho mejor tratado que el propio Duhalde, de quien se lo distingue significativamente.
• Fernández: aplicado y mediático, dispone a su favor de su pertenencia bonaerense (al margen de su disciplina con Duhalde). Ni él debe haber imaginado esa alternativa y está contento porque su eventual postulación no produjo rechazos. Buena relación con Kirchner -ayer tuvieron un aparte a solas-, pero sin la figuración en las encuestas de sus otros dos competidores. Sería el tapado de la historia porque el DT lo tiene en el banco.
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